Y así empieza la odisea de la búsqueda de su amada esposa, sin acordarse bien de su rostro, de su amor, pero con la curiosidad de conocerla porque le gusto cuando la vio en el retrato y es su esposa, suya y eso le gusto mucho a Alexander. El rastreador se les unió en la salida de la ciudad, ya estaba prevenido de la amnesia de su rey. Llegaron donde vieron entrar en ese camino a la reina y la mujer rubia, se adentraron caminando, el rastreador seguía los rastros encontraron una cabaña pequeña, tocaron a la puerta, les abrió un hombre anciano —Buenas noches, disculpe, ¿ha visto a esta mujer? —dijo el rastreador enseñando el retrato de Martha —Soy su hermano y Él es su esposo, ella desapareció hace dos días El anciano miró a los tres hombres y observó detenidamente al más grande y se dio

