Me despierto. ¿Qué hora es? Las diez. Bueno, es sábado. Me levanto, baño y demás; me pongo un jean, la remera (camiseta) de No Te Va a Gustar, me peiné y salgo de mi cuarto (habitación).
—Buen día, ¿a qué hora te despertaste? —le pregunté a Matías.
—Buen día, recién.
—¿Y Caro?
—Ya sabés cómo es, recién salió por los bizcochos.
—¿Y no me esperó?
—Debe estar cerca.
—Ok.
Yo salgo de la casa y corro. La encontré a mitad de cuadra.
—¡Bo, loca! ¿Por qué no me esperaste?
—Buen día —me dijo Carolina—, no dormimos juntas, pensé que seguirías durmiendo.
—Buen día, sí, perdón, vamos te acompaño.
Fuimos a la panadería y compramos bizcochos. Pagamos y fuimos a casa.
—Paula, ¿cuándo vas a darte una oportunidad con otra persona? —me preguntó Caro en el camino.
—Caro, no puedo hacerlo. Mi futura pareja si es que llega, se merece mi mejor versión, que pueda estar con él sin recordar a otro. Y en este momento no puedo ofrecer eso, sería egoísta de mi parte. Si lo hago realmente no voy a ser feliz.
—Tenés razón.
Llegamos a la casa y entramos.
—¡Llegaron, ya está el mate! —gritó Matías.
—¡Genial!
Puse los bizcochos en la mesa, bueno una bolsa.
—¿Es joda no? (es broma) —dijo Matías mirando la bolsa—. ¡Todo dulce! Acá solo hay margaritas de crema y dulce de leche, los demás también son dulces.
—Ja, ja, ja, tomá Mati.
Le pasé la otra bolsa, son cuernitos y media luna de queso. Él empezó a comer.
—¡Gracias, estos sí son bizcochos!
—No hables con la boca llena, que es de mala educación.
Él tragó.
—Perdón, tenía hambre.
En eso nos llega una llamada grupal, así que contesto y pongo altavoz.
—¡Hola, barra! ¿cómo están?
—Hola, Peti (petisa/baja) ¿cómo estás?, ¿me extrañás? —preguntó Pablo.
—Pablo, ¡claro que te extraño! No me llamaste, yo te llamé y estabas ocupado.
—Sí, perdón, estuve a ocupado.
—Paula, después hablan de eso —interrumpió Esteban—. Ahora lo importante ¿qué vas a hacer? ¿Qué les parece un asado?
—¡Sííí, me prendo! (me sumo) —dijo Carolina.
—Yo también —se sumó Matías.
—Yo sabía que esto iba a pasar. ¡Dale! ¿a dónde vamos? —pregunté yo.
—¿En mi casa? —ofreció Nicolás.
—¡Ni en pedo! (ni borracha/de ninguna manera) —saltó Valeria—. Vivís en el Cerrito de la Victoria, no me voy a hacer todo Montevideo.
—Vale, ¿me pasás a buscar? —pidió Diego.
—A mí también —agregó Javier.
—¡Sí pesados! Entonces...
—Ta, vengan a casa —dijo Esteban.
—También queda lejos. Bueno, está bien, Tres Cruces queda mejor para todos —aceptó Valeria.
—Me gusta la idea, Esteban, ya te caigo —dijo Sofía.
—Claro, porque te queda tan lejos —dijo Camila con sarcasmo.
—Vos tampoco te hagás, que en diez minutos estás allá —le retrucó Valeria—. A los que les queda más lejos es a nosotros.
—No sé por qué todos se mudaron lejos —dije yo—. El Cerrito, Villa Española, Goes, Tres Cruces. ¿No era más fácil quedarse en la Unión o Piedras Blancas?
—No, me gusta la zona —dijo Nicolás.
—A vos porque te gusta la historia —le dijo Carolina.
—¿Y por algo soy profesor no?
—¡Déjense de joder y muévase! —gritó Camila. Ya se calentó y cortó.
—¡Ja, ja, ja! ¡Chau!
Cortó la llamada.
—Bueno ¡a la juntada se ha dicho! —dije yo—. Para, tengo que pasar por el Tata (supermercado) así compro algo para comer yo. Ya de paso me compro un refresco.
—Entonces vamos y ya compramos para nosotros también —dijo Matías.
—Ya de paso llevá la botella de cerveza así me la sacás de casa, antes que vengan y se den cuenta.
—Y compramos helado —dijo Carolina.
—No hace tanto calor para helado, ¡no jodás!
—Amor, ¿puedo comprar helado? —le preguntó Caro a Matías.
—¡Claro, mi loquita linda!
Yo ruedo los ojos. Fuimos y yo compré unas hamburguesas veganas, unos bastones de mozzarella. Caro se salió con la de ella y compró dichoso helado de chocolate. Yo compré una torta de dulce de leche y unas tabletas de chocolate. Partimos para ir a la casa de Esteban, tocamos timbre y nada.
—¡Deja, estos están de quilombo (relajo/fiesta) y por eso no escuchan! Yo tengo la llave —dijo Matías.
Él abrió. Sí, varios tenemos llave de la casa de otros por las dudas. Entramos, no los encontramos. Dejamos todo en la cocina y subimos a la terraza. Es una casa reciclada, bueno la mayoría tenemos una. Es mejor. Yo la mía saqué un préstamo muy grande y la pagué con mi trabajo. Más los bonos la terminé el año pasado. Nada como el luchar por lo propio. ¡Ya está la barra!
Todos estaban con remeras de distintas bandas: La Vela Puerca, No Te Va a Gustar, El Cuarteto de Nos, La Renga y los Redonditos de Ricota.
—Hola, Petí, qué bueno verte, ¡en serio perdón estuve a full (al máximo) con el trabajo! —me dijo Pablo, que es diseñador gráfico. Me dio un abrazo y un beso.
—Tranqui, yo también.
—¡Dejate de abrazarlo y vení a hacerlo con nosotras! —gritó Valeria. Es una loca suelta, es psicóloga.
Yo las abrazo a todas y, bueno, a los chicos también.
—Bueno, ¿qué hacemos? —preguntó Nicolás.
—¿Es joda?, primero tomar mate y después hacer el asado —dijo Matías.
—No te preocupes Sofía, traje para las dos —le dije.
—Claro, la querés a ella porque come pasto como vos —me dijo Camila.
—¡Ja, ja, ja! ¡No como pasto guacha, y traje chocolate!
—Pau, ¡cántate algo, dale! —pidió Javier.
—Dale, tengo la guitarra —dijo Esteban.
—Ok. Y yo te voy a esperar y no me voy a pintar...
—¡No rompas las pelotas (no molestes) con Floricienta! —me gritó Diego.
—¡Ja, ja, ja! ¿Qué quieren que cante? ja, ja, ja.
—Un clásico, "Mujer Amante", de Rata Blanca —pidió Nicolás.
—Ok.
Yo me siento y me pongo cómoda. Esteban empezó a tocar y yo a cantar:
—Siento el calor de toda tu piel, en mi cuerpo otra vez. Estrella fugaz, enciende mi sed, misteriosa mujer. Con tu amor sensual, cuánto me das. Haz que mi sueño sea una verdad. Dame tu alma hoy, haz el ritual. Llévame al mundo donde pueda soñar.
—Uh, debo saber si en verdad en algún lado estás. Voy a buscar una señal, una canción. Uh, debo saber si en verdad en algún lado estás. Solo el amor que tú me das me ayudará.
—Al amanecer, tu imagen se va, misteriosa mujer. Dejaste en mí lujuria total, hermosa y sensual. Corazón sin Dios, dame un lugar en ese mundo tibio, casi irreal. Deberé buscar una señal en aquel camino por el que vas.
Yo terminé de cantar y los boludos aplauden.
—Me encanta escucharte cantar, lo hacés genial —dijo Matías.
—La verdad que sí, ¿amiga por qué no te volvés cantante? —preguntó Sofía.
—Dale, hacemos una banda de rock —dijo Esteban.
—Y nos morimos todos de hambre, ¡no jodan!
—Bueno, en eso tiene razón —dijo Nicolás.
—Pero fuera de joda, Paula cantás precioso y no importa lo que cantés —me dijo Valeria.
—Gracias.
—¡Ahora sí, Vestido Azul! —pidió Camila.
—Les gusta vernos sufrir —dijo Pablo.
—¡Sí! —gritamos las chicas.
—¡Ja, ja, ja! Gurises es como dice el dicho: "Si no puedes con ello, únete le" (es "si no puedes vencer únete") —dijo Matías.
—¡Traidor! —le dijo Nicolás—. No me digas nada también bailás pop con estas dos locas.
—No, pero me divierte verlas bailar.
—Te divertirá Paula, porque Carolina lo dudo —dijo Esteban.
—Bueno, en eso tenés razón. Mi loquita mueve las caderas que ni te cuento —dijo Matías.
—¡Mirá que Paula no se queda atrás! —dijo Pablo—. Al contrario si no fuera mi amiga, la hago mi novia. Es demasiado sensual bailando.
—Pau no te emborraches, porque te va a pasar lo de "Perfecta" de Miranda (banda argentina) —me dijo Camila.
—¡Ja, ja, ja! Por eso no tomo. Pablo te quiero mucho, pero ni en pedo me acuesto contigo.
—¡Ja, ja, ja! Somos dos —respondió Pablo.
—¡No me jodas! —dijo Diego—. Los de esa canción ya se tenían ganas. ¡Mirá si solo por estar en pedo vas a tener sexo con tu amiga, no jodas! Eso no pasa con amigos de verdad.
—Tenés razón —dijo Javier—. Yo he estado re en pedo con Valeria y nunca acabamos así.
—¡Qué tiempos aquellos! —dijo Valeria.
—Boluda, fue hace tres meses —le dije—. Fui a tu casa y estaban los dos tirados en el suelo re en pedo. Decí que era domingo.
—¿Qué, no tenés sillones? —preguntó Diego.
—Lo intentamos, pero nos caímos del pedo tan grande que teníamos —respondió Javier.
—¡Ja, ja, ja!
—¿Qué tomaron? —preguntó Diego.
—Pregunta qué no tomaron —dije yo—. Tenían grapa, cerveza no sé cuántas botellas, son unos boludos.
—Pero solo lo repito de un viernes para un sábado —explicó Valeria—. El lunes en las terapias, no me podía concentrar y me dolía la cabeza.
—Si queda mal algo en Montevideo, ya saben quién fue el ingeniero civil, Javier, ese lunes. ¡Ja, ja, ja! —se burló Camila.
—Decí que no fui ese día, no soportaría a treinta pibes así —dijo Camila (que es maestra de primaria).
—¡Te das falta! Total las maestras lo hacen siempre —le dijo Diego (que es programador/desarrollador web).
—¿Y por qué a mí no me invitaron? —preguntó Esteban (que es arquitecto).
—Para la próxima te invitamos.
—Y completamos el cuadro (se refiere al fútbol) —dije yo—. Ese lunes tenemos las calles mal hechas, los edificios desastrosos.
—Lo bueno que yo no tomo tanto —dijo Sofía (que es diseñadora de modas).
—Vos siempre fuiste tranquila aun en pedo.
—Vos no tomás si sos una loca suelta ¡imagínate si tomás! —me dijo Camila—. Por favor, no queda nadie vivo en Montevideo. Con razón seguís soltera.
—Se te fue la mano (fuiste muy lejos) —dijo Pablo—. Sabés por qué está soltera.
—Déjala, tiene razón —dije yo—. Esa es una de las razones, no cualquiera me aguanta.
—Petisa, sos una gran piba, no seas así —dijo Matías.
—Cambiemos de tema, ¿qué ponemos, El Cuarteto? —preguntó Esteban.
—No, esa banda nadie la entiende. Poné la Vela Puerca —dijo Carolina.
Él puso "Viejo Divino". Bueno empieza la joda del asado. Esta tarde será de desestres