Me cubrí con el cuerpo de Gio. Y juro que lo hice lo mejor que pude para tan improvisado acto. Rogaba, porque él no me hubiese visto. No podía ni imaginar el escándalo que me iba a hacer, ni qué podía hacerle a Gio. Creía que hasta podía hacer que lo despidieran y él no merecía eso. Estuve a punto de salir del pecho de Gio, el lugar al que llamé mi escondite y ofrecerme como tributo siempre y cuando a él no le hicieran nada. Pero cuando levanté la cabeza, dispuesta a hacerlo, Dioniso ya no estaba. — ¿Estás bien? — preguntó Gio preocupado. —Estoy bien— respondí suspirando. — ¿Pasó algo? Negué —Todo bien. Asintió y continuamos charlando con todos los de la mesa. Pero siendo sincera, yo ya no estaba ahí. Bueno, físicamente sí, pero mi mente estaba a millones de kilómetros de ahí. Ni siqu

