—Su majestad, ¿Quería verme?— Musitó Alexa temerosa mientras se asomaba en el despacho de la reina.
—Si querida, quería decirte algunas cosas importantes— Respondió la reina sonriéndole a medias.
Se notaba a leguas que a la reina no le agradaba en lo absoluto la presencia de Alexa en el castillo, le parecía inconcebible el repentino compromiso de su hijo con una desconocida que casi le quita la vida por andar distraída.
—Solo quiero informarte de algunos deberes que tienes que cumplir ahora que eres la prometida de mi hijo, pero antes me gustaría que habláramos un poco sobre ti— Declaró la reina en tono serio —Por favor toma asiento.
—Si, claro. Gracias— Masculló la castaña terriblemente nerviosa.
Por alguna razón, la reina le inspiraba miedo y desconfianza a la joven Alexa.
—Cuéntame, querida. ¿De dónde eres? Háblame un poco sobre ti— Pidió la reina acomodándose en su asiento con elegancia.
—Pues… mi nombre es Alexa Davis, nací y crecí en Saturnia. Luego mis padres me ayudaron para que viniera a Lunarians a estudiar en la escuela de enfermería y un año después murieron en un accidente de auto, la noche antes de mi cumpleaños. Ellos venían a sorprenderme y bueno…
Relató la castaña con la mirada puesta en sus manos con las cuales jugaba en su regazo.
—¿Tienes algo en tus piernas?— Preguntó la reina enarcando una ceja.
—No… no es nada— Farfulló la castaña aún más nerviosa.
—Entonces mírame a los ojos cuando hables, es de mala educación no mirar a las personas cuando les hablas— Dijo en tono de reprimenda.
—Lo siento— Se disculpó mirándola a los ojos finalmente.
—Entonces… tus padres murieron en un accidente, lamento oír eso. ¿Y luego de su muerte como lograste sobrevivir sin su apoyo económico?
—Pues… ya que no tengo más familia, tuve que vender nuestra casa para poder rentar un departamento en el centro de la ciudad, hubo un momento en el que ya se me estaba acabando el dinero, entre la escuela, la comida y la renta. Ya no podía seguir pagando todo yo sola y tampoco tenía el tiempo libre suficiente para trabajar, así que tuve que buscar una compañera para poder dividir los gastos del departamento y todo lo demás. Fue entonces cuando conocí a Lana y nos hicimos mejores amigas, somos casi como hermanas, sus padres se ofrecieron a encargarse de todos mis gastos y el resto de mi colegiatura hasta que me graduara y pudiera buscar empleo.
—Ya veo… me alegra que hayas podido encontrar apoyo en ese momento tan duro. Y si hablamos del presente… ¿Por qué vas a casarte con mi hijo?— Masculló la reina escrutadoramente —Me refiero a que son de mundos totalmente distintos y obviamente tú no estás a la altura de mi hijo.
Alexa no pudo evitar sentirse patética ante su comentario, se sentía como una cucaracha en medio de un gallinero, de pronto se sentía insuficiente y eso causó que se le llenaran los ojos de lagrimas y bajara la cabeza totalmente avergonzada.
En ese instante, el príncipe Tarvos entró al despacho de la reina y vio como Alexa comenzaba a sollozar, el castaño le dedicó una mirada desaprobatoria a su madre y luego tomó a la castaña de la mano y se la llevó de la habitación.
La llevó escaleras arriba y luego la metió a su alcoba con él, cerró la puerta con seguro y luego se dio la vuelta para ver a Alexa quien se encontraba sentada al borde de la cama.
—¿Por qué me haces esto?—Preguntó ella entre sollozos.
—¿A qué te refieres?— Preguntó el castaño sin entender su pregunta.
—Se que estuvo mal lo del accidente y de verdad no sabes cuánto lo siento. Yo no soy una mala persona y te juro que jamás le haría daño a nadie, no entiendo porque quieres arruinarme a la vida obligándome a casarme contigo— Farfulló ella desesperaba mientras se llevaba ambas manos a la cabeza con impotencia.
—Lo hago porque te necesito para vengarme de mis padres, esto solo será por un año y después de eso te prometo que vamos a divorciarnos. Así que deja de llorar y descansa un poco, mañana vendrá una institutriz que se encargará de educarte para que seas la princesa perfecta. Está noche te dejaré a solas con Lana en esta habitación y yo dormiré en una de huéspedes para que te adaptes. Y te pido amablemente que no le digas a nadie que nuestro compromiso está arreglado, mañana vendrá un abogado que te dará un acuerdo de confidencialidad, el cuál firmaras sin hacer preguntas. Nadie más que yo debe saber la verdad, ni siquiera Lana puede enterarse de esto— Respondió para luego irse de la habitación sin esperar respuesta.
Era increíble como el príncipe no se corrompía ni un poco al ver a la castaña tan quebrantada, parecía inhumano, como si solo se tratara de un objeto que había tomado sin permiso. Un secuestro disfrazado, una calabozo disfrazado de alcoba real y un matrimonio arreglado que en realidad era una sentencia para Alexa.
La castaña se dejó caer de espaldas sobre la cama y luego se acomodo en posición fetal con la cabeza metida entre sus rodillas mientras lloraba desconsoladamente. Ella solo deseaba que sus padres estuvieran con vida para que pudieran sacarla del abismo en el que su luz se extinguía rápidamente.
(***)
Alexa había llorado hasta quedarse dormida y despertó por la llegada de Lana a la alcoba quien al verla se lanzó en la cama y la abrazó con fuerza por ver que Alexa tenía el rostro hinchado con los ojos y la nariz enrojecidas. No había estado allí con ella, pero sabía que la castaña se había quedado dormida llorando.
—Oye… ¿Qué sucedió? ¿Por qué estabas llorando?— Indagó Lana en un susurro.
—No es nada— Mintió Alexa enterrando su cabeza bajo el cuello de su mejor amiga.
—Te conozco, Alex. Dime la verdad— Exigió Lana mientras la apretaba con fuerza haciéndola sentir segura.
—Solo extrañaba a mis padres, cuando vi al príncipe con sus padres me sentí mal porque los míos no estaban conmigo— Mintió.
Ahora también se sentía mal por tener que mentirle a su mejor amiga, ella jamás decía mentiras y al tener que hacerlo por esta situación se sentía aún más patética y quería romper en llanto una vez más.
—¿Que hora es?— Preguntó Alexa cambiando de tema.
—Son las siente de la noche— Respondió Lana.
—¡Dios santo, dormí todo el día!— Exclamó la castaña sorprendida.
De repente alguien tocó a la puerta, Lana fue a ver quién era y resultó ser la misma chica que le había informado a Alexa que la reina quería verla.
—Disculpen que las moleste, señoritas. Solo vine a decirles que la cena se sirve a las ocho y deben bajar al comedor principal a tiempo— Informó la chica para luego irse.
—Bueno… creo que debemos arreglarnos para cenar, no creo que esta gente se ponga la pijama para cenar. Seguro debemos vernos a la altura— Comentó la morena tomando su maleta y lanzándole sobre la cama —Que suerte tenemos de que yo jamás escatimo en ropa para salir, tengo los vestidos perfectos para la ocasión— Canturreó emocionada.
—Creo que tomaré una ducha, se que tú tardas más en el baño, así que me asearé rápido y después será todo tuyo— Dijo Alexa colocándose de pues con desgano para luego dirigirse al baño.
(***)
Cuando fueron las ocho en punto, ambas chicas bajaron a la recepción del palacio y luego se dirigieron al gran comedor, al entrar las miradas de la familia real se pasaron en ambas chicas. Lana llevaba un vestido corto de tubo hasta las rodillas con estampado floral y sandalias altas, mientras que Alexa llevaba un vestido liso de color azul zafiro unos centímetros más corto que el de su mejor amiga, la falda de su vestido era acampanada. Alexa llevaba el cabello semi recogido y Lana le había hecho un hermoso maquillaje que le resaltaba los ojos.
El rey y el príncipe se colocaron de pie para recibirlas y estas hicieron una reverencia cortésmente, Tarvos se dedicó a correrle el asiento a Alexa y luego la acomodó en su lugar.
—Debo admitir que te ves muy hermosa, eso no te lo puedo negar— Susurró Tarvos al oído de la castaña causando que esta se ruborice y baje la cabeza apenada.
—Gracias— Musitó Alexa mirándolo de reojo.
—Madre, Padre y hermana. Les presento a Lana Martin, la mejor amiga de Alexa, ella también se mudará con nosotros— Declaró Tarvos presentándola.
—Gracias por recibirme en su hermoso palacio— Dijo Lana con una amplia sonrisa.
—Me temo que no nos dieron opciones— Respondió la reina de mala gana.
—¡Vaya!— Masculló la morena sorprendida —Con todo respeto su majestad, pensé que las personas de la realeza tenían mejores modales— Espetó bruscamente.