– Yo…señora Themis, con todo respeto, amo a mi madre y entiendo que me quiera proteger del mundo, pero honestamente…quiero vivir mi vida, quiero explorar, quiero conocer gente, ir a lugares.
La sonrisa de Themis se extendió antes que su mirada se tornara negra, sus escleróticas se volvieron color n***o y su rostro palideció, el cuerpo de Themis se tambaleó y yo entré en pánico. Rápidamente tomé a la señora Themis por los hombros para al menos mantenerla de pie. ¿Qué le pasaba?
– ¿Mi señora? ¿Se encuentra bien?
Solo unos segundos tomaron para que la señora Themis se estabilizara y las escleróticas volvieron a su color normal. Parpadeó varias veces antes de mirarme y una sonrisa más rara apareció en su mirada.
– Qué interesante…
– Qué… ¿Qué es interesante?
– Themis, ¿Estás bien?
La voz preocupada de Zeus interrumpió nuestra conversación. La titánide soltó un suspiro y se alejó.
– Sí, mi rey. Todo esta bien. Dado el deseo de Perséfone dictamino que ella debe ser reconocida oficialmente como diosa y ahora tendrá la libertad para poder ir a donde ella quiera. La preocupación por Deméter por querer cuidar a su hija es fundada así que haremos esto. Declaro a todo el Olimpo que, desde ahora, Perséfone, hija de Deméter la diosa de la agricultura, es oficialmente reconocida en el Olimpo como diosa de la primavera, tendrá la misma libertad para moverse como ella quiera, como cualquier otro dios podrá jugar, divertirse y experimentar. Y como cualquier otro dios también tendrá que asumir las consecuencias de sus propias acciones. ¿Aceptas eso, Perséfone, diosa de la primavera?
Me miró fijamente con una sonrisa, esperando mi respuesta. A mi alrededor todos los dioses guardaron silencio, esperando por mi respuesta. ¿Era cierto lo que estaba escuchando? ¿Podría ir a donde quiera sin ser castigada? Sin pensarlo asentí con la cabeza, pero me di cuenta que quería una respuesta.
– Sí, acepto.
– Bien, Rey Zeus ¿Reconoces oficialmente a esta nueva diosa?
– Lo acepto.
– Reina Hera ¿Reconoces oficialmente a esta nueva diosa?
– …Acepto…
– Bien, yo Themis, diosa de la justicia y del orden divino, declaro la existencia de una nueva diosa que, como todos nosotros también tendrá deberes y responsabilidades. Y declaro que Perséfone, diosa de la primavera estará bajo mi protección. Nadie podrá hacerle daño sin antes pasar por mí antes, espero todos tengan en cuenta eso.
La señora Themis fue fuerte, pero suave. Era la primera vez que experimenté que alguien podría tener tanto poder siendo tal amable. Mi corazón se calentó al entender que ella me iba a proteger, pero también permitiría que explorara.
– Ahora que ya concluimos con esto, vamos con lo siguiente. ¿Qué castigo se le debe dar a Deméter y Hera por ocultar la existencia de una diosa?
La voz de Némesis resonó fuerte y claro, mi madre y la reina se tensaron y yo me preocupé. Entendía que todos necesitábamos ser responsables por nuestras decisiones, pero se trataba de mi madre, la única que estuvo ahí para mí. al parecer la señora Themis vio mi preocupación porque me dedicó una sonrisa tranquilizadora.
– Sé que te preocupas por tu madre, pero ella rompió las reglas y debe asumir la responsabilidad. Lo que si puedo hacer es tratar que su castigo no sea tan serio. Por ahora solo espera en silencio ¿Bien?
Solté un suspiro mientras asentía con la cabeza, resignada ante la sentencia que le impusieran a mi madre.
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Después de una discusión que duró mucho al final castigaron a mi madre a servir a unos reyes humanos por veinte años, teniendo también sus responsabilidades como diosa de la agricultura. A Hera la castigaron removiéndola de sus responsabilidades por cinco años, lo cual fue poco porque Zeus y la misma Hera pelearon para reducir los veinte años para que quedara en cinco. Por mi parte me dieron las nuevas responsabilidades que tenía que hacer y estaba demasiado emocionada por empezar, pero antes estaba buscando a la señora Themis.
Salí con mi madre quien me dejó porque tenía algo que hablar con Hera y a mí me pareció genial empezar con mi libertad haciendo lo que quería, aunque era raro que de un momento a otro pasara de mamá gallina preocupada a dejarme sola en el Olimpo. Decidí no tomarle tanta importancia centrándome en el ahora, y ahora lo que quería era hablar con la señora Themis, pero entre tantos dioses y seres míticos saliendo de la sala del trono. A lo lejos la vi y apresuré el paso.
– ¡Señora Themis! ¡Señora Themis!
La titánide volteó la mirada buscando a la loca que gritaba su nombre, cuando nuestras miradas se cruzaron, la confusión fue evidente, pero esperó pacientemente a que yo esquivara a los demás para poder alcanzarla. No supe que aún estaba con Némesis hasta que me acerqué lo suficiente, su compañera estaba tomada de la mano de la señora Themis. Si bien su mirada roja me daba algo de miedo, tomé valor pues yo también quería, yo también deseaba poder ser tan cercana como Némesis lo era con la titánide ¿era mucho anhelar aquello? Tan solo la vi dos veces, pero fueron suficiente para querer ser como ella. Yo también quería ser una deidad igual de respetada, pero no por el poder (aunque sabía bien que la señora Themis era una de las más poderosas solo por tratarse de una titánide), sino por su forma de ser, su personalidad dadivosa, su amabilidad, su trato igualitario para todos, no importa de quien se trate. ¿Sería así algún día?
– Señora Themis, lo siento…solo, lamento llamarla así.
Themis rio divertida ante mis palabras.
– Querida, no te preocupes y puedes llamarme solo por mi nombre. ¿Necesitas algo? ¿Te sientes mal? ¿Deseas alguna ayuda?
– Yo solo…quería agradecerle por su ayuda. Si usted no hubiese intercedido por mí yo probablemente seguiría en el anonimato.
– Es mi deber luchar por la igualdad de todos, no podía quedarme callada al ver esa injusticia. Me alegra mucho que puedas ir y hacer lo que más deseas.
– Sí, es solo que…bueno ¿Por dónde debería empezar? Sé sobre mis responsabilidades, pero he de admitir que estoy algo perdida.
– Oh, mi niña. Lo harás bien, aunque estuviste escondida todo este tiempo eres una deidad, es natural en ti hacer lo que tienes que hacer, pero no te preocupes que ya pensé en eso. Si te parece bien, estarás acompañándome en mis deberes, podrás ver cómo hacerlas para así poder realizarlas tú ¿Qué te parece?
– ¡Sí!
– ¿Está bien hacer eso, hermana?
Mi emoción burbujeante al pensar en ver trabajar a la diosa que admiraba se esfumó cuando escuché la voz mental de Némesis. Su mirada llena de locura que dirigió hace un rato a la reina ahora notaba aburrimiento hacia mí. Themis no tuvo que hablar, solo hizo falta un gesto para que Némesis entendiera y volviera a hablar mentalmente, pero esta vez ya no hablaba a la titánide, sino me miraba directamente.
– Eres una diosa adulta que ha estado obedeciendo a su madre por más tiempo del requerido. Necesitaste que alguien más te ayudara para que se te concediera tu libertad. Ahora quieres que alguien te ayude a como ser diosa ¿Qué será lo próximo? ¿Vendrás a pedir ayuda para casarte porque no puedes encontrar un pretendiente adecuado? ¿o vendrás a pedir ayuda porque no sabes cómo decorar tu templo?
Mis mejillas se sonrojaron, no porque me enojara esta situación vergonzosa, sino por el hecho que sentía vergüenza que, al pensarlo mejor, eran cosas acertadas. Nunca en mi vida he hecho cosas sola, siempre tuve a alguien a mi lado advirtiéndome o estando a mi lado aconsejándome. Era la primera vez que tenía tanta responsabilidad por mí misma y tenía miedo de equivocarme, de no ser suficiente, de aun no estar lista para esto.
Un toque en mi hombro me cortó el hilo de pensamiento. Themis me miraba con un cariño puro y eso me desarmó.
– Escucha, Némesis puede ser alguien dura, pero solo quiere ayudar. Lo que quiere decir es que puedes usarnos como guía, pero al final tu tienes que buscar tu propia esencia, tu propio estilo. Tendremos tu mano hasta que veamos que puedas sola, pero poco a poco te iremos soltando hasta que estes lista.
Asentí con la cabeza porque si respondía estaba segura que me pondría a llorar. Esa amabilidad, ese cariño, esa paciencia. Decidí que aprendería todo lo que tenía que aprender de ella y sería una buena diosa, una diosa admirada y buena con todos.