Ares amaneció con Agnes entre sus brazos. Se sentía feliz: en poco tiempo había logrado todo lo que siempre había soñado. Tenía un hogar, una esposa y un hijo en camino. Si alguien le hubiese dicho que su encuentro con su ex cuñada lo llevaría hasta este punto, jamás lo habría creído. Pero allí estaba, atado de por vida, a la mujer que nunca imaginó. Se movió con cuidado para no despertarla y se levantó. Entró a la ducha, luego se colocó el uniforme y le dejó una nota para que descansara. Quería que se tomara unos días; sabía que el reencuentro con su familia había sido demasiado fuerte y, teniendo en cuenta que el embarazo apenas comenzaba, lo mejor era que Agnes se mantuviera alejada de tanta polémica. Además, ese día sus rostros estarían por todos los medios. Serían la sensación del mo

