Capitulo 3: Primer golpe

1404 Words
Esa noche fue larga para ambos, Tarvos permaneció toda la noche despierto mientras investigaba todo acerca de Alexa. El príncipe tenía ojos y oídos en todos lados, no había nada que pasara en el país sin que él se enterara. Desde que la joven había perdido a sus padres, hasta su tiempo en las calles, la vida de la chica había sido bastante trágica. El príncipe incluso sintió pena por ella de algún modo, pero luego se dio cuenta que ahora que se casaría con ella le podría dar una mejor vida, así que ambos saldrían ganando de algún modo. Ella tendría mucho dinero y viviría en un palacio, mientras que él cobraría su venganza y sería coronado, ya no tendría que aguantarse a sus padres dándole órdenes. Alexa luego de llegar a casa fue directo a su habitación, evitando rotundamente a su mejor amiga, se dio una ducha y luego se metió a la cama con la incesante necesidad de terminar ese día, había llorado todo el camino de vuelta a su casa, durante su ducha, mientras se vestía y ya estando acostada seguía llorando. Estaba verdaderamente asustada, tenía un muy mal presentimiento, definitivamente había algo extraño en las amenazas del príncipe, ¿Cómo podía decirle que se casara con él o sería exiliada? Era totalmente absurdo. No quería casarse con alguien que no conocía, para ella el matrimonio era algo sagrado y la sola idea de hacerlo con alguien a quien acababa de conocer, le generaba más terror que el ser exiliada. La castaña permaneció mirando el techo hasta quedarse dormida cuando ya rondaban las tres de la madrugada. (***) A la mañana siguiente, Lana, la mejor amiga y roomie de Alexa comenzó a tocar la puerta de la castaña con mucha insistencia. —¡Alex, levántate! ¡Ábreme la puerta!— Grito mientras seguía golpeando la puerta con sus nudillos. —Ya voy— Balbuceó la castaña levantándose y yendo hasta la puerta con pesadez y mal genio. Al abrir la puerta le dedicó una mirada de odio y se escurrió por su lado para ir al baño. —¿Por qué tanto alboroto? Necesito dormir más— Masculló Alexa adentrándose en el baño. —¿Me puedes decir porque el príncipe Tarvos está esperándote en nuestra sala?— Inquirió la morena con un atisbo de emoción en su voz. —¡¿Qué?!— Gritó Alexa estando sentada en el inodoro mientras se lavaba los dientes. —Así es, te busca a ti, así que mueve tu trasero y ve a recibirlo, no me importa que parezcas una desquiciada, no lo hagas esperar— Exigió Lana. La perplejidad de Alexa era indescriptible, sin importar cuánto le exigiera su mejor amiga, simplemente no podía moverse, se quedó helada, ninguna de sus articulaciones se movía. Estaba rígida y con la mirada perdida. Tarvos fastidiado de esperar, se puso de pie y camino al pasillo del que provenía la voz de Lana, caminaba con confianza y naturalidad, como si fuera su casa, al llegar a la puerta del baño, Lana estupefacta por su presencia se hizo a un lado para darle paso, Tarvos se paró en el umbral de la puerta y se quedó observando a Alexa fijamente. —¿Lista para irte?— Pregunto enarcando una ceja escrutadoramente. —Yo… yo… no lo sé— Vaciló la castaña. —¿No lo sabes?— Preguntó en tono de burla —Es sencillo, ¿Irás directo a Mercurials o al palacio? Yo que tu, elegiría el palacio— Añadió en tono divertido. —Su alteza real… —Creo que yo elegiré por ti. Vístete decente, péinate y nos vamos de inmediato. Mis padres nos esperan para desayunar, ya después enviaré a mis hombres para que empaque tus cosas, seguro no tendrás nada de valor, pero sé que la gente como tú tienes a ser apegado con las cosas— Farfulló el príncipe para luego darse la vuelta y volver a la sala. Lana no tardó en mirar a su mejor amiga con preocupación, no sabía que estaba pasando, pero tampoco quiso preguntarle nada al respecto, solo se acercó y la envolvió con sus brazos. —Te prometo que todo estará bien, luego hablaremos de esto. Sabes que jamás dejaré de apoyarte— Susurró la morena a su oído. Alexa asintió levemente, dejando salir de su boca un ligero sollozo desgarrador. Lana la soltó y la llevó a su habitación, la ayudó a vestirse, peinarse y maquillarse, como el príncipe lo había pedido, luego le aplicó perfume y le sonrió para animarla. —Vamos, no lo hagas esperar más. No entiendo nada de lo que sucede, pero te prometo que no te dejaré sola en esto, así que andando, su alteza real tendrá que escuchar lo que tengo que decir— Declaró la morena sujetando la mano de Alexa y luego la llevó hasta la sala. —¡Ya era hora! ¡Vaya que te ves hermosa, tengo que admitirlo! ¿Es tan difícil que te veas así todo el tiempo?— Exclamó Tarvos poniéndose de pie mientras la observaba de pies a cabeza. —Muy bien su alteza real, mi nombre es Lana y soy la mejor amiga de Alexa, no sé de qué va todo esto, pero le diré algo y espero que le quede bien claro. Ella es mi mejor amiga y lo ha sido mucho tiempo, no me importa su título, ni su dinero, juro que si le hace daño voy a ir a su magnífico palacio y le patearé su real trasero ¿Entendido?— Sentenció la morena cruzada de brazos. —Tienes carácter, eso me gusta. Descuida, ella está en buenas manos… ¿Deseas algo más?— Masculló Tarvos fingiendo ser amable. —Si, si Alexa se va con usted, yo también lo haré— Espetó la morena con una amplia y falsa sonrisa. —¿Si sabes que se trata de un castigo para ella por golpearme con su auto?— Indagó el príncipe. —No lo sabia, pero esa es mi condición, ella tiene derechos— Farfulló Lana. —Como quieras, cuando vengan por las cosas de Alexa, enviaré a alguien que te recoja— Respondió Tarvos revoleando los ojos. Alexa seguía en silencio, casi parecía que su cuerpo se había desconectado de su cerebro, no había manera que ella pudiera reaccionar, el shock no se lo permitía. Tarvos sujeto la mano de Alexa y la apretó un poco para llamar su atención, haciéndola salir de su desconexión con una leve corriente que le produjo el suave tacto de su piel. —Andando primor, no hagamos esperar más al rey y la reina— Ordenó guiñándole un ojo. Tarvos llevó a la temerosa Alexa hasta su auto y le abrió la puerta con cortesía, él podría ser un real cretino, pero al menos tenía modales. Luego de que el apuesto príncipe subiera al auto, colocó el motor en marcha y condujo directo al palacio. No tardaron más de veinte minutos en llegar, el trayecto fue silencioso e incómodo, pero a pesar de eso ninguno de los se molestó en hacerlo menos tenso, cada uno iba en su propio mundo mental. Al llegar al castillo, está vez fueron un par de mayordomos quienes abrieron las puertas del lujoso deportivo gris plomo, la joven Alexa se sintió nerviosa al instante y dudo en tomar la mano con un guante blanco que el mayordomo le ofreció para ayudarle a bajar, pero el hombre le sonrió y asintió mostrándole que estaba bien y ella aceptó su ayuda. Al bajarse, el príncipe Tarvos se acercó a ella y le sujetó la mano con decisión, la llevó por las escaleras, mientras que subían cada escalón y se acercaban cada vez más a la puerta la joven Alexa se ponía cada vez más nerviosa, sentía que se la comerían viva al verla. Dentro del palacio, Tarvos la llevó directo al gran comedor en el que ya se encontraba toda la familia reunida esperándolos. —¿Hablabas en serio sobre esta chica?— Inquirió la princesa alzando la voz. —Buenos días para ti también— Espetó el príncipe revoleando los ojos —Como lo dije anoche, esta chica cuyo nombre es Alexa Davis se convertirá en mi esposa y nadie podrá impedirlo, después de todo, se supone que me casaré por órdenes del rey y la reina— Añadió Tarvos endureciendo su expresión.
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