Ayer el asado estuvo genial. Me levanto, baño, me pongo un jean y remera, peino y salgo.
—Buen día, ¿Y Mati? —le pregunté a Carolina.
—Buen día, fue por bizcochos.
—Y después la gorda soy yo —bromé.
—Sí, pero eres mi gordita bella —dijo Matías entrando en ese momento.
—Hola, ¡boludo! La de esa novela pesaba como ciento ciento cincuenta kilos, yo no peso tanto.
—¡Jajajajaja! Buen día, Pau, lo sé, te estaba jodiendo.
—Decime que compraste dulces.
—Sí, pesada.
—Gracias.
Miro la hora: diez y media. Se me fue la moto (me excedí).
—¿Cuándo se despertaron? —les pregunté.
—A las diez —respondió Carolina.
—Perdón, se me fue la moto durmiendo.
—Peti, es domingo —me consoló Matías.
—Bueno, sí, dormimos tarde ayer.
—¿Qué vamos a comer? —quiso saber Caro.
—Caro, recién me levanto, ¡aguantá un cacho (espera un tiempo)! Además ni siquiera empezamos a tomar mate.
—¡Dame que yo cebo! —dijo Matías—. Porque ustedes se ponen a hablar y olvidate.
Caro le pasó el termo y el mate.
—¿Por qué no hacemos ravioles? —propuso Matías—. Pau, ¿te hacés la salsa? Que te queda de re chupete.
—Sí, la hago, pero quiero de ricota, y les hago la salsa con carne, para mí aparte.
—¡Te vas a matar cocinando! —exclamó Carolina.
—No exageres, son solo dos salsas, no como la otra vez que me tuvieron no sé cuántas horas haciendo canelones para la barra.
—Eso te pasa por cocinar rico.
—Bueno, soy uruguaya ¿qué querés?
—Pero no todas cocinan bien —dijo Carolina.
—Las que tuvieron que hacerlo de adolescentes sí —intervino Matías—. Todas ustedes ya cocinaban a los diecisiete o dieciocho.
—No nos quedó de otra —explicó Carolina—, nuestros padres se rompían el lomo trabajando (trabajar muy duro). Teníamos que ayudar.
—Y ahora nos rompemos el lomo nosotros.
—¡Jajajajaja! Pero nosotros no tenemos hijos —dije yo—, vivimos una vida más cómoda y nos vamos de vacaciones, ellos no lo podían hacer.
—Bueno, en comparación es verdad.
Yo pongo No Te Va a Gustar, nos pusimos a tomar mate y hablar; me encantan estos momentos de paz.
—Bueno ¡a cocinar se ha dicho! Yo pico —anunció Matías.
—¡Oki, mejor para mí!
—Y yo sigo cebando —dijo Carolina.
—Pará, carne no tengo —recordé.
—No te preocupes, ya compré todo.
—¡Jajajajaja! Sos fatal (que es el mejor al planificar por adelantado).
Fuimos y cocinamos mientras tomábamos mate, nos sentamos a comer tranquilos e hicimos sobremesa.
—Bueno, yo lavo los platos —dijo Carolina.
—Ok, yo me ocupo de lo demás.
—Yo hago el cuarto —dijo Matías, y entró al cuarto en el que se quedan.
—¡Poné música para limpiar! —me pidió Carolina.
—¡Voy!
La habíamos apagado para comer, así que puse "Oops!...I Did It Again", de Britney Spears. Nos pusimos a bailar mientras limpiamos; es nuestra forma de hacer las tareas domésticas más divertidas. Estuvimos un rato largo bailando y limpiando.
—Che, Pablo tiene razón —dijo Matías saliendo del cuarto—, vas a matar a uno de un infarto, petisa, ¡Jajajajaja!
—Y que se muera, yo qué culpa tengo —dije encogiéndome de hombros. Solo estoy bailando en mi casa para divertirme, no para andar provocando.
—Gurisas, yo me voy, tengo fútbol con los gurises.
—Sí, me dijo Lorenzo —le contesté—. Che, no sean brutos, no lo lastimen.
—¿Nosotros? ¡Si él pega re fuerte!
—¡Entonces jueguen tranqui, no a las patadas, en serio!
—Sí, chau.
Él me dio un beso y fue a donde estaba Carolina. Me encanta verlos, se les nota el amor a leguas.
—¡Chau loquita, nos vemos después! —se despidió de ella.
—¡Chau, amor!
Bueno, estas partes no tanto. Yo me hago la boluda ¡le está comiendo la boca! ¡Jajajajaja!
—Nos vemos.
—¡Sí, dale!
Él se fue y nosotras nos sentamos a descansar.
—¿Mate? —pregunté.
—No, son tres y media recién.
—¿Y estos boludos qué tienen fútbol a las cuatro? Se van a asar (tener mucho calor).
—No sé, que se manejen (que se arreglen).
De repente, aparecieron las demás chicas.
—¿No están muy cómodas ustedes? —soltó Valeria entrando.
—¿Qué hacen acá? —preguntó Carolina sorprendida.
—¿Qué más? Tarde de chicas y quilombo —respondió Camila.
—¡Jajajajaja! ¿Y en dónde estaban ustedes que llegaron todas juntas?
—Se quedaron en casa después del asado —explicó Sofía—. Sí, se tomaron hasta el agua de los floreros estas dos (tomaron mucho).
—¿Y los gurises? —quiso saber Carolina.
—En la casa de Esteban, siguieron de peda después que nosotros nos fuimos.
—¡Jajajajaja! Con ustedes no se puede, decí que con estos dos manejé yo, por las dudas.
—Che, ¿por qué no te comprás una camioneta y nos llevás a todos después de los asados? —propuso Valeria.
—¡Ni en pedo! Me tengo que recorrer todo Montevideo. ¡Sean responsables, no tomen!
—Eso no va a pasar, Pau —dijo Camila—. Poné Belinda.
Yo puse "Bella Traición".
—Al fin no tenemos a los pesados, que no nos dejan ser felices —suspiró Valeria.
—Bueno, lo dirás por los demás, porque Mati y Pablo nos dejan ser.
—Es porque son buenos pibes —dijo Sofía—, los otros son unos exagerados. Lo que pasa es que no quieren reconocer...
—Que Belinda es su amor platónico ¡Jajajajaja! —completé yo.
—A qué adolescente no le gustaba Belinda, la guacha es preciosa —agregó Valeria.
—La verdad que sí, y todavía está soltera —dijo Carolina—. Eso te da la pauta (eso te muestra claramente) que no importa si sos linda o tenés plata, hay hombres que no valen la pena.
—Tenés razón, ¡brindemos por la eterna soltería! —exclamó Sofía.
—¡Jajajajaja!
—Pero los gurises sí valen la pena —intervine yo—, solo son exagerados, no quieren reconocer que debajo de esa fachada son unos ositos de peluche. Cuántas veces uno de ellos nos prestó el abrigo, nos tapó en las juntadas cuando nos dormíamos sentadas. El problema es que para ellos sería mortal admitir que también son tiernos, si no fuera así no les gustaría Kudai.
—Pará, yo no me refiero a nuestros hombres, solo a los demás, ellos nunca estuvieron en la bolsa —aclaró Carolina.
—Che, recordame por qué no somos sus novias —dijo Valeria.
—¿Sos boluda o qué te pasa? —le contestó Camila—. No lo son porque son nuestros amigos, casi hermanos.
—Boluda, lo sé, si no me hubiera acostado con Javier o Diego, o cualquiera de los solteros; era una ironía.
—¡Déjense de pavadas y vamos a bailar! —gritó Sofía—. Poné Beyoncé o Rihanna.
Caro puso la lista de pop que nos gusta; también está Katy Perry, Fergie y demás. Todas con sus clásicos nos pusimos a bailar hasta que no pudimos más.
—Ta, ya no aguanto —dijo Camila rindiéndose.
—Somos dos.
—Che, ya tengo hambre —avisó Sofía.
—¿Pido unas pizzas con muzza? —ofreció Valeria.
—¡Con fritas (papas fritas)! —agregó Carolina.
—¿Cuántas pido?
—¿No sé, tres y tres? —sugerí.
—¡Con eso nos morimos de hambre, que sean cuatro y cuatro! —corrigió Camila.
—Y tres refrescos.
—Cerveza —pidió Camila.
—¡Ya saben las reglas nada de alcohol! —le recordé.
—Dejate de joder Cami, mañana trabajamos; si tomamos ahora, mañana nadie trabaja —dijo Valeria.
—Tiene razón, ya está —concluyó Sofía.
Ella pidió la comida y refrescos, nos sentamos a comer y seguimos hablando. Todos me quieren emparejar a mí, pero los únicos en pareja son Mati y Caro.
—Pau, ¿por qué no te cantás "My Immortal" de Evanescence? —me pidió Sofía.
—Ok, la canto.
Yo empecé a cantar como me gusta, sintiendo la canción. Cuando terminé, las chicas me miraban fijo.
—Sofí, le hubieras pedido otra —dijo Camila—, ¡esta guacha te desgarra igual que Amy!
—Bueno, entonces un clásico —dije yo.
Les canté "Flores Amarillas" de Floricienta y ellas hicieron el coro.
—¡Ahora "It's My Life" de Bon Jovi! —pidió Carolina.
Yo la canté. Así estuvimos un tiempo hasta que llegaron los chicos y se las llevaron. Javier se llevó a Valeria junto con Diego, Esteban a Sofía y Pablo a Camila. Obviamente Mati se llevó a Caro. Una vez se fueron todos me quedé mirando algo; a las nueve apagué todo, me apronté y a dormir.