Narra Amara Me quedé quieta mucho después de que Eli dejó de ser visible entre los árboles. Él caminaba rápido, como si quisiera huir de su propia confesión, de la vulnerabilidad que accidentalmente había dejado escapar, como si yo hubiera clavado los dedos en una herida que llevaba escondida demasiado tiempo. Su reacción fue como un desahogo, uno que me mostró más de lo que él imaginaba. Y yo… no sabía qué hacer con todo lo que él me había dejado entre las manos. El lago estaba inmóvil, completamente n***o, como si también estuviera escuchando lo que acababa de ocurrir. El frío empezó a colarse bajo mi camisón y mi chaqueta, pero mi cuerpo seguía ardiendo. No por su beso. No por sus manos. Sino por lo que había dicho después. Eli siempre fue fuego, impulso, deseo… pero jamás lo vi rom

