Estoy despertando temprano hoy. Es lunes y el tránsito es horrible; además, me gusta llegar temprano para organizarme mejor. Me apronte, salgo tranqui, con más de una hora de antelación. Me subo al auto, pongo a marchar el CD de Airbag, arranco a manejar con cuidado. Esto es una locura, no sé qué tanto apuro tienen.
Estoy cerca de llegar cuando siento un golpe y el airbag se activó. ¿Qué pasó? Me duele el cuello. Yo me armo de paciencia y salgo. Me dio flor de golpe el bestia.
—No podías manejar más rápido —me soltó el hombre apenas bajó.
—¡Me estás tomando el pelo (te estás burlando)! —le grité
Venía bien, la velocidad es 45. ¡Además vos me chocaste!
—Tanto escándalo por un golpe...
—¿Un golpe? ¡Mirá cómo me dejaste el auto! Necesito tus datos para el seguro.
—No te pienso dar nada —me respondió el muy idiota.
—Tengo seguro contra todo. Solo necesito tus datos.
—No te los pienso dar.
—Mirá idiota, no me quiero calentar contigo.
Yo llamé a la policía, saqué fotos de los vehículos, llamé al Banco de Seguros del Estado.
—Yo me tengo que ir, llego tarde —dijo él intentando zafar.
—Y yo también por tu culpa, ¿y?
—Pero vos manejás lento.
—Manejé bien, idiota. Si estás en pedo es tu culpa no la mía. Sos un re boludo, te hubieras venido en bus (ómnibus).
—Vienen llenos.
—No hubieras tomado, idiota.
Ya llegaron los patrulleros.
—¿Quién llamó? —preguntó el policía.
—Yo. Me chocó y no me quiere dar los datos.
—Ya te dije no te doy nada, vos manejás despacio —insistió el hombre delante del oficial.
—Mirá, reverendo idiota, me los vas a dar igual.
—No, además estoy llegando tarde.
¡Ay!, no le avisé a Lorenzo. Le mando un audio rápido: "Hola Lorenzo, disculpame, voy a llegar tarde. Me chocaron tengo tremendo problema. Apenas pueda voy".
—Si ya le avisaste a tu jefe, yo me voy —dijo el tipo.
—¡Mirá pelotudo, no te vas! Te quedás y das la cara por idiota. ¡Vas a pagar todo!
—No necesitas insultar —me dijo el policía.
—Mirá, yo contigo no tengo problema, pero este tipo me tiene re caliente. Me acusa a mí. Quiero hacer la denuncia y que se fijen en la cámara de enfrente.
—¿Cámara? —preguntó el tipo, cambiando la cara.
—Ah no, sos un idiota de primera. ¡Frente a tu cara tenés una cámara! Ahora te la bancás.
—Ok, entonces te tomo los datos, hago el reporte y necesito que vayas a firmar más tarde —me dijo el policía.
—Sí, claro que voy.
—¿En serio me vas a hacer una denuncia? —me preguntó el hombre, como si fuera sorpresa.
—Obvio. Algunos sí pasamos la prueba de la libreta (permiso para conducir), no como vos que la compraste, idiota.
—Petisa, calmate.
—No me llamés petisa, idiota, y no me calmo nada.
Llegó el agente del seguro. —Venimos a ver tu auto.
—Sí, es ese —le señalé el desastre.
—¡Fa! Me lo tengo que llevar. Lo dejó hecho carozo (totalmente destrozado).
—¿Cuánto tiempo lleva?
—No sé, pero fácil una semana. También pueden ser varias. ¿Quién manejaba?
—Yo.
—¿Estás bien?
—Me duele el cuello nada más, pero estoy bien.
—Tendrás que ir al médico —me aconsejó el del seguro.
—Ahora no tengo tiempo, estoy a full con el trabajo.
—Tendrás que ir igual —intervino el policía—. Si no es ya, andá al trabajo, le explicás la situación y te vas al hospital.
—Eso te pasa por ir lento —volvió a joder el hombre.
Ya estoy tan caliente que voy a darle unos piñazos (golpes) por idiota, pero me paran. El policía me agarró de atrás.
—No le podés pegar.
—Mirá, idiota, fue tu culpa. Vos venías como a sesenta.
—Pero traté de frenar...
—¡Bien dijiste, trataste! Tengo ganas de matarte a piñazos por idiota.
—¿Tenés algo en el auto? —me preguntó el del seguro.
—Sí, mi cartera, el termo y mate.
—Sacalo ya, que me lo llevo.
—¿Qué otra me queda?
Saqué todo del auto y volví a encarar al tipo. —Ahora, pedazo de un imbécil, me das todos tus datos.
—Dáselos, ahora —le ordenó el policía.
Él me los dio a regañadientes.
—Tendrás que venir a firmar la denuncia a la seccional 3 —me avisó el oficial.
—Ok, queda cerca, después del trabajo voy.
—¿Vas a ir a trabajar?
—Soy secretaria ejecutiva de un CEO.
—Como quieras. Ya te podés ir.
—Gracias.
—¿Y yo? —preguntó el hombre.
—Todavía no, además, tu seguro todavía no vino.
Yo me voy, son cuatro cuadras. Llegué, subo al ascensor, bajo en mi piso.
—¿Qué le pasó a la "perfecta"? —me soltó Lorena apenas me vio.
—No me rompas las pelotas.
Me miró. Estoy desastrosa. Me saco el saco del traje, me arreglo un poco y entro. Lorenzo está en la silla de invitados con su celular.
—Lorenzo, llegué.
—Hola Pau, llegás tarde.
—No me rompas las pelotas. No sabés con la bronca que vengo. Un idiota me chocó de atrás, me destrozó el auto, llevo una hora peleando con el tipo, casi lo cago a trompadas. Te avisé, te mandé un audio que, por lo visto, no lo escuchaste. Sos tremendo boludo, siempre lo mismo contigo. Vengo de terrible macana (relajo) y vos muy pancho (tranquilo). Me tenés re podrida. Sos un gurí. No sé qué mierda hago trabajando contigo.
—Ragazza, ¿cómo que te chocaron? ¿estás bien? —preguntó Lorenzo, recién reaccionando.
—Hierba mala nunca muere (que es imposible destruir). Además se activó el airbag. Mierda, no... la punta de un sauce verde. Tendría que haber matado a ese tipo. ¡Me olvidé el CD! Me quiero matar, ¡qué pelotuda!
—Tranqui, bajá un cambio.
—Lorenzo, no me rompas las pelotas. ¿Sabés lo que vale ese CD? Es una edición limitada de Airbag del 2004, es de colección. ¡Vale una fortuna! Ahora tengo que llamar para avisar y espero que no me lo toquen porque los mato en serio. Ya sé, le voy a decir a Caro. ¡Qué día de mierda!
—Peti, calma. Sí... además tenemos visita, no estamos solos.
—¿Qué?
Él me señaló al frente. Hay un hombre, me está mirando de manera intensa y juzgadora, también arrogante, pero hay algo más. Tiene un traje de tres piezas color gris tirando a n***o, corbata negra, camisa blanca. Pelo castaño casi n***o, ojos color ámbar, tiene una barba candado perfectamente cuidada.
Trágame tierra y escúpeme en China... no, mejor en los brazos de Dongfang Qingcang (Dylan Wang) y Xiang Liu (Tan Jianci).
—B... Buen día, disculpe la intromisión, hoy no está siendo mi mejor día —atiné a decir.
—Lorenzo, interesante manera de conocer a tu secretaria —dijo el hombre—. È un piacere conoscerLa, signorina Paula (Es un placer conocerla, señorita Paula).
—Pau, te presento a Giovanni, el jefe de mi hermano —dijo Lorenzo.
Mierda, si ya no me llevo con Marco, este es el fin.
—Un placer. Lorenzo, me voy a trabajar.
—De ninguna manera. Estoy seguro de que te sentís mal y no decís nada —me frenó Lorenzo.
—No exageres, solo me duele el cuello.
—Nos vamos ya al hospital.
—No, me quedo trabajando. Lorenzo no seas irresponsable, ya lo hablamos.
—Me importa poco, ya te llamo a la ambulancia.
—Me voy a mi oficina.
—No, te quedás acá.
—No, me voy a la oficina a trabajar.
En serio me duele. Salgo de la oficina, voy a la mía, empiezo a trabajar, arreglo todo y vuelvo a la oficina de Lorenzo.
—Lorenzo, esta es la agenda semanal, estos documentos los tenés que firmar, te pasé tres correos para contestar. Después me los pasás a mí, los tengo que traducir al portugués e inglés.
—Ok, gracias.
Yo le intento dejar todo, pero siento un tirón de dolor. Mierda. Termino de dejar todo.
—¡Basta! Te sentás acá, en donde te pueda ver, y no trabajás más hasta que llegue la ambulancia —ordenó Lorenzo.
—No, estoy bien.
—Esta vez te estoy hablando en serio, ¿o querés que llame a la barra?
—Ese es un golpe bajo. Bien.
—Llámalos antes de que me quieran matar a mí —concluyó Lorenzo.