La ambulancia no tardó en llegar puesto que estaban cerca del hospital, Alexa no podía parar de llorar y gemir por ver lo que había causado, se sentía muy culpable. El llanto y los gritos de la chica ocasionaron que el príncipe comenzara despertar, al tiempo que la ambulancia llegó a la escena del accidente.
De camino al hospital, un paramédico se encargaba de hacerle todas las revisiones pertinentes al príncipe mientras que Alexa luchaba por mantenerlo despierto ya que se había golpeado muy fuerte la cabeza y podría tener algún daño cerebral que empeoraría si se quedaba dormido.
—¡Por favor, por favor! ¡No te duermas, quédate conmigo!— Exigía la castaña mientras acariciaba suavemente su mejilla.
Tarvos no podía verla bien, pero se sentía encantado por su dulce voz, era tan suave y cálida que lo mantenía en una especie de trance entre la realidad y la inconsciencia.
Al llegar al hospital central de Lunarians, el príncipe fue llevado a emergencias de inmediato, le realizaron una tomografía de emergencia y por suerte, la herida en su cabeza no era más que un rasguño y no necesitaba suturas, con unos puntos adhesivos sería suficiente. Luego solo le colocaron un suero y un analgésico, lo dejaron en observación durante toda la noche y mandaron llamar a su familia.
(***)
Alexa se encontraba en la sala de espera del hospital comiéndose las uñas de la angustia que le generaba el pensar en todos los problemas legales que tendría que enfrentar luego de este catastrófico accidente, ella apenas tenía unos meses trabajando en el hospital, tenía deudas que pagar de los préstamos estudiantiles que tuvo que pedir para pagar la escuela de enfermería. En ese momento, una de las enfermeras en la recepción la llama y esta de inmediato se acerca para escuchar el diagnóstico del chico.
—Alexa… lamento mucho lo que pasó, sé que apenas te conozco, pero estoy segura de que eres una buena chica y esto no fue tu culpa— Declaró la enfermera intentando tranquilizarla un poco.
—Honestamente no tengo palabras para defenderme, me distraje, todo pasó demasiado rápido— Musitó la castaña entre sollozos.
—Descuida, seguramente el rey y la reina no presentarán cargos, ellos suelen ser muy comprensivos— Masculló la enfermera.
—¡Espera…! ¡¿Qué?!— Exclamó Alexa sorprendida.
—¿No lo sabes? ¿En que mundo vives?— Preguntó la enfermera frunciendo el ceño —El chico que acabas de golpear con tu auto es el príncipe Tarvos Polaris, heredero al trono— Añadió con obviedad.
—¡Madre santa! ¡Ahora sí me cortarán la cabeza!— Bramó Alexa llevándose ambas manos a la cabeza.
—Descuida, sé que encontrarás la manera de resolverlo, además… la decapitación en Polaris fue prohibida hace casi un siglo— Comentó la enfermera con sorna.
—¿Por qué eso no me tranquiliza?— Pregunto con obviedad frunciendo el ceño.
—Bueno… ya mandé llamar a sus padres, llegarán en cualquier momento. Si quieres, te dejaré verlo para que intentes hablar con él, quizá puedas resarcir los daños— Sugirió la enfermera encogiéndose de hombros a la par de una mueca de pesar que se le dibujó en el rostro.
La castaña inspira hondo en un intento desesperado por armarse de valor, ¿Cómo podría ver a la cara al príncipe que casi asesina por estar descuidada? No había manera de ser perdonada tan fácilmente, incluso ya se imaginaba como sería su vida a partir de hoy, quizá la dejen prisionera en una mazmorra o peor aún, la enviarían a la prisión de Mercurials, el estado vecino en el que viven todo los exiliados y más crueles criminales de todo el reino. En cualquier caso, ser decapitada sonaba más alentador.
Al entrar a la lujosa habitación en la que se encontraba el príncipe, este la recibe con una mirada despectiva que la escanea de pies a cabeza escrutadoramente.
—Se nota que en este hospital los estándares de buena presencia han disminuido notoriamente— Espetó haciendo una mueca de dolor mientras se sentaba con cuidado.
—Lo siento su majestad, se que no estoy presentable— Se disculpó Alexa bajando la cabeza con sumisión.
—No estar presentable es pasar todo el día en pijama, claramente tu aspecto es atroz, ¡Mírate! ¡Tienes todo tu uniforme manchado y sucio! ¡Casi no puedo ni verte!— Se quejó altivamente — Y para tú información, soy el príncipe, el término correcto es “Su alteza real” no su majestad— Añadió con un tono de voz irritante y golpeado.
—Perdone, su alteza real— Corrigió Alexa haciendo una pequeña reverencia —No quise incomodarlo.
—¡Cómo sea!— Exclamó Tarvos haciéndole una señal con su mano para que guardara silencio —Ya otra enfermera me está atendiendo, así que puedes retirarte.
—Su alteza real, no he venido a atenderlo, ya terminó mi turno hace casi dos horas. Vine a hablar con usted para disculparme, puesto que yo fui quien lo golpeó con el auto y quería disculparme con usted— Explicó la chica temerosa, esperando su reacción.
Si la había tratado tan mal hasta ahora, no había esperanzas de que la perdonará ni fuera condescendiente con ella.
—¿Fuiste tú? ¿Acaso estás demente? ¿Cómo te atreves a venir hasta acá y mostrar tu cara después de lo que hiciste? ¡Pudiste matarme, o peor aún, pudiste desfigurar mi maravilloso y perfecto rostro!— Gritó alterado.
El príncipe estaba furioso e indignado, sin duda alguna le haría pagar por lo que hizo, casi lo mata. No podía dejarla impune luego de su fatal falta de respeto.
—¡Por el amor de Dios, te juro que voy a hacerte pagar por esto en cuanto salga de aquí! ¡Te pudrirás en la cárcel, eso te lo…!— Apenas comenzaba a lanzarle toda la sarta de amenazas e insultos que se le ocurrían, pero fue interrumpido por la llegada de sus padres.
—¡Dios santo, querido! ¿Qué fue lo que te pasó?— Dijo la reina Elara quien acababa de entrar junto al rey y la princesa Alhena.
—¡No debiste irte así del castillo, sabes que huir no es la mejor manera de resolver nuestros problemas! ¡Si no fueras tan terco esto jamás habría sucedido!— Exclamó el rey sumamente preocupado.
—Disculpe enfermera… ¿Podría dejarnos un momento a solas con mi hermano?— Pidió amablemente la princesa dirigiéndose a Alexa.
—Ella no es mi enfermera, es la que casi me mata— Informó el príncipe en tono divertido, sabía perfectamente que su aclaración desataría el caos.
—¿Qué ella hizo que?— Inquirió la Reina furiosa.
—¡Señorita, usted está en graves problemas!— Bramó el rey acorralando a la pobre Alexa contra la pared, quien de inmediato comenzó a llorar desconsoladamente.
—¡¿Cómo puedes ser tan descuidada, pudiste matar a mi hermano?!— Exclamó la princesa.
—¡Te prometo por lo más sagrado que tengo, que irás directo a Mercurials esta misma noche!— Sentenció la reina a gritos.
Tarvos desde su cama estaba tan feliz de ver cómo el caos se desataba ante sus ojos, él amaba ver a sus padres enojados y perdiendo los estribos. Por primera vez no era su desobediencia lo que causó que al rey se le brotará la vena de su frente o que la reina estuviera haciendo aspavientos para contener sus impulsos de agredir al culpable de su angustia.
Viendo todo ese caos una excelente idea llegó a la mente del apuesto príncipe, ¿Qué mejor forma de vengarse de sus padres por tenerse que casar, si no era con una simple enfermera que casi lo mata? Eso seguramente sería el jaque mate contra sus padres. Después de todo, la chica era muy atractiva, solo necesitaba un poco de higiene y un nuevo guarda ropa, no era del tipo que Tarvos solía preferir, pero quizás se verían bien juntos.
—¡Ya basta, no le hablen así a mi prometida!— Exigió Tarvos alzando la voz.
Solo eso bastó para que sus familiares e incluso la misma Alexa se quedarán pasmados y enmudecidos.
—¿Qué locura estás diciendo? ¿Cómo que tú prometida?— Inquirió la princesa rompiendo el silencio.
—Me oíste bien, así que por favor no le hablen así, solo vean como llora en silencio, ¿Dónde quedaron su clase y buenos modales?— Farfulló el Tarvos con una amplia sonrisa.
—¡Ahora si estás enloqueciendo!— Exclamó la reina llevándose ambas manos a la cabeza.
—Por favor, solo déjenme a solas un momento con mi prometida, vayan al castillo. Al salir de aquí por la mañana iré directo a casa— Respondió Tarvos señalándoles la salida con una mano.
Sus familiares a pesar de la sorpresa guardaron silencio y se retiraron, suponiendo que solo era por la sorpresa y no porque internamente estuvieran teniendo un ataque psicótico.
—Disculpe su alteza real, ¿A qué se refiere con que soy su prometida?— Inquirió Alexa a media voz.
—En efecto lo eres, no te ofendas, tu no eres más que una simple enfermera y puesto que yo necesito una esposa por exigencias de mis padres, seré muy amable y empático contigo, así que te daré dos opciones… O te casas conmigo para vengarme de mis padres, o te enviaré al exilio, te despojaré de todo lo que tienes y créeme, desearas estar muerta y no exiliada y cautiva en Mercurials— Aclaró Tarvos.
Alexa tragó saliva con dificultad mientras que lentamente sentía como si caminara directo a un precipicio.
—Ya puedes irte, tienes toda la noche para decidir que es lo que quieres— Sentenció guiñándole un ojo acompañando su expresión con una risita vacía.