Duelo de Sombras y Fusión Eterna Cap 24

1098 Words
El grito desesperado de Seraphina, rompiendo el Sello de Proyección, resonó a través de la frontera. Kaelan, impulsado por el poder oscuro y antinatural de la Armadura de Óbito, se movía con una velocidad y una ferocidad que solo el odio total podía otorgar. Su rabia, amplificada por la magia de las Cenizas, era casi tangible, asfixiando la vida en el aire. "¡Maldita sea tu pureza, elfo! ¡Y maldita la carne que te vendió!" gritó Kaelan, desenvainando una espada negra que parecía absorber la luz. Seraphina sabía que no tenía tiempo. La Armadura de Óbito de Kaelan amplificaba la desesperación de los Caballeros de la Llama, que ahora se desangraban en un combate fratricida. Seraphina era la única que podía detener el drenaje de su moral y su vida. Seraphina desenvainó la única espada que llevaba: una hoja corta élfica que Aelion le había regalado, más un símbolo que un arma de guerra. Kaelan atacó con una fuerza abrumadora, pero Seraphina, entrenada en la esgrima humana de su pasado y acelerada por la gracia élfica que había absorbido, se movió como un relámpago. "No te enfrentas a una curandera, Kaelan," Seraphina jadeó, desviando un golpe que habría partido la roca en la que se apoyaba. "Te enfrentas a la Reina del Éter." El verdadero poder de la oscuridad no estaba en la fuerza bruta, sino en la corrupción emocional. Kaelan intentó aplastarla con el peso de su pasado compartido. "¡Te vendiste por una vida cómoda! ¡Traicionaste a tu gente por un amor que te consume!" gritó Kaelan, su voz resonando con la magia de las Sombras. "¡Sientes el agotamiento! ¡Tu vida se acorta, mientras él vive para siempre! ¡Morirás y él te olvidará en mil años!" Seraphina sintió la verdad de sus palabras como una puñalada helada. El miedo a la extinción la golpeó con una fuerza paralizante. Pero luego, sintió el frío estabilizador del brazalete de plata de Aelion. La Fusión. Seraphina empujó su propio miedo hacia adelante, usándolo como combustible. El Fuego Vital en su interior estalló, una llama dorada caótica que no curaba, sino que quemaba la oscuridad. Ella no apuntó a Kaelan, sino a la tierra húmeda que pisaba. Usando su conocimiento de la magia de la tierra, canalizó el Fuego Vital para crear una g****a que lanzó un polvo altamente irritante que cegó momentáneamente a Kaelan, dándole un par de segundos cruciales. En ese momento de respiro, Aelion Nightera se materializó con la fuerza de un rayo, envuelto en una tormenta de magia pura y cristalina. El Éter puro chocó contra la magia de las Cenizas, creando una explosión violenta de luz y sombra. "¡Aléjate de mí Consorte, criatura de la ambición y la traición!" tronó Aelion. Kaelan, debilitado por el ataque de Seraphina, giró su Armadura de Óbito hacia Aelion. "¡Tú eres la abominación, elfo! ¡Has roto la ley de la Pureza! ¡Tú eres la fuente de la corrupción!" gritó Kaelan, invocando la energía oscura para atacar la mente de Aelion con el dolor de su herida y la duda sobre su Ley de Adaptación. Aelion sintió el ataque. No era físico; era un asalto directo a su culpa y a la impureza que había permitido entrar en su esencia. Por un instante fatal, el Rey Elfo se tambaleó, la Pureza luchando contra la Adaptación. "¡Aelion, no es corrupción! ¡Es la envidia! ¡Él usa el odio! ¡Somos la Ley!" gritó Seraphina, corriendo hacia ellos, ignorando el peligro. Seraphina tocó la mano de Aelion en un acto de absoluta confianza. En ese contacto, ella no le dio Fuego Vital. Ella proyectó la Visión del Espejo de la Visión Pura: la imagen de la Fusión, de la unión innegable del fuego mortal y el cristal élfico, directamente a la mente de Aelion. La imagen de la Fusión destruyó el asalto mental de Kaelan. La culpa de Aelion se disolvió en la certeza de su amor y su ley. El Rey se enderezó, sus ojos brillando con un poder aterrador y absoluto. Aelion levantó su mano, y el Éter se concentró en un torbellino azul cristalino, denso y eterno. No apuntó a Kaelan, sino a la Armadura de Óbito, el corazón de su poder oscuro y la fuente de la corrupción de la Secta de las Cenizas. "Tú eres la traición humana; Seraphina es mi ley," declaró Aelion. "Tu rabia no tendrá más poder sobre la vida." El Éter golpeó la Armadura de Óbito. La magia oscura gritó mientras el cristal puro la envolvía, sellándola. Kaelan sintió que su poder se desvanecía, reemplazado por el dolor de la contención. Kaelan, de nuevo solo un hombre, cayó al suelo, su cuerpo retorciéndose de frustración. "¡No! ¡La maté por tu bien, elfo! ¡Ella no era digna!" "Te equivocaste. Ella es mi sacrificio y mi eternidad," dijo Aelion, sellando su destino. Aelion no mató a Kaelan. En su lugar, usó el Éter para sellar el alma de Kaelan dentro de la Armadura de Óbito, transformando la armadura en una reliquia de obsidiana. Aelion enterró el objeto en una g****a profunda creada por la magia élfica. El odio de Kaelan sería contenido, una prisión eterna que serviría como advertencia. Alrededor de ellos, los Caballeros de la Llama cayeron de rodillas, el hechizo de la Secta de las Cenizas roto. Lord Torin se arrastró hasta Seraphina. "Mi Reina, fallé. Nos consumió la desconfianza y la rabia." Seraphina tocó el hombro de Torin, su Fuego Vital pulsando débilmente. "La humanidad es falible, Torin. Por eso necesitamos la disciplina. No fallaste, resististe lo suficiente para que llegara el Rey. Sois la prueba de que lo mortal puede elegir la luz." Aelion miró a Seraphina, la Reina en el barro, con la espada de Kaelan a sus pies. La vio agotada, su esencia vital menguando por el esfuerzo del duelo, pero triunfante. "Seraphina ha demostrado que la Ley de la Adaptación es superior a la Pureza y a la Oscuridad," declaró Aelion ante los hombres y los Guardias de Ébano que habían observado a distancia. "Mi Consorte no es un experimento; es la salvación de Silvantis. Ella es mi corazón, mi nueva Ley. Y yo, por esta Fusión, soy su Guardián hasta el fin de su vida." El Rey Elfo, que había prometido no cambiar su esencia por nadie, había accedido a compartir su eternidad. La Ley de la Sangre y la Pureza había sido reemplazada para siempre por la Ley de la Fusión y la Adaptación.
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