Despierto motivada; es el día de ponerle fin a esta pesadilla. Al fin me veré libre de Rodrigo para siempre. Me levanto, voy al baño, me apronté para el trabajo. Salgo del cuarto. Estos todavía están durmiendo ¡ja, ja, ja! Apronto el mate. Es temprano, tal vez demasiado; debe ser por la adrenalina. Me siento a tomar mate tranquila comiendo unas galletitas saladas, de hecho, las favoritas de Mati. Siempre compro por si viene. — ¡Buen día, Petí!, veo que madrugaste. ¿Esas son mis favoritas? —me preguntó Matías al entrar. — Buen día, sí, estoy algo ansiosa por la denuncia. Sí, son tus favoritas, pero estas son mías. Tenés más paquetes guardados —le respondí yo. Él fue a buscarlas, y se sentó conmigo. Nos pusimos a conversar. A los quince minutos apareció Caro. — Gracias por dejarme sola d

