Capítulo 36 parte 2

1401 Words
– Según las leyes divinas estar en una audiencia con más de un dios sin notificar correctamente podría significar una falta grave ¿Tal vez una confabulación? Así que estoy esperando ansiosa la explicación de por qué la mayoría de Olímpicos se reunió horas antes de la reunión oficial sin notificarnos y decidió que Hades no debería ser invitado. – Themis yo- – No tenemos por qué darte explicaciones. Nosotros somos los reyes y hacemos lo que debemos hacer, tú solo eres una simple consejera y- Némesis quien todo este tiempo estaba flotando y dormitando al lado de Themis, abrió los ojos tocando el suelo con sus pies descalzos. Movió su mano y su espada que descansaba detrás de su espalda salió directamente hacia el cuello de Hera, deteniéndose a unos centímetros de tocar la piel divina de esa zona. Hera se quedó quieta, con los ojos abiertos como platos, respirando cada vez más rápido e intentando alejarse lo más que podía de la punta afilada de aquella espada, aunque era inútil porque por cada que conseguía espacio la espada lo reducía. – ¿No deben darnos explicaciones? ¿A Themis quien no solo es consejera sino la justicia divina? Espero que no estes intentando humillar a mi hermana, diosa que fue amante y sedujo al ninfómano para conseguir el trono. Porque si es así me sentiré muy enojada, eso me podría volver loca y hacer que mi mano se resbale y rebane un cuello por accidente. – No…yo… – Cállate, diosa amante y responde con respeto a las preguntas que mi hermana te esta haciendo o juro que haré que el filo de mi espada se reduzca y te duela cuando rebane tu cuello. – Némesis, por favor cálmate. Responderemos tus preguntas, solo…calma. – Dios mujeriego, entonces te recomiendo que cualquiera de los implicados responda con la verdad porque créeme que sabremos si mienten y no será bonito lo que pase después. Todos ahí guardaron silencio, miré a mis hermanos y noté lo tensos que estaban, algunos abrían y cerraban la boca queriendo decir algo, pero luego se arrepentían, muy seguramente por miedo a que el enojo de Némesis los toque. Solté un suspiro y puse un pie adelante. No porque quería salvar a mis hermanos, sino más bien por el hecho de que esto se estaba alargando y mi estadía en el Olimpo estaba reduciéndose. Yo como dios del inframundo no podía estar mucho tiempo fuera de mi reino o corría el peligro que mi divinidad fuera reduciéndose hasta desaparecer. Ahora mismo sentía un poco de debilidad, señal clara que tenía que irme pronto. – Creo que deberíamos centrarnos en lo que importa ahora. No me interesa saber quien es el culpable o porqué quisieron hacerme a un lado. Solo quiero el trato justo para mí y mi reino. Themis me miró y reconocimiento brilló en sus ojos. Soltó un suspiro mientras asentía con la cabeza volviendo a mirar a los reyes y luego a mis hermanos. – Bien, debo suponer que todos ustedes menos Hestia estaban reunidos aquí cuando Hermes vino a informar sobre mí ¿Cierto? también he de suponer que cuando Hera mandó a retirar mi orden escucharon todo y no hicieron nada para refutar. Silencio. – Como dioses, es nuestro deber tratar de ser justos, transparentes y dadivosos precisamente porque somos la cumbre del poder, porque somos los responsables de tantas vidas, porque tenemos la oportunidad de dar vida y proteger y de amar y de enseñar. Entonces Hera, tus deberes como reina quedan suspendidas a partir de ahora hasta nuevo aviso. Tienes prohibido salir del Olimpo o volver a contactar con algún otro dios hasta nuevo aviso. Zeus, Poseidón y Deméter tendrán que hacer sus deberes como siempre, pero se les mandará a diferentes ciudades para ayudar a algunos reinos humanos por una temporada, eso sin esperar ninguna retribución. Zeus soltó un suspiro de alivio, asintiendo con la cabeza, al parecer mi hermano pequeño esperaba algo más fuerte. La que sí parecía que tenía mucho que decir era Hera, su mirada llena de veneno daba a entender que si la espada de Némesis, pero no pudo decir nada porque ahora me tocaba hablar. – Con respecto a eso, Themis, la diosa de la justicia ha hablado, pero yo también quisiera decir algo. Esperé unos segundos hasta que Themis asintiera con la cabeza para que pudiera proceder. Si bien ahora estaba en una situación ventajosa, sabía bien que ella se merecía un respeto, la respetaba mucho, y también influía el hecho que no quería que Némesis me apuntara con su espada. Una vez ella me dio permiso volví a hablar. – Este asunto no es una cuestión de una sola vez, he estado soportando y teniendo consideración con ustedes, mis hermanos, a pesar de todo, a pesar de la traición que me hicieron, a pesar de querer hacerme a un lado, a pesar de la clara discriminación. Pero ahora todo cambia, no voy a soportar ni una falta más de respeto hacia mi reino, hacia los dioses que viven en mi reino, hacia mi territorio y hacia mí. Si algo como esto vuelve a pasar, aténganse a las consecuencias. Deméter dio un paso adelante con una mirada dura y su mirada llena de odio. Deméter, mi hermana, la diosa que entre los seis traidores me odiaba más y no sabía la razón. Desde que salimos de Cronos su mirada llena de precaución hacia mí fue lo único que encontré, luego esa precaución se volvió odio. Yo nunca pregunté, nunca me atreví, pero si ahora preguntaba ¿Cambiaría algo? Tal vez sí, tal vez no, no lo sabía. – No estés dando amenazas, Aides. Solo eres el dios de la muerte, nadie te alaba, nadie te tiene como dios principal, no tienes ni un templo, ni seguidores públicos, no eres nada para estar amenazando de esa manera. – Es cierto. – ¿Eh? – Es cierto, casi nadie me alaba abiertamente, casi no tengo ofrendas porque todo lo que toco perece, no tengo un templo, y mis seguidores son ocultos, pero ¿Solo el dios de la muerte? Soy un dios mucho más importante que todos ustedes ¿Por qué? Porque los humanos al final siempre vienen a mí, a mi reino, me necesitan para poder manejar la muerte y también porque soy el dios más rico y necesitan de mi territorio para poder subsistir. Te recuerdo, Deméter que la tierra más fértil que tienes fue casualmente parte de mi territorio que curiosamente Zeus me pidió de favor que te cediera y que puedo recuperarlo cuando se me de la gana con un solo dedo de mi mano. – Hades...hermano…Deméter no lo quiso decir así. – ¿Qué quiso decir, Zeus? ¿Debería nuevamente callar y dejar que hagan lo que ustedes quieran? Pues no más. Ustedes son igual que yo, somos los seis traidores ¿Recuerdas? Los seis estuvimos ahí, luchamos juntos ahí, no entiendo qué cambió, pero no voy a soportarlo más. No pueden entrar a mi territorio sin pagar consecuencias, no pueden quitarme cosas sin que yo reclame y por supuesto que no pueden quitarme el derecho al lugar que me gané pulso a pulso. Todos callaron, era la primera vez que mostraba un lado tan luchador, tan guerrero. Sí, era el segundo mayor, pero también era el menos bélico, el que soltaba algo para darlo a mis hermanos, pero no más. Ellos no sabían cómo reaccionar ante esta nueva versión mía, abrían la boca en un intento por hablar y la volvían a cerrar. La sonrisa ladeada de Themis y la mirada de orgullo me dio el empuje que necesitaba. – Justamente porque me engañaron a estar atado a mi reino, no puedo estar mucho tiempo aquí, así que lo diré. No esperen que yo, el rey del inframundo soporte más faltas de respeto, sea quien sea, no es una amenaza, es una advertencia. Con eso me retiro. No esperé a recibir una respuesta, no la necesitaba, ya no la quería, ni siquiera la esperaba en realidad. Desde aquel engaño para atar mi alma al inframundo y elegir por obligación gobernar ese territorio caí en cuenta que no esperaba nada de mis hermanos y eso me dio mucha más tranquilidad. Al salir del Olimpo me fui con un corazón más ligero, con mis hombros más livianos y con mi alma más libre.
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