Lo miré intrigada. A veces desconfiaba de su buen humor. Por un lado, me sonreía y por otro, me hacía escenas absurdas llenas de gritos y reproches. No lo entendía, en serio que no. Me acerqué a él, casi rozando sus labios —No volverás a escucharlos jamás, mientras yo no quiera— Y así como así, me alejé de la cocina y me fui rápido hasta mi habitación. Debía descansar, porque al otro día tenía que estar lista para mi nuevo trabajo. Al siguiente día, estaba nerviosísima, así que no logré pegar un solo ojo en toda la noche, sabía que pagaría las consecuencias al otro día. Así que cuando desayuné, me tomé un café bien n***o y sin azúcar para terminar de despertar. Me había vestido lo más formal que pude, quería dar una buena impresión en mi primer día de trabajo. Mi estómago se cerró por com

