Capítulo 30

1090 Words
RUBÍ – ¿Qué?...¿cómo? – Que Catalina tiene una marca divina. Todos miraron a mi amiga, me fijé bien en las reacciones. Kaelus como siempre sin expresión alguna, pero mirando fijamente a Cata. La sorpresa de Adrián fue la más evidente de todas, su boca abierta lo delataba. Caesar y Basil miraban sorprendidos a mi amiga, aunque sabía que intentaban mantener la compostura; y Raelus..Raelus tuvo la expresión más rara de todas, él miraba a Catalina fijamente, como si le perforara el alma a mi amiga, incluso vi por unos segundos el cambio de color de sus ojos a un dorado intenso. – ¿No es raro? ¿Por qué razón se dieron cuenta recién ahora siendo ustedes dos tan amigas como dicen ser? Nuevamente Kaelus manejó la conversación debido al shock inicial, ahora agradecí que Kaelus no tuviera sentimientos porque así podría hablar con alguien racionalmente. – Somos amigas de años, sí. Pero eso no quiere decir que nos contemos todo. No puedo hablar por Catalina, pero estoy casi segura que no estábamos antes ni ahora en las condiciones para mostrar nuestras marcas. Miré a Catalina como para confirmar lo que estaba diciendo y al ver la sonrisa orgullosa de mi amiga, no dudé. – Miren, no voy a dejar que mi amiga muestre su marca porque no está en un lugar adecuado como para hacerlo. Así que, si existe otra manera de comprobar que lo que estoy diciendo es verdad, creo que ni mi amiga ni yo nos negaremos. – Qué bueno que están tan dispuestas porque si hay una manera de comprobar si estamos tratando con un alma divina o no. – ¿En serio? Eso es genial ¿Cuál es? – Borrarle la memoria. – ¿Qué? No estás diciendo esto con una segunda intención ¿Verdad? – No sé de lo que hablas. Te lo explicaré. Nosotros nos encargamos del buen funcionamiento de las distintas calles en cada estado, pero es normal que algunos humanos se den cuenta de nuestra existencia así que cuando eso pasa nosotros usamos un don que fue dado especialmente por las Moiras para seguir con nuestra existencia en incognito. Les borramos la memoria, en humanos normales funciona, ellos no saben y no recuerdan nada de lo que vieron, sin ninguna consecuencia. – ¿Y los que no son normales? – Pues nos pasó con Nora y creo que eso fue una forma muy interesante para identificar almas divinas. Verás cuando Adrián y Damián se encontraron con Nora, ellos pensaron que era una humana normal así que procedieron con el borrado de memoria, pero no funcionó. Descubrimos que a las almas divinas no se les puede borrar la memoria. – Entonces si uno de ustedes intenta borrarle la memoria a Catalina y luego ella recuerda todo ¿Creerán en lo que decimos y ya? ¿Sin vergüenza ni dolor por- – Acepto. Mi mirada volvió a Catalina que miraba a Kaelus con mucha seguridad, todo en ella gritaba seguridad y eso me hizo sentir orgullo por mi amiga, porque a pesar de todo no temía a esos hombres que muy fácilmente podrían obligarnos a mostrar su marca de nacimiento. Respeté también a esos hombres porque nos dieron soluciones. – ¿Estás segura? – Sí, ¿Quién hará el intento? – Yo lo haré. Nuestras miradas volaron a Raelus quien se levantó y vino hacia nosotras. Me perturbó un poco la mirada tierna que le dedicó a mi amiga cuando se paró junto a ella y más perturbada quedé cuando Catalina, la dura Catalina se mostraba avergonzada, sus mejillas sonrojadas sin mirar a Raelus ¿qué pasaba entre ellos? Ya no pude preguntar por qué la mirada de Raelus se volvió dorada y Catalina llevó sus manos a la cabeza en un gesto de dolor. – ¿Catalina? ¿Estás bien? – Sí, solo sentí como si me golpearan la cabeza. Catalina se encontraba frotando sus sienes con los ojos cerrados, incomoda. Miré confundida a todos ahí preguntando silenciosamente si era normal. Caesar finalmente tomó la palabra. – Catalina, olvidarás todo lo que escuchaste. Lo que sabes sobre nosotros, solo fue una broma de Rubí. La realidad es que la estamos ayudando, no pasa nada raro aquí y lo comprobaste, puedes estar tranquila y regresar a donde perteneces. – ¿Qué? No, espera, ¿Qué es esa mierda de que todo está bien? Aun con sus dedos en las sienes, abrió los ojos mirando a Caesar, estaba muy enojada. – ¿Cómo puedes decir que me vaya cuando mi amiga está en esta situación? No me iré, además yo también estoy metida en esto. Mis manos tomaron el hombro de Catalina con cuidado. – ¿Entonces si recuerdas? ¿No olvidaste nada? – ¿Qué? Claro que no, quién olvidaría algo así. Solo…ahg, el dolor de cabeza, creo que debo descansar. ¿Podemos seguir con la conversación después? Raelus no perdió tiempo, rápidamente la puso de pie y caminó junto con ella hacia la salida. – Yo la llevaré a su habitación, luego podemos continuar. Todos nos quedamos mirando la puerta por la que salió Raelus y mi amiga ¿qué pasaba ahí? Las preguntas cada vez eran más en mi cabeza. – Bueno, ya que terminó la reunión, me iré primero, tengo cosas que hacer. El siguiente en irse fue su gemelo, seguido de Caesar y Basil, así que yo también me puse de pie dispuesta a irme, pero Adrián tomó mi brazo con suavidad haciendo que le preste atención. – Fueguito…¿Puedo pedirte de favor que vayas a visitar a Damián? Una punzada de dolor me atravesó al pensar en Damián, ¿Cómo estaría? ¿Habrían conseguido una enfermera para cuidarlo? No tuve el coraje para poder preguntarle a Adrián. – No creo que sea necesario, seguro se sentirá mejor si yo no estoy ahí para incomodar en su recuperación. – No es así, Damián está esperando verte. No lo dice abiertamente porque él es así, pero estoy seguro que si lo visitas su mal humor desaparecerá. La mirada de Adrián era anhelante, casi suplicante. Era difícil para mí decirle que no, pero por otro lado mi lado orgulloso impedía que dijera que sí. – No lo sé Adrián… – Piénsalo, fueguito. Solo tómate tu tiempo y piénsalo ¿Sí? No pude decir más, Adrián debió tomarlo como una afirmación porque me dedicó una sonrisa antes de irse. Y yo me quedé ahí en esa sala de reuniones vacía, pensando en lo que tendría que hacer ahora.
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