Capítulo 33 parte 1

1295 Words
DAMIÁN Algo le pasaba a Rubí. Desde que les dimos la noticia que tendrían que separarse sus ánimos se volvieron “raros”, no le molestó, ni siquiera se quejó como solía hacerlo conmigo, solo aceptó la situación muy fácilmente, demasiado fácil diría yo. Incluso cuando ya nos íbamos a Seattle, ella no dijo nada, solo se despidió de Nora y Catalina y se subió al avión tranquilamente. Y ahora cuatro días después, que ya estábamos en mis dominios, en mis aposentos ella seguía tranquila, lo cual me inquietaba. – Fueguito, ¿qué pasa con esa llama que solías tener en Nashville? – No sé de qué estás hablando, Adrián. – Oh, vamos. ¿Dónde está ese fuego? ¿Esa rebeldía? Estoy extrañando tu carácter explosivo, fueguito. Y aquí estaba yo, en la sala de mi departamento, teniendo a Adrián como un invitado no deseado mientras hacía el trabajo que se suponía debía hacer él también. Desde que llegamos no he tenido una sola gota de paz. Adrián, que no sé porqué vive conmigo y se niega a irse, se la ha pasado todo el día, todos los días dentro, no hace lo que debe hacer y eso me tiene irritado. – Adrián ¿No deberías hacer tu trabajo en vez de estar aquí molestando? – Vamos, Damián, ya estoy haciendo un trabajo importante aquí. Tenemos que proteger a nuestra preciosa alma divina. – Te informo que yo estoy haciendo justamente eso quedándome aquí. Y mientras tu holgazaneas, a mí me saturan con mensajes preguntando por el jefe de marketing que no hace su trabajo hace cuatro días. – ¿Eres el que se encarga del marketing? – ¿Recién te interesas por mí? Eso me ofende, fueguito. Y me ofende un poco más tu tono sorprendido, soy muy creativo y muy importante. – Pues sugiero que esa creatividad la vuelques en sacar tu trasero del sofá e ir a trabajar como se supone que debes hacer. A-HO-RA. Tal vez mi voz que sonaba demasiado irritada en esos momentos fue lo que hizo que Adrián obedeciera, no lo sé, tal vez incluso haya funcionado la mirada enojada que le di, pero el vago solo soltó un suspiro dramático y se fue de mi departamento. Ahora que había conseguido lo que quería tenía otro problema en mente ¿Cómo preguntarle a Rubí le pasaba algo sin que suene muy interesado? No era porque tenía algún sentimiento fuera de mis deberes ni porque este preocupado, claro que no, es solo que mi deber era ese justamente, velar por su bienestar ¿y cómo lo haría si ella se cerraba a mí? – Oye. – Damián. Genial, otra vez hablando al mismo tiempo. Solté un suspiro y dejé de teclear para mirarla. La pelirroja se encontraba evidentemente nerviosa, estaba sentada en el sofá, pero sus manos estaban inquietas sobre su regazo. ¿Qué pasaba? – ¿Qué pasa, Rubí? – Lo siento si te interrumpí. ¿Qué querías decir? Ahí estaba. Paciencia, necesitaba paciencia. – Rubí. – No necesitas disculparte. – Pero yo te- – Pero nada, nosotros te cuidamos, velamos por ti, pero eso no quiere decir que tengas que dejar de decir todo lo que tienes que decir. Eres libre para hablar y expresarte. Mi pelirroja me miró abriendo la boca y volviendo a cerrarla, notaba claramente que algo pasaba, algo rondaba por su cabeza y no me lo decía ¿Tenía miedo? Ella…¿me temía? Guardé silencio y le presté total atención esperando a que ella me hablara, si la interrumpía podía causar el efecto contrario y no quería eso. Finalmente, habló. – Yo estuve pensando mucho desde que tuvimos esa reunión y de verdad agradezco lo mucho que están haciendo por nosotras y por las futuras mujeres que se encontrarán y querrán proteger, pero ¿Y luego? – ¿Y luego de qué? No te estoy entendiendo. – ¿Y cuando termine todo? ¿Qué será de nosotras? Ahora nos protegen y de verdad que se agradece y todo va bien porque pues, Nora estaba escapando de casa buscando un inicio nuevo, mi floristería fue quemada y literalmente no tengo nada más, Catalina, bueno ella tiene un futuro, tiene trabajo, pero como trabaja en una subsidiaria suya todo está bien porque ustedes son su base, pero ¿Y las chicas que si tienen una vida y son cortadas justamente por esto? No sé cómo será con las demás, pero hablo de mí al preguntar ¿qué pasará después? Tuve que venir aquí y estaré aquí hasta que acaben con Cronos ¿Y cuando pase eso? ¿Qué será de nosotras? ¿Será muy tarde para vivir como quereos vivir? ¿Cuánto tiempo estaremos bajo su protección? ¿Y cuando pase ese tiempo nos dejarán a nuestra suerte? No quiero sonar malagradecida, pero tengo miedo de todo esto que está pasando porque yo prácticamente estoy en el aire y no sé cómo actuar, qué hacer, yo, yo solo… Mi cuerpo se movió más rápido que mi mente, fui y me senté a su lado envolviéndola en un abrazo, su cuerpo se adaptó al mío, encajó como si nuestros cuerpos fueran dos piezas de rompecabezas que estaban esperando por unirse. Pero más que eso, mi cuerpo tenía necesidad de calmar los temores y angustias de Rubí. Me maldije mentalmente porque en nuestras ansias de proteger lo que debíamos proteger estábamos limitándolas sin darnos cuenta. Mis manos acariciaron la espalda de la pelirroja en un intento por reconfortarla, ella obedientemente se recostó sobre mi pecho y dejó que la consolara. Ahí en silencio no hablamos, no dijimos nada más, solo estuvimos ahí y poco a poco ambos nos relajamos. ------------------------------------------------------------ – Aquí estás, querido. Mi mirada giró hacia la suave voz. Solté un suspiro cansado al ver de quién se trataba y volví mi vista al lago sin vida. No sabía cómo, pero últimamente Themis se las arreglaba para encontrarme, sea a donde fuera, ella aparecía con algo para darme. Esta vez traía un cesto lleno de fruta. – Aunque suspires así voy a venir a verte. Mira, te traje algo de comer. Sé que somos dioses y no es necesario, pero aun recuerdo cuánto disfrutabas las frutas frescas. – Themis, agradezco tu intento, pero sabes que todo lo que toco muere. Aun si quisiera comer una, esta solo tardaría menos de un minuto en descomponerse. – Lo sé, por eso yo te daré de comer. – Themis… – Aides… Solté otro suspiro, ahí iba otra vez. Cada vez que intentaba hacer todo lo posible para que Themis se alejara, ella usaba mi nombre real. Era como una madre insistente en dar de comer a su hijo y eso de alguna manera me irritaba porque recordaba todo lo que mi propia madre no hizo por mí. Guardé silencio mientras la titánide tomaba asiento al lado mío en el suelo, sacando una manzana y un cuchillo para pelar. Solo la miraba de reojo, pero me sorprendía cómo era que Themis salió así. Ella era diferente a todos nosotros, tanto física como sentimentalmente. Era atractiva en un punto diferente a las demás diosas femeninas, las otras diosas usaban sus atributos físicos para encantar a los demás, pero Themis solo necesitaba sonreír y ser amable para que todos cayeran a sus pies. No tenía una belleza espectacular, pero esos pocos atributos los hacía relucir bien. Tampoco era egoísta como los otros dioses, era amable, humilde, servicial y muy maternal, entonces me pregunté ¿De verdad tenía sangre divina? ¿cómo alguien que proviene de un linaje tan cruel podía ser así? Mientras mis pensamientos pululaban, no me di cuenta que Themis estaba acercando un pedazo de fruta pelada y cortada a mi boca hasta que sentí la frescura.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD