Los días siguientes volví al trabajo. Siendo sincera me había encantado volver. Independiente de cómo haya conseguido el trabajo, lo amaba. Así que, volví a sentirme cómoda en él casi que enseguida. El tiempo que estuve afuera, nadie se ocupó, así que, tenía un millón de cosas atrasadas. Mi padre empezó a buscarme desesperadamente y no exagero cuando digo desesperadamente. Me llamaba todos los días y un montón de veces, así que, al llegar en la mañana al trabajo, silenciaba mi teléfono, porque las múltiples llamadas me desconcentran y la verdad es que no quería hablar con él, no quería saber nada de él. En cambio, él fue a buscarme hasta a la oficina. Agradecí haber ido a una reunión y no estar. Le pedí a mi asistente que le dijera que no estaba y que no lo dejara pasar. Una noche fue a

