-¿Por qué Dylan?- pregunto ella mirándola extrañada de la advertencia tan radical, de alguien que hace lo que le da la gana
-es día de depuración y eliminación de prisioneros, la semana de castigos para centinelas- respondió ella, esa era la semana que menos le gustaba, como era una alpha tenía por ley cazar a los humanos e infrahumanos que se escapaban y matarlos a sangre fría
-en otras palabras Ana, ese mañana ninguna agencia del mundo trabaja, ni ofrece ningún servicio, ni servicios de emergencia del estado, policía, bomberos, hospitales, nada de eso; todos se quedan en sus casas por 24 horas, por su seguridad: ya que salen muchos prisioneros desquiciados y rouges renegados, además de que habrá muchos cadáveres en las calles- explico Rina detenidamente, ella también tenía que matar prisioneros y quitarles sus pertenecías, no era fanática de la sangre, ni del sistema
-he estado tan ciega, todos estos años, ¡Eso es horrible!- exclamo Ana, eso explica por Drake siempre estaba con ella y no la dejaba mirar el paisaje, ni ver televisión
-no es tu culpa, seguro Drake te mantuvo así para protegerte- dijo Dylan argumentando por primera vez por un vampiro
Ana la miro y quizás tenía razón, porque él era algo sobreprotector con ella; llegaron a la estación del metro, no dijeron ni una sola palabra durante el recorrido, Dylan estaba pensativa hasta que se acordó que había una tienda de celulares cerca de la su parada, ya había destrozado 15 Smartphone en tres meses.
-¡Hey! Dylan recuerda que hay que comprar nuevos celulares- le recordó Rina, pensando cuanto había gastado en este mes
-ya va,… para lo que van a durar- dijo ella corriendo los ojos, pensando comprarse un teléfono normal, pero tenía que ser Smartphone para conectase a su sistema
-¡a mí me duran un mes, eres tú la más tardas en comprarlos, que en destruirlos!- exclamo Rina al ver su actitud tan indiferente al estar incomunicada, para ella era vital
-ya, ya… reina del drama, vamos por tu adición- dijo Dylan bajando del tren, después exclamo -¡ve por el!- señalando la tienda; Rina salió corriendo, ella dijo –Ana tú también ¿Quieres algo?-
-no, gracias, solo quiero un poco de agua- contesto ella, sin muchas ganas de hablar al analizar con qué facilidad hablaban de matar e infringir las reglas, como vivían sus vidas completamente inestables, como si fuera algo normal.
-como quieras- dijo Dylan yendo hacia una minimarket compro una botella de agua y otra de Miller para ella, sabía que tenía un leve alcoholismo que algún día lo resolvería o quizás no, era realista
-Dylan aquí esta y también te compre el tuyo- dijo Rina dándole un iPhone 6 en n***o a ella con un cover en violeta
-¿Por qué en violeta?, si sabes que mi color favorito es el azul- comento Dylan en medio de risas
-deberíamos dejar a Ana en su casa, falta poco para la depuración- dijo Rina cambiando rápidamente de tema
-chicas, ¿Por qué la agencia hace esto?- pregunto Ana aun consternada con lo que ocurría en Rusia, lo cual no era mucho, pero en América era diferente y muy constante
-la agencia no asegura la vida de los agentes, ni los trabajadores, administrativos y mucho menos prisioneros, solo se asegura de proteger aquellos, que pagan sus servicios y si son humanos, si alguien con mayor dinero a través de la agencia los manda a matar, no se hará nada al respecto, todos son descartables- respondió Dylan en forma explicativa y extremadamente fría
-lo que Dylan, trato de decir es que la agencia no siente apego a nada, ni a nadie, todo el mundo es desechable- explico Rina con un poco más de tacto mirando las expresiones de Ana
-¿Ustedes sienten algo cuando lo hacen?- pregunto ella observando la frialdad de sus auras al hablar de la depuración
-al principio sí, pero después de la segunda vez, ya no importa- contesto Dylan sin algún remordimiento aparente, pero por dentro era lo contrario –claro, comprendimos que hay cosas peores- argumento Rina sonriendo
-ok, chicas ya entendí, me dan un momento para llamar Jorlan- dijo Ana al ver que era un carga para ellas en ese momento
-¡no hay problema!- exclamo Dylan comprando un six pack de cerveza y una botella de vodka
-demonios Dylan, ¿Cuánto licor piensas tragar?- dijo Rina quitándole la botella de la mano para tomar ella, aunque no pudo con el six pack
-es cierto, el alcohol no es bueno para la salud y eso va para las dos- regaño Ana mientras esperaba a Jorlan
-la única forma de hacer lo que hacemos es estar lo más ebria posible, Rina no seas hipócrita, que tú también bebes, como sea quédate con la botella yo compro más, además eres una maldita ludópata- respondió Dylan yendo a comprar otra botella
-sí, pero eres una alcohólica empedernida, desde que te conozco siempre estas ebria- grito Rina y era cierto, nadie conocía a la Dylan sobria, esa no existía
-¿Eso es cierto Dylan?- pregunto Ana asombrada de las palabras de Rina, porque si era así ella estaba más rota de lo aparentaba o se dejaba ver.
-sí, para que lo voy a negar - se expresó ella con desdén mientras tomaba las cerveza como agua
- ¡por Dios, ¿Han ido a terapia? ¡O por lo menos han intentado ir! - exclamo Ana al ver que con tanta ligereza lo decían
-Yo sí, aunque no me sirve de mucho, el único vicio que no superare es el de fumar - respondió Rina, no podría criticar mucho a Dylan, tampoco era una santa
-Señora- dijo Jorlan apareciendo justo en frente de ellas, dirigió su mirada a Dylan diciéndole –no has asistido a los entrenamientos-
-¿Con qué maldito tiempo?- respondió ella tomando un cigarrillo de los de Rina, quería entrenar, pero no podía
Ana se despidió de ellas, algo triste porque se estaban destruyendo a sí mismas, a la vez evitar un conflicto entre Dylan y Jorlan, que ya tenía muchos problemas.
-¿Y ahora qué hacemos?- pregunto Rina mientras fumaba y bebía, además veía sus apuestas en el celular
-Es increíble lo que voy a decir, pero esta vez volveremos al trabajo; déjame llamar al oxigenado- respondió Dylan, marco el número de Menw, espero a que sonara y le pregunto -¿Aún siguen allí?-
-Claro, tienes idea de lo difícil que es limpiar esta porquería, vengan rápido, que mañana es día de depuración- contesto él malhumorado, estaba harto de tanta basura
-ok, rey del drama- dijo ella cerrándole el teléfono, -Volvemos al hueco, antes de que le algo al oxigenado-
-Dylan sabes, me pregunto ¿Qué clase de relación tienes con Menw y Luc?- comento ella, porque esa relación era algo de amor-odio, osadía- obediencia, demasiado dual
-una relación de acción y reacción, somos de rangos casi iguales, enemigos instintivos, aliados por elección y de vez en cuando un consuelo, es lo más que te puedo decir, es muy complicado para mi explicarlo- respondió ella muy seriamente mirando hacia el horizonte, tratando de matar con alcohol el veneno que la corroe por dentro
-¡Wau!, realmente es difícil y ¿Qué tal con Keenan?- pregunto Rina estaba curiosa, especialmente por esa relación, porque según sus datos de él le gustan las damas de sociedad muy femeninas y delicadas, de carácter suave y pasivo, muy cultas e instruidas y Dylan es todo lo opuesto, pero si era muy lista y astuta.
-Hoy viniste preguntona, no te voy a decir, solo diré que lo odio y espero que algún día se muera- contesto Dylan y después pregunto -¿Qué hay de ti con el cara de vinagre de Cahal?- con una ceja alzada
-es una relación semi libre- respondió despreocupada, tomando otro cigarrillo y bebiendo un trago de vodka
-¿Cómo así que semi libre? Explícame- pregunto Dylan sumamente extrañada, sabía que las relaciones de ella eran pasajeras
-simple, él hace lo que le da la gana y ni me interesa, por el contrario él si quiere saber, qué hago- contesto ella con desdén entre sorbos de vodka, realmente solo estaba con él para sacarle la mayor plata posible
-Es decir la ley del embudo, porque no me sorprende- comento Dylan riéndose a carcajadas después pregunto – ¿Me acompañas al Wal-Mart?- caminando hacia él
-claro, Dylan. Necesito mis cigarrillos para mañana- contesto Rina caminado detrás de ella, mientras vigilaba sus apuestas
Ella camino directamente al pasillo de licores, tomo una carretilla que había cerca y lleno el canasto de un galón de seco herrerano, otro de vodka, ron abuelo, tequila el capo y un six pack de cerveza Miller draft; una botella de enjuague bucal, después fue y compro tarros de pastillas anti analgésicas, después fue a la farmacia y pidió sus pastillas recetadas - ¿Rina terminaste de comprar tus cosas? - pregunto Dylan
-Sí, solo compre dos cajas de 24 cigarrillos- contesto ella mirando la carretilla de Dylan, que para variar estaba llena de alcohol y pastillas
-yo invito tus cigarrillos- dijo Dylan quitándoselos de la mano y tirándolos en la carretilla mientras empezaba a tomar de lo que compro
Sonó el celular de Dylan, ella lo tomo y era Menw gritando -¡Qué Diablos estas esperando para venir!-
-¡Ya voy, maldita sea!- le contesto ella, cerrándole le teléfono, salió de la tienda junto con Rina, ambas tomaron un auto
-veo que no he perdido, la práctica- comento ella riéndose a carcajadas, mientras arrancaba el auto robado
-no te mueres de hambre- le comento Dylan abriendo la puerta del conductor, arrancado el auto quitando el tubo que donde se pone la llave
-Claro que no, Dylan- contesto ella guiñándole el ojo con picardía en medio de risas, ambas estaban un poco alcoholizadas
Después que ella manejara como una loca hasta por las aceras de Manhattan, llego a Brownsville aún estaban recogiendo todos los escombros, Luc la esperaba en la entrada, con una cara de muy pocos amigos diciéndole –llegas tarde, para variar… Tu mañana no haces depuración, ni castigos Dylan-
-¡¿Qué?!- grito ella asombrada porque de esa no te salva ni la Madre Teresa de Calcuta, ni el papa en persona
-no te ilusiones, iras a un entrenamiento especial, desde ya- le respondió Luc con misma frialdad de siempre
-Ok, era demasiado bueno para ser verdad- comento ella con cierta ironía, sentía una aroma extraño como azufre con almizcle muy oriental, miro al cielo y vio a un demonio, aterrizo a unos escasos metros de ella, él era un puro, cabellos plateados, ojos rojos serpenteados con esclera (parte blanca del ojo) completamente negra con un brillo de color rojo sangre, increíblemente pálido, tenía una cola puntiaguda, alas de murciélago, marcas negras en todo el cuerpo; en si él emanaba una presencia aterradora.
Luego se transformó a algo parecido a un humano conservando el color de su pelo, ojos y piel, pero sin sus rasgos puros diciendo –He venido por la princesa-
Luc sintió algo de celos al verlo, pero ordenes, son ordenes –Dylan te tienes que ir con él-
-y si no quiero, Luc- respondió ella, no confiaba en los demonios aunque ella era m*****o de esa estirpe
-Lady, esto no se trata de usted, no tiene opción alguna- le dijo el demonio acortando la distancia entre ambos
-Dylan, no vayas- le susurro Rina, algo temerosa sabía que los demonios eran implacables, despiadados y que nadie los quería de enemigos
Ella pensó un momento sabía que sus poderes eran patéticos como demoniza, pronto llegaría a la mayoría de edad demoniaca, aborrecía su naturaleza pero no le podía ser indiferente, antes de que diera su respuesta, el demonio se la llevo a través de un portal inter dimensional al sexto infierno.
Allí su cabello se tornó completamente blanco, mostrando sus facciones demoniacas; ese lugar era una mezcla de fascinación, misterio y terror; el cielo era de color rojizo, la luna de color rojo, en si el cielo parecía un incendio, los bosques parecían salidos de una película de terror; hacia una calor sofocante ella miraba a su alrededor, vio que allí no había agua, que los ríos eran de lava.
-¿Por qué me trajiste aquí?- pregunto ella, sin entender nada aun algo perdida en esa dimensión aparte del mundo
-fueron ordenes, princesa- contesto él mirando a esa mestiza, la única de la r**a, la nieta del rey Merite y la hija de su primogénita con según los rumores con un leader
-no me digas así, no me gusta; además ¿Qué eres?- dijo ella con fuerza mirándolo fijamente a los ojos, lo único que quería hacer era irse de ese lugar
-soy un servidor de la corte demoniaca, mi nombre es Synius- respondió él aun cautivado por ella, esos ojos grises, era físicamente parecida a la princesa Helena, pero a la vez no
-Ok, ahora dímelo en español- dijo ella un poco perdido, pensando “Es algo oscuro y aterrador, incluso tiene voz de villano”
Él la miro, le dio un vestuario extraño y dejándola sola en ese lugar, exactamente en un valle rodeado de escapadas montañas; observo la ropa y se la puso, era mucho más fresca que la tenía, con el chaleco hizo una bolsa y se la llevó consigo.
Estudio que la única manera de salir de allí era escalar la montaña, se quitó los zapatos y los guardo en su bolsa improvisada para no dañarlos, camino hacia la base de la montaña y empezó a subirla era escarpada muy difícil de escalar, se resbalaba en las rocas o se desprendían en sus manos, cortándose; tomo un descanso a la mitad del camino; completamente en sangrentada de pies y manos.
La ropa no cubría mucho, parecía más el estilo de Rina, pero por lo menos era apropiada para el caluroso clima, hace parecer estar en medio del desierto Sahara, un paseo por el Central Park en invierno, retomo fuerzas y siguió escalando al llegar a la cima observo hacia abajo, vio lo que parecía una academia.
En el cielo se apareció Synius, diciendo con desdén –es más patética de lo que creí posible, para ser una miserable mestiza-
-púdrete, maldito; miserable tu abuela- contesto ella escupiendo sangre, tomando una pistola y le disparo en un ala
Él se rio a carcajadas en la tierra le haría daño considerable, pero allí era un insignificante raspón, se acercó a ella levantándola y la tiro en el campo de la academia; ella cayo creando un agujero de 50 metros, llamo la atención de los demonios adolescentes, se levantó del suelo y miro a los diantre a su alrededor, se fijó que todos tenían los ojos rojos.
-Bienvenida a tu formación Dylan- le dijo uno que resaltaba sobre los demás, él era atractivo y tenía un aura completamente dominante
Ella tomo sus sais en modo de defensa, mirando a su alrededor, se calmó un momento y se dispuso salir de allí, se apoyó en suelo dando un salto, sujetándose del borde y tomo un impulso para salir, le tomo mucho más esfuerzo del normal, para hacerlo; le pareció extraño sentía que pesaba mucho más que en la tierra o en cualquier lugar que ha estado.
Los demonios la observaban como un bicho raro, mientras se levantaba del suelo, camino hacia ellos y ellos se apartaban, sentía que a cada paso llevaba unas cadenas de mil toneladas de plomo; se sentía comprimida, ninguno de sus sistemas biónicos funcionaba, más bien muertos.
Él mismo que le había dado la bienvenida, le dijo –no estás mal, para ser una imperfecta- con una sonrisa diabólica
-y tú eres imbécil, pero llamarte así sería insultar a todos los imbéciles que conozco- contesto ella altaneramente, mirándolo desafiantemente
Él alzo la ceja, presentándose –Andrea, duque de la corte demoniaca y ahora mismo tu protector- observándola detenidamente
-¿Cómo sabe mi nombre?- pensó ella en voz alta, este mundo era tan extraño, era de Helena ella jamás había venido aquí, si en la tierra estaba perdida aquí está muerta
-aquí toda la corte, sabe quién eres. Ahora piensas quedarte pensando acerca tu miserable vida o me sigues- respondió él, perdiendo la paciencia, no puede creer que le hayan asignado este deber
-¿A dónde vamos?- pregunto ella, bajando la guardia recordándose que ella no podía pelear con un cortesano de la corte y menos en su dimensión
-siempre eres tan preguntona o solamente estúpida- respondió él acercándose a ella, rompiendo la distancia que se impuso
-siempre eres un idiota o te vino la regla - contesto ella, pensando que iba a ser una larga estancia ese hueco
Él se quedó sin palabras, no se iba a poner a pelear con una niña, aunque era una tentación muy fuerte y pasaría todo el tiempo con ella, le dio la espalda y empezó a caminar.
-entonces no me queda claro, si los demonios tienen regla o tu lengua se la comió el gato- dijo ella riéndose un montón, mientras lo seguía haciéndole muecas
-¿Tu puedes reírte o hacer gestos comúnmente?- pregunto él con mucha curiosidad, algo extraño y él tenía quinientos años, creía que lo había visto todo sobre los demonios
-Sí- respondió ella extrañada su pregunta de él, entonces pregunto -¿Por qué no regresamos a la tierra y te enseño lo de las emociones?-