✤ ┅ En la actualidad ┅ ✤
Beatriz miró al frente, y su corazón dio un vuelco al ver al nuevo profesor.
-Mi profesor Yhám ha vuelto-pensó con una mezcla de sorpresa y emoción.
-Beatriz, ¿ese no era tu antiguo instructor personal? -preguntó Lorena, mirando hacia el frente, claramente sorprendida.
-Sí, es él... el profesor Yhám -respondió Beatriz, con una expresión en su rostro que combinaba nostalgia y algo de incertidumbre.
-¡Oh Dios! Ese hombre está buenísimo... tan hermoso, tan elegante... ¡Es un sueño! -exclamó Lorena, sin poder disimular su entusiasmo.
Beatriz se sonrojó y susurró, algo avergonzada:
-Lorena, no seas tan indiscreta. ¡Te puede oír!
-No seas aguafiestas, Beatriz, ¡es en serio! -respondió Lorena, haciendo un gesto con las manos. -Deberías disfrutarlo, ¡es todo un galán!
-Lorena, por favor, habla más bajo.-Beatriz intentó callarla, pero no podía evitar sentirse incómoda por el tono de su amiga.
En ese momento, el profesor Yhám les dirigió la mirada.
-¿Señoritas, tienen algo que compartir sobre lo que acabo de mencionar? -preguntó, su voz grave y autoritaria llenando el aula.
Las dos se quedaron en silencio, mientras todos los estudiantes las observaban. Beatriz sintió el calor subir a su rostro.
-Profesor, disculpe nuestra irreverencia... -murmuró Beatriz, con una mezcla de vergüenza y nervios.
-No hay problema, señoritas. Sigamos. -Yhám continuó sin cambiar su tono serio, pero sin parecer molesto.
Beatriz pensó por un momento, mirando al profesor, y sintió una punzada de duda. Tal vez ya no me recuerde. O quizás me ha olvidado con el tiempo...
-Profesor, ¿usted no se acuerda de mí? -pensó Beatriz, sin atreverse a decirlo en voz alta, mientras una tristeza silenciosa se apoderaba de ella.
La clase transcurrió en silencio, mientras Beatriz escuchaba absorta la suave voz de Yhám. Cada palabra que decía parecía atraer la atención de todos los estudiantes, especialmente cuando leía fragmentos de textos. La clase no solo era informativa, sino que parecía una especie de viaje en sí misma.
Cuando finalmente terminó la clase, Beatriz se acercaba a Lorena cuando, de repente, escuchó una voz que la hizo detenerse en seco.
-Señorita, la espero en mi despacho. -la voz de Yhám sonó clara y profunda, casi como una orden, pero también llena de una calidez inexplicable.
Las muchachas de su grupo la miraron con los ojos abiertos de par en par.
-¡Tenía que haberme portado mal también! -exclamó una de ellas.
-¡Y yo! -rió otra.
Beatriz sonrió nerviosa, pero sentía el corazón latiendo fuerte en su pecho. Buscó las indicaciones para llegar al despacho de Yhám.
-Es a la derecha, al final del pasillo, estudiante. -un profesor le indicó con calma, sin inmutarse.
-Gracias, profesor -respondió Beatriz, aún algo atónita.
Al caminar por el pasillo, su mente iba a mil por hora, preguntándose qué podía significar esa invitación. El corazón le latía con fuerza, y cada paso hacia la puerta del despacho parecía más pesado que el anterior.
Toca la puerta...
Pensó, antes de finalmente golpear suavemente.
-Un momento. -la voz del profesor la alcanzó al instante, y la puerta se abrió poco después.
-Adelante. -Yhám la invitó a entrar sin hacer más preguntas.
Beatriz se adentró en la pequeña oficina, su respiración algo agitada. Cerró los ojos por un instante, al sentir la presión en su pecho.
-¿Realmente no me recuerda? -dijo para si misma.
De repente, unas manos cálidas la abrazaron por la espalda, interrumpiendo sus pensamientos, era un abrazo de tiempo, ya que Yhám antes de irse por diez años le dio uno y ahora al rencontrarse una década después.
-Mi pequeña niña... -la voz de Yhám la envolvió, llena de cariño.
Beatriz se tensó por un segundo, y luego una sensación extraña la invadió. Se giró lentamente y lo miró a los ojos. Yhám la observó fijamente, con una sonrisa suave y cálida.
-Profesor, ¿usted me recuerda? -preguntó Beatriz, con la voz entrecortada, su corazón acelerado por completo.
- ¿Cómo podría olvidar a una de mis mejores alumnas? -respondió Yhám, abrazándola con más fuerza. -No importa cuánto tiempo pase. Siempre recordaré a mis estudiantes más especiales.
Beatriz se sintió un poco más aliviada, aunque aún confundida.
- ¿Por qué me siento tan nerviosa? ¿Qué me está pasando? -se preguntaba así misma.
-Profesor, ¿por qué me trató así de esa manera? -Beatriz levantó la mirada, sus ojos llenos de preguntas.
Yhám sonrió y acarició su cabello con ternura.
-Porque, mi pequeña niña, siempre serás alguien muy importante para mí. Pero como profesor, debo ser firme. Es parte de mi trabajo. No puedo mostrar favoritismos. -su tono se suavizó al final.
Hace una pausa.
-¿Cuántos años tienes ahora mi pequeña niña? -preguntó, interesado.
-Tengo 20 años. Así que ya no me puede seguir tratando como una niña. -Beatriz se cruzó de brazos, haciendo un pequeño puchero.
Yhám soltó una risa suave.
-Está bien, Beatriz. Pero para mí, siempre serás esa pequeña niña.
Miró su reloj.
-Es mejor que regreses al aula, tienes otra clase dentro de 15 minutos. No quiero que llegues tarde. Nos vemos más tarde, en mi casa, ¿de acuerdo? -dijo con voz suave pero decidida.
Beatriz asintió, sintiendo que la ansiedad se disipaba un poco.
-Sí, profesor Yhám, estaré allí.
-¿Recuerdas dónde vivo? -preguntó él, sonriendo.
-Sí, ¿cómo olvidarlo? -respondió Beatriz, sonriendo también, recordando aquellos días de la infancia.
-Entonces, mi pequeña niña, ve. Nos vemos más tarde. -Yhám le dio un beso en la frente, con ternura.
-Nos vemos, profesor.
Beatriz regresó al aula, y apenas entró, Lorena comenzó a bombardearla con preguntas.
-Beatriz, ¿qué te dijo?
-Me regañó, por la conversación que tuviste.
-¿En serio? ¿Y no te reconoció?
-Sí, pero... eso no cambia que nos comportamos mal.
-¡Qué hombre tan exigente, pero eso es parte de su encanto!
-Lorenaaaa...
-¿Qué, Beatriz? No se puede negar que el profesor está buenísimo.
En ese momento, un nuevo profesor entró en el aula.
-Buenos días, estudiantes. Soy Cristian, profesor de Leyendas y Folclor, y seré quien les imparta esta materia durante este semestre.