3:30 AM
Alexa se encontraba en el balcón de la que se había convertido en su nueva habitación, mientras que Lana roncaba como si no hubiera mañana en la enorme cama a metros de la castaña. Estando allí, colocó ambas manos sobre el barandal de mármol tallado mano y dirigió su mirada al infinito cielo nocturno. Esa noche había millares de estrellas en el majestuoso firmamento azul obscuro, las cuales rodeaban esplendorosamente a la brillante luna creciente.
—Qué tonto es esto, se supone que cuando estás en cuarto creciente, significa que comienza un nuevo ciclo ¿A esto le llamas renovar mis energías?— Masculló la castaña dirigiéndose a la luna.
La joven desde pequeña acostumbrada hablarle a la luna como si fuera su confidente, su madre siempre le decía que ese enorme satélite natural era la guardiana de los sueños y deseos de muchas personas especiales en el mundo, desde entonces, Alexa le había contado a la luna todos los anhelos de su corazón. Casi todas las noches, Alexa desnudaba su alma para la luna y le confiaba sus más profundos deseos, no había nadie en el mundo que la conociera más que esa enorme esfera de roca iluminada, ni siquiera su mejor amiga.
Los ojos azules de Alexa brillaban como dos zafiros bajo la tenue luz de la luna, reflejando la tristeza que las lágrimas dibujaban en su rostro. Cada lágrima parecía capturar un destello de la noche estrellada, haciendo que su mirada resplandeciera con una mezcla de melancolía y esperanza. Bajo el manto estrellado, sus ojos parecían contener el universo entero.
—Daria lo que fuera por tener a mis padres de vuelta— Susurró entre sollozos.
En ese momento, los recuerdos de sus padres invadieron su mente. Recordó el cómo se arreglaban emocionados todos los domingos para ir a la iglesia y que al salir siempre iban por un helado a su cafetería favorita “Old Coffee”, esa tradición familiar fue una de las muchas que murió con ellos. Después de su muerte, Alexa en ocasiones, cuando estaba abrumada por el dolor y segada por la ira, le gritaba al Dios en el que tanta fe tenía, aún creía en él, pero seguía enojada por haberle quitado lo más valioso que tenía.
Ahora todo lo que tenía, eran esas estrellas y esa luna en la que ahora se encontraban sus padres, quizá en una mejor vida, en un lugar donde no sienten dolor o estrés, desde donde la observan esperando a que ella sea feliz y los enorgullezca, eso la hacía sentir miserable, si no hubiera metido la pata, no estaría en esta situación… “Si estuvieran aquí para presenciar esto, ya se habrían vuelto a morir y una vez más sería mi culpa”, Pensó.
(***)
7:00 AM.
Cuando los rayos del sol apenas rayaban el alba, una de las empleadas del castillo se adentró a la habitación de Alexa, caminó hasta la cama y con delicadeza le habló.
—Señorita Alexa, es hora de levantarse, le espera un arduo día de deberes— Musitó la joven mucama.
Alexa abrió sus ojos con pesadez y se llevó ambas manos a la cara para luego frotarse los ojos con brusquedad, encandilada por la luz que entraba por los ventanales, se sentó torpemente y volteó a ver a la mucama.
—¿Qué hora es?— Balbuceó adormilada.
—Son las siete en punto, el desayuno estará listo pronto y la reina me envió para ayudarla a vestirse adecuadamente, puesto que su institutriz llegó hace una hora y luego de desayunar comenzará con sus lecciones de comportamiento— Explicó la chica amablemente.
—Y yo que pensaba que las pesadillas se iban al despertar, pero veo que de hecho vivo en ellas— Bromeó la castaña con sorna.
—¿Quiere que le prepare la bañera con agua caliente?— Preguntó la mucama esforzándose para no reír por el comentario de Alexa.
—Sí, por favor. Quizá si me ahogo en la bañera, será mejor con el agua en la temperatura correcta. No queremos que mi cuerpo tarde en descomponerse a causa del frío— Respondió Alexa sonriéndole a la chica con inocencia fingida.
La mucama bajó su cabeza y luego se fue al baño en silencio para prepararle la bañera a la castaña. Alexa volteó a ver a su mejor amiga y está seguía profundamente dormida y roncando, Lana tenía el sueño demasiado pesado, tanto que si le pasara un camión por encima, seguramente seguiría dormida sin inmutarse en lo absoluto.
Alexa, fastidiada, tomó su almohada y con esta le propinó un fuerte golpe en la cara a su mejor amiga mientras la llamaba a gritos.
—¡Lana, despierta!— Exigió.
—¿Uhmmm…
—¡Que despiertes, te digo!— Insistió la castaña —¡Se supone que estás aquí como mi apoyo, no para disfrutar de la cama!— Farfulló exasperada.
—¿Y no puede ser después de las diez? Aún es de madrugada y hoy es mi día libre… —Se quejó adormilada.
—Lana, si no te levantas ahora mismo juro que té…
Alexa comenzó a regañarla de nuevo, pero se quedó sin habla con la llegada del príncipe a la habitación.
—Buenos días, señoritas…
Saludó Tarvos mientras se adentraba en la habitación usando únicamente una bata de baño con el torso al descubierto. Alexa al verlo se quedó muda, por primera vez estaba viendo al chico desarreglado, con el cabello despeinado, el rostro hinchado de dormir y el pecho… su pecho al descubierto, el cual parecía como si estuviera tallado a mano por los mismos ángeles…
—¿Hello? ¿Acaso olvidaste como hablar en español mientras dormías? ¡Te hice una pregunta!— Farfulló Tarvos puesto que le había estado hablando a la castaña mientras está seguía perdida en su físico.
—¡Perdón! ¿Qué decías?— Masculló Alexa al salir de su ensimismamiento.
—Te pregunté que si querías ir a dar un paseo conmigo está tarde, hay algunas cosas que necesito conversar contigo a solas— Aclaró cruzándose de brazos con fastidio.
—Claro… ¿Qué otras opciones tengo?— Respondió Alexa sonriéndole sarcástica mientras se cruzaba de brazos.
—Me alegra que ya nos vamos entendiendo— Afirmó el príncipe imitando el sarcasmo de Alexa.
—Señorita, su bañera está lista— Informó la mucama saliendo del baño.
—Excelente… veo que ya te acomodaste. ¿Quieres que te acompañe? Después de todo es mi bañera, hay suficiente espacio para los dos— Dijo Tarvos enarcando una amplia sonrisa.
—Si algún día esperas tener hijos, te sugiero que no te metas al baño cuando yo lo estoy usando— Amenazó Alexa cruzándose de brazos.
—Descuida… el sexo salvaje es un juego para dos y al final todos salimos ganando…