—Tarvos, hijo… sabes perfectamente que nuestras órdenes fueron claras, debes casarte con una jovencita de la nobleza, con una familia influyente. No sé trata de lo que quieras, se trata de estatus— Habló la reina con un tono de voz escalofriantemente monótono.
Alexa totalmente enmudecida volteó a ver al príncipe esperando que este por fin reaccionara de forma coherente, pero este no hacía más que sonreír como imbécil.
—Ustedes dieron la orden y yo tomé una decisión, es con ella que quiero casarme. Estuve investigando su pasado, no tiene antecedentes, fue una gran estudiante en la escuela de enfermería y como cereza del pastel… no es una mujerzuela oportunista que nació en cuna de oro— Declaró Tarvos mirando a la castaña de reojo.
—Veo que está muy convencido, será mejor que no le sigan insistiendo para que no cambie de opinión— Sugirió la princesa Alhena encogiéndose de hombros.
La reina negó con la cabeza en señal de fastidio, mientras que el rey observaba a Tarvos con expresión pensativa.
—Muy bien… entonces está decidido, podrás casarte con… — Dijo el rey haciendo una pausa intentando recordar el nombre de la castaña.
—Alexa Davis— Respondió Tarvos.
—Muy bien, Alexa. Podrás casarte con esta joven, pero ella deberá tomar clases de etiqueta. Tiene que saber comer, caminar, hablar y comportarse como una princesa y futura reina de Polaris— Declaró el rey en tono firme.
Alexa tragó saliva con brusquedad al oír todo lo que el rey decía, ¿Cómo podían ser cómplices de esa locura? ¿Realmente estaban diciendo que debía transformarse en alguien que no era? ¿Cómo podían jugar con su vida de esta manera?
La castaña quería gritar y salir corriendo despavorida, pero a pesar de eso, ella solo se quedó allí estática, como si de un maniquí se tratase.
—Por favor, siéntense a la mesa, quiero desayunar antes de que me de migraña— Dijo la reina frotándose las sienes con sus dedos.
Tarvos volvió a tomar la mano de Alexa para llevarla a su lugar, pero está vez la joven no se dejó llevar por él, la chica se soltó de su agarre de un tirón mientras que lo observaba con una mezcla de vergüenza e ira en sus ojos.
El príncipe volteó a verla y al descubrir lo que detonaba su mirada se acercó a su oído y le susurró.
—Debes ser obediente, no me hagas enviarte a Mercurials, recuerda que no tienes más opciones, así que hazme quedar bien y no me avergüences— Musitó en tono pasivo agresivo.
—Lo siento— Bisbisó la castaña ahogando un sollozo e inclinando la cara en señal de rendición.
—Así me gusta— Respondió Tarvos entre dientes con una amplia sonrisa amenazante.
El príncipe volvió a sujetar la mano de Alexa, está vez con más fuerza y la llevó hasta una de las sillas del gran comedor, la castaña se sentó y luego el príncipe tomó asiento junto a ella quedando entre su hermana y la nueva integrante de la familia real.
Luego de sentarse los empleados del palacio se adentraron en la habitación con los platillos preparados por el chef real para desayunar. Sirvieron cada plato con elegancia y cortesía. Para Alexa, cada uno de los platillos parecía sacado de una película, todo estaba elegante y finamente preparado. Desde los huevos, el pan tostado, el tocino, hasta las frutas y vegetales, todo parecía irreal, tanto que incluso la castaña se tomó el tiempo de admirar el plato por unos segundos, como si fuera una obra maestra de Leonardo da Vinci o Vincent van Gogh.
—Puedes comer— Informó el rey al ver que todos habían comenzado a desayunar con excepción de Alexa.
—Lo siento— Musitó la castaña —Es que todo se ve tan… elegante y yo no sé cómo comer como ustedes, lo cierto es que me da un poco de vergüenza— Explicó encogiéndose de hombros y bajando la mirada.
—Descuida, niña. Ninguno de nosotros va a juzgarte, solo es el desayuno— Farfulló la reina con un falso tono de amabilidad.
—Tranquila, Alexa. Solo come como acostumbras hacerlo… No te preocupes por ninguno de nosotros— Dijo Alhena dedicándole una sonrisa sincera.
La castaña asintió mientras se daba ánimos a su misma en su interior. Con delicadeza tomó sus cubiertos, se acomodó en su asiento enderezando la columna y luego se dispuso a comer. Alexa no tenía demasiada hambre, pero no quería desperdiciar la comida. Después de todo, ella más que nadie sabía lo que era no tener un plato de comida en su mesa todo el tiempo, así que sin importar las circunstancias ella iba a comerse todo lo que tenía en su plato.
Al comenzar a comer todos en la mesa se quedaron expectantes ante su buena educación y buenos modales para comer, sucedió que ella en su infancia estudió en una escuela femenina en la que la obligaban a recibir algunas clases de etiqueta; la castaña no era una experta, pero sin duda alguna sabia defenderse.
Luego de desayunar, Tarvos le pidió a la castaña que lo acompañará para que conociera su habitación, la cuál se encontraba en el primer piso del palacio, al entrar, Alexa quedó anonadada con lo maravillosa que era la alcoba del Príncipe, todo estaba muy ordenado y elegante.
Del lado derecho se encontraba la enorme cama cubierta por sabanas y mantas preciosas de color gris plomo con detalles bordados con hilos de plata, el cabezal acolchado de la cama tenía diamantes en lugar de botones, las mesas de noche hacían juego con la cama y la peinadora que se encontraba del otro lado de la alcoba, toda la pared del fondo estaba conformada por puertas de cristal con vitrales llamativos, junto a la peinadora había una puerta que llevaba al enorme vestidor y seguido estaba el majestuoso baño.
Tarvos se dio la vuelta para verle la cara a su nueva compañera quien lo seguía de cerca y comentó.
—Veo que te gusta— Dijo sonriente.
—Esta habitación es hermosa, jamás había visto a un hombre con una habitación tan ordenada— Respondió ella con la mirada inquieta observando cada rincón del baño.
—Aunque no lo creas, soy un obseso del control y el orden. No soporto que nada en mi entorno esté desordenado— Declaró Tarvos en tono serio, como si se tratara de una amenaza —Esta será nuestra alcoba compartida, discúlpame por no tener una alcoba solo para ti, por la premura no tuve tiempo de mandar preparar una para ti. Si quieres cambiar algo de la habitación para que te sientas más cómoda puedo traer a una decoradora para que cambie lo que tú desees— Añadió el príncipe ahora con un tono más relajado.
—No, no, no. Así está perfecta la habitación, solo me preocupa que hay una sola cama. Si bien está podría abrigar a una familia completa, no podemos dormir juntos— Masculló Alexa cruzándose de brazos.
—¿Qué dices?— Cuestionó Tarvos enarcando una ceja —Si no lo recuerdas, vamos a ser marido y mujer muy pronto, desde luego que debemos dormir juntos. No seas infantil— Añadió volviendo al tono de voz severo.
—¿Por qué tienes que comportarte como un completo idiota?— Inquirió ella dejándose de rodeos.
—¡Ya era hora de que sacaras las garras!— Farfulló el castaño —Pensé que me ibas a dejar pisotearte toda la vida, pero veo que tienes carácter… eso me gusta, incluso me excita— Musitó Tarvos arrinconándola contra la pared del baño.
La respiración de Alexa de inmediato se aceleró a la par de los latidos de su corazón, esta vez no se sentía amenazada ni atemorizada, en realidad sentía una mezcla de emociones que jamás había sentido. De pronto sentía sed y calor acompañado de un crudo deseo por ser besada por ese imbécil… ¿Por qué quiero besarlo? Se preguntó a si misma en su cabeza, mientras se mordía el labio inferior de manera inconsciente.
—Veo que no soy el único excitado aquí— Susurró el castaño acercando su rostro al de ella.
Pero cuando estuvo a punto de besarla ella reaccionó por impulsos defensivos y levantó su rodilla con dirección a la entrepierna del príncipe dándole un duro golpe bajo.
—¡Oh, mierda!— Exclamó Tarvos alejándose rápidamente y cayendo de rodillas por el profundo dolor en sus testículos que le debilitaron totalmente.
—¡Ni creas que te vas a aprovechar de mi!— Le reprendió la castaña saliendo del baño.