~ AVA PAIGE - NOVIEMBRE 2021 ~
—¡Avie, deja de usar el bendito aguacate para ponerlo en tu cara! —mientras ella gritaba yo corría hasta mi cuarto con un plato de aguacate y aceite de oliva en las manos, que iba a embarrar en mi rostro.
—¡Ma' es la última vez, lo prometo! —después de gritar mi respuesta, reí para mí. Me senté en la silla y me empecé a colocar la mascarilla natural.
Ya había cumplido veinte, veinte putos años. Aún no sabía cómo explicar lo que significa tener esta edad, y ya había pasado un mes desde el 18 de octubre. Es como si pudiera hacer lo que se me plazca, pero a la vez no porque tengo que ser una adulta responsable, no lo sé, todo es nuevo.
Me recosté en la cama con la cara verde mientras leía los mensajes en el grupo de mis amigas.
Sexy Ame
Estoy de nuevo de niñera, oficialmente no tengo dinero.
¿Cuándo has tenido dinero?
Sexy Ame
Jaja, muy graciosa. Mi padre me ha cancelado las tarjetas de crédito por discutir con mi madre.
Rubia
Es que no aprendes.
Tranquila, ya te la ha devuelto otras veces.
Sexy Ame
Creo que esta vez hablaba enserio :(
Yo concuerdo con Isla, eres su niña consentida, no durará mucho con esa fachada de papá rudo lol.
Sexy Ame
Jajajaja. ¿En que andan?
Rubia
Buscando universidades, estoy harta.
Sexy Ame
Me había olvidado por completo de eso.
Yo ya elegí :)
Rubia
¿Cuál?
Imperial College London.
Sexy Ame
Buena elección, Isla y yo queremos estar juntas, ya que vamos a por lo mismo.
Rubia
Si, pero he pensado en la misma que Avie, son buenos en medicina, por lo que veo.
Sexy Ame
Vale, pues cuando llegue a casa me pondré a buscar. Nos vemos, el niño quiere cambio de pañal. (Mátenme)
Adiós xd.
Rubia
¡Bye!
Deje caer mi teléfono al lado de mi cabeza. Al alzar la vista mi madre estaba parada en el umbral de mi puerta.
—Pareces un chiste. Habla con tu hermano para que baje a comer.
—Deberías poner aguacate en tu cara, las arrugas ya se pueden ver —dije con tono chistoso.
Me da una mirada de furia y me lanza la toalla de mano que sostenía, logré esquivarla y darle una sonrisa de victoria antes de irse.
Me levanté, me detuve en la puerta de mi hermano.
—¡Bicho, baja a comer! —le grité detrás de la madera.
—¡Voy! —baje las escaleras para sentarme en el comedor.
No pude ni siquiera sostener el tenedor porque mi teléfono vibro sobre la mesa, mire la pantalla de bloqueo, Cinthia, me había dicho que salíamos en veinte.
Rápidamente me levanté para ir a mi cuarto y lavarme el rostro. Busque lo que me pondría. Me senté enfrente del espejo para ver que hacía con esta cara. Me coloqué los zapatos y enganche la correa de la cámara por encima de mi hombro.
—Saldré, no tardo —espeté, tomando mis llaves desde la entrada.
Caminar hasta el lugar demoraba unos diez minutos, más los que tardé arreglándome.
Apresure el paso.
Estaba viendo el paisaje y lo que pudiera ser fotografiado. Tomé algunas fotos. Mientras miraba a través de la cámara, venía Cinthia, aproveche y le tome una foto despistada.
—¡Hola! —me abraza e inmediatamente deja un beso en mis labios. Me quedé quieta en mi sitio, confundida. —¿Qué pasa? —pregunta.
—¿Qué fue eso? —su cara cambio de reacción, su sonrisa había desaparecido.
—Avie... —negué con la cabeza poco a poco, mientras la sangre subía hasta mi cabeza.
—Eso ya se acabó. Sabes que ya no más lo que tuvimos —ella asiente avergonzada, y me sonríe. Como si de un día para otro entendiera a la perfección lo que llevo meses diciéndole.
—Ya. Concentrémonos en el trabajo —me dio la espalda y caminó fuera de mi espacio.
Debía relajarme y no seguir con la actitud que había generado con ese simple acto, las fotos no pueden demostrar sentimientos ajenos. Tenía que pasar este último portafolio a como de lugar.
Nos detuvimos en unos troncos para descansar que daban vista amplia al péguelo bosque que nos rodeaba.
—¿Ya sabes a qué universidad irás? —le pregunté mientas revisaba las fotos que había tomado.
—Imperial College —la miré confundida. Si era coincidencia, vaya putada de coincidencia. Asentí con mala gana. —. No pongas esa cara, no te estoy persiguiendo o algo así —formó una mueca con su rostro.
—No he dicho nada.
—Te conozco, sé que lo pensaste.
—Como sea. Tomemos las últimas fotos del día.
—¿Harás algo más tarde? —le di una mirada indiferente. Cada vez que preguntaba eso, no era para nada bueno.
—No.
Decirle que sí sería una discusión interminable del porque la he superado tan rápido, de con quien sería, donde, hora, para por último preguntar si podría ir conmigo, y ya me estaba hartando.
—Vamos —nos levantamos y seguimos caminando.
Las ultimas fotos se las tomé a unos cuervos posados a lo alto de un pino verde que estaba recuperando el color que perdió en otoño.
—Creo que las tengo —me dije.
Me acerqué hasta donde estaba ella.
—¿Lista? —asiente, y estábamos listas para irnos.
Entrando por la puerta la voz de mi hermano se hace notar.
—Avie, Amelia te estaba buscando —me avisa el pequeño, mientras jugaba y se llevaba a la boca M&M's.
—No comas tantos dulces —subí a mi cuarto.
Tiré mi bolso sobre la cama, coloqué la cámara sobre mi mesa de noche y tomé mi teléfono sentándome sobre el colchón para saber que había pasado.
—Al fin —es lo primero que dice Amelia al contestar.
—Estaba tomando fotos.
—¿Con Cinthia? —reí.
—Sí. ¿Qué querías? —dije mientras me movía para pasar las fotos a mi ordenador.
—¿Te apetece salir esta noche? —me detuve a pensarlo unos segundos. Aunque ya sabía mi respuesta.
—Si prometes no subirte en la barra, otra vez —escuché su risa en la otra línea.
—Pasáremos por ti. Besos.
Tomé una ducha. Me coloqué algo cómodo para bajar a comer. Me preparé arroz con un poco de soya texturizada. Debido a lo improvisto que fue Cinthia, no pude comer absolutamente nada en todo el día.
Para alistarme puse mi playlist, la necesitaba para todo, me era importante entrar en ambiente. Mientras me ondulaba el pelo recibí una videollamada de Isla.
—Estás muy linda —dice para mí, con una sonrisa.
—Tú igual. ¿Están listas? —me miraba en el espejo, viendo que no me prieta demasiado la plancha al cuello.
—Estaremos allá en cinco minutos.
—Mierda —cerré la llamada y seguí en lo mío.
Escuché desde mi cuarto el sonido de la bocina del auto de mi amiga. Me asomé por la ventana que daba a la entrada de la casa y a lo que era la calle principal.
—¡Voy! —grité desde ahí.
Tomé mi bolsa y por último terminé de ponerme el labial rojo.
Abriendo la puerta trasera del auto la música me penetro los oídos, pero era agradable a la misma vez. Nos saludamos. El ambiente del auto era de lo mejor, siempre era igual cada vez que salíamos de fiesta. No era que fuera muy seguido, pero cuando sucedía la pasábamos bien.
Aparcamos cerca de la entraban, siempre que veníamos corríamos con la suerte de tener espacio libre.
—Ya saben. Diviértanse, si alguna se quiere ir, nos vamos todas, y por último, pero no menos importante, no follen con ninguno o ninguna, no sabemos que podrían tener encima —comentó la castaña eso último con cara de desagrado.