Alexa salió corriendo despavorida, salió al pasillo topándose con la princesa a la cuál ignoró rotundamente y siguió corriendo escaleras abajo, solo quería escapar y nadie iba a detenerla.
La princesa Alhena se adentró en la habitación de su hermano y fue directo hasta el baño siguiendo los ruidosos gemidos de su hermano gemelo.
—Veo que te dio justo en el ego— Masculló la princesa entre risas al ver a su hermano de cunclillas sujetándose la hombría con ambas manos al tiempo que se seguía quejando por el punzante dolor.
—¡¿Dónde está?!— Farfulló Tarvos furioso.
—Supongo que intenta escapar de ti justo ahora… veo que tiene carácter, creo que me agrada— Respondió guiñándole un ojo a la par de su amplia sonrisa.
—¡Maldición!— Bramó el príncipe mientras se ponía de pie y salía del baño.
Alexa corrió hasta la entrada principal del castillo, intentó salir pero los guardias se lo impidieron, al parecer Tarvos ya los había puesto sobre aviso antes de traerla, así que no tenia escapatoria… No podía huir, pero al menos intentaría esconderse.
La castaña giró sobre su propio eje y vio que había una puerta al costado de la recepción del castillo que daba a un enorme jardín, así que de inmediato corrió hacia esa puerta y finalmente salió al exterior del castillo. El majestuoso jardín estaba repleto de arbustos, flores, árboles, fuentes, bancas de madera y cientos de cosas que lo hacían parecer irreal. Aturdida, Alexa caminó a paso apresurado por uno de los senderos de este hasta que se topó con lo que parecía la entrada a un laberinto conformado por enormes setos perfectamente podados que daban la ilusión de ser paredes.
Temerosa de lo que pudiera encontrar allí dentro, la castaña se armó de valor y entró al laberinto, ese sin duda alguna era el mejor lugar en el que podría esconderse del príncipe hasta pensar en como escaparía del castillo.
(***)
Tarvos bajó las escaleras corriendo y se dirigió a la puerta principal para preguntarle a los guardias en dónde se encontraba Alexa.
—¿Dónde esta?— Inquirió entre jadeos.
—Su alteza real, la chica salió al jardín— Respondió uno de los guardias evitando mirarlo a los ojos.
Tarvos atravesó la recepción del castillo hasta llegar a la puerta que conducía al jardín, pero antes de salir apareció la reina por el enorme arco que llevaba a la biblioteca y le llamó.
—Tarvos… ¿Se puede saber porque tú prometida parece querer escapar?— Indagó la reina en tono de reprimenda.
—No te preocupes madre, solo estamos jugando— Mintió para luego salir de la recepción sin esperar respuesta.
Ya en el jardín, el apuesto príncipe estudió el área con la mirada y no había rastros de ella, de inmediato supo dónde la encontraría, así que cargado de decisión se dirigió al laberinto y antes de entrar se detuvo a escuchar con atención, si ella estaba allí dentro no tardaría en hacer ruido y solo eso bastaría para que él pudiera encontrarla siguiendo dichos sonidos.
Efectivamente así fue, del lado derecho del laberinto oyó que uno de los arbustos se sacudía, seguido por unos pasos fuertes… sin duda se había topado con un callejón sin salida. Orgulloso de sus habilidades para la cacería el príncipe sonrió y de inmediato corrió por el callejón de la derecha mientras en su mente intentaba recordar cuales eran los callejones sin salida que estaban de ese lado del laberinto.
No pasó demasiado tiempo para que Alexa volviera a hacer ruido, lo cuál le facilito al príncipe ir por ella. A este punto ya Alexa había logrado llegar al centro del laberinto el cual era como una especie de santuario invernadero repleto de muchas flores y plantas que la castaña jamás había visto, eran de diversos colores, algunas parecían desprender una preciosa melodía mientras que otras despedían aromas fantásticos, incluso había una especie de ellas que brillaba.
Alexa estaba tan impresionada con aquellas plantas que se le olvidó completamente que debía esconderse, extrañamente se sentía hipnotizada por esas flores doradas que resplandecían, lentamente camino hacia ellas y mientras más se acercaba más desesperada se sentía por olerlas y tocarlas.
Con cuidado alzó su mano para tomar una de las flores y cuando sus dedos estaban a escasos centímetros del tallo, Tarvos apareció detrás de ella y la detuvo tirando de su brazo ocasionando que está tropezara cayendo entre sus brazos.
—¡No las toques o será lo último que hagas!— Gritó el castaño al tiempo que la envolvió entre sus brazos.
Alexa pasó de estar hipnotizada por las flores a quedar totalmente perdida en los profundos ojos azules grisáceos del apuesto príncipe. Tarvos la observaba fijamente mientras intentaba calmar su respiración, de verdad se había asustado por ver qué ella estaba en peligro.
Mientras la miraba, este detalló cada milímetro de su rostro… sus hermosos y majestuosos ojos azules, su fina y delicada piel, sus mejillas naturalmente ruborizadas, sus largas pestañas oscuras, sus cejas perfectas y sus labios, sus labios eran como pétalos de rosas carmesí recién maduras. Verdaderamente era hermosa, tanto que le provocaban ganas de llorar con tan solo verla.
—¿Qué sucede?— Susurró ella extrañada por su reacción.
—Lo siento…— Musitó el castaña para luego aclararse la garganta —Esas poseen una toxina que acabaría con tu vida en segundos— Explicó señalándole las flores con un movimiento de cabeza.
—Entiendo… ¿Puedes soltarme ya?— Bisbisó ella con timidez.
—Si, si. Lo siento, es que me distraje, perdón— Balbuceó el castaño deshaciendo su agarre.
—Lamento haberte golpeado, en serio me asustaste— Se disculpó la castaña mientras miraba el suelo.
—Descuida, eso fue mi culpa. Fui yo quien quiso besarte a la fuerza, así que lo merecía— Masculló el príncipe alzando ambas manos en son de paz.
Alexa sorprendida por su extraña disculpa caminó hasta una de las bancas de madera que estaban cerca de ellos y se sentó. Tarvos hizo lo mismo, se acercó y tomó asiento a su lado. El príncipe se sentía extraño, era como si de repente su personalidad hubiera cambiado por completo, no lo entendía, pero tampoco le dio demasiada importancia.
—Todas las plantas que ves aquí son mágicas y muy antiguas, antes existían en todo el reino, pero como todo lo bueno del mundo, nosotros como humanos lo fuimos destruyendo. Actualmente es muy extraño ver a alguna de estas plantas en público, incluso la gente se ha olvidado de que alguna vez existieron. Por eso las conservamos y criamos aquí, para que nadie pueda destruirlas— Explicó el príncipe para romper la tensión entre ambos.
—¿Y esas doradas como se llaman?— Preguntó la castaña mirando al príncipe de reojo
—Esas se llaman Sophora toromiro, provienen de la isla de pascua… antes la isla estaba repleta de ellas, pero en el siglo diecinueve fueron extintas por un incendio forestal causado por la gente que vivía en la zona puesto eran muy venenosas— Respondió Tarvos volteando a ver las flores.
—¿Y porque las conservan si son tan tóxicas?— Pregunto Alexa confundida.
—Porque no todo lo peligroso es malo completamente, esa planta mezclada con el aceite de oliva y azafrán es un antídoto natural para enfermedades cardio respiratorias— Aclaró el príncipe colocándose de pie —Volvamos al castillo, ya tendremos más tiempo para hablar de estas plantas— Le dijo tendiéndole la mano para llevársela.
Alexa aceptó su mano y ambos salieron del laberinto, cuando llegaron al jardín principal, de la nada el príncipe pareció espabilarse con los rayos del sol y de inmediato soltó la mano de la joven Alexa con brusquedad, la chica lo miró extrañada por su reacción y este solo tensó su mandíbula y se alejó de ella.
—Por favor, no vuelvas a tocarme. Tengo que salir, volveré tarde así que dile a mi madre que no me espere— Farfulló el castaño para luego marcharse con rapidez.
Alexa frunció el ceño totalmente extrañada por su reacción mientras se preguntaba que mosquito le había picado y porque pasó de ser un imbécil a comportarse dulce con ella y luego de nuevo era un imbécil. Estaba rarísimo, sin duda alguna su estadía en el palacio iba a ser más complicada de lo que parecía.
—Señorita, perdone que la moleste, su majestad la reina Elara desea verla en su oficina cuánto antes— Le dijo una de las empleadas del castillo.
—Demonios… ¿Y ahora que?— Masculló Alexa mientras seguía a la chica al interior del castillo.