La última operación de Ares terminó justo al amanecer y, sin pensarlo dos veces, se dirigió a casa. Estaba agotado; solo quería darse una ducha y dormir unas horas. Al llegar, su esposa lo recibió con cariño, lo ayudó a quitarse la ropa y lo guio hasta el baño. Ares dejó que su esposa lo atendiera. Por primera vez en su vida, se sintió importante para alguien. La forma en que Agnes demostraba su amor lo llenaba, aunque no pudo evitar sentirse culpable al ver su rostro. Pensó que no la merecía; no después de lo que había pasado con Alicia. Aun así, se tragó sus sentimientos y se dejó guiar hasta la cama, donde cayó rendido, rodeado por los brazos de su mujer. Agnes sabía que su esposo venía agotado, por eso no dudó en acostarse a su lado. Le había costado dormir sola durante esas noches.

