RUBÍ
– Puedo hacerlo solo.
– No puedes. Debes descansar para poder recuperarte.
– Puedo hacerlo, soy un guerrero inmortal así que me curo rápido.
– Bien, guerrero inmortal. Primero debes comer esto.
Sí, pasaron un par de días y yo solo quería lanzarle una chancla en la cabeza. Damián era uno de esas personas que cuando se enfermaban su temperamento se ponía agrio. Yo sabía que tenía que ser paciente, él estaba recuperándose, estaba herido, paciencia, paciencia.
– Pásame mi laptop, necesito hacer algunas cosas.
– Claro que no
– ¿Qué? Necesito-
– Lo que necesitas es descansar y recuperarte. Nada de laptops ni de preocupaciones. Cuando te recuperes prometo que te daré tu preciosa laptop ¿De acuerdo?
Un Damián enfurruñado me miraba como si con solo esa acción podría hacerme desaparecer. Mala suerte para él porque yo no me movería de aquí. Solo pasaron unos días y ya quería moverse y deseaba su muy confiable laptop para hacer lo que a él más le gustaba, que era trabajar. Ya había intentado muchos métodos para que este hombre terco se quedara en cama, pero parecía que nada funcionaba.
Le hablé en un tono muy cariñoso, intenté negociar, incluso estuve por usar el método del chantaje, finalmente cuando se quedó callado pensé que había ganado. Oh, qué equivocada estaba.
– Llama a Caesar o a Adrián, quiero hablar con ellos.
– Claro, pero ¿Para qué?
– Pediré que traigan una enfermera o un cuidador o alguien con quien pueda tener una conversación racional. Y les diré que te lleven a tu trabajo, no necesito que estes siempre aquí.
Eso fue sin duda, lo último que pensé que iba a escuchar hoy. ¿Dijo que no me necesitaba? ¿Que no era racional? ¿Y quiso dar a entender que yo no lo podría cuidar bien? Enojo, enojo puro y duro me cubrió. ¿Cómo me podía decir eso cuando todo este tiempo estuve ahí para él? ¿Y todas las horas en desvela viendo por él? ¿Las noches preocupada porque respirara adecuadamente? Era injusto.
Me levanté de mi silla, mirándolo con enojo y las lágrimas que querían salir. Damián parecía haberse dado cuenta porque su enojo inicial se esfumó y una máscara de remordimiento cubrió sus facciones.
– Rubí, yo-
– No, si tanto quieres a alguien profesional y racional que te cuide ¡Bien! Ahora mismo iré y le diré a Caesar tus deseos. Y como quieres que no aparezca más por aquí ¡Eso haré! No vendré más por aquí. ¡Idiota!
Tras decir eso, me dirigí a la puerta y salí dando un portazo dramático. Quería ahorcar a ese tatuado malhumorado y darle una lección. Caminé hacia la sala de juntas donde suponía que estaría alguno de los guerreros y no me equivoqué. Apenas entré a esa habitación, vi a Basil y a Adrián en sus respectivas computadoras, ellos me miraron con sorpresa, pero no dejé que hablaran porque de inmediato dije lo que necesitaba decir.
– Al parecer su majestad Damián no desea más los servicios de esta pobre sirvienta así que exige que traigan a un ser más competente para que sea su niñera.
– Pero Rubí-
– ¡Y yo iré a trabajar mañana así que espero que alguno de ustedes vaya conmigo! ¡Y si no iré sola!
Volví a cerrar la puerta y me dirigí a mi habitación, necesitaba estar sola, necesitaba pensar.
– ¿Rubí? ¿Por qué estás llorando?
Catalina se encontraba echada en la cama que compartimos desde que ella llegó. Le habían ofrecido una habitación propia, pero ella se negó tajantemente alegando que quería estar conmigo, cosa que yo no me opuse. No supe que estaba llorando hasta que ella me lo dijo.
Hice lo que cualquier persona adulta podría hacer, sollocé y fui a mi mejor amiga para abrazarla y llorar en sus brazos. No sé cuánto tiempo estuve sollozando, pero en todo ese tiempo Catalina estuvo apoyándome en silencio, acariciando mi cabeza y mi espalda hasta que naturalmente dejé de llorar.
Luego pasó la parte dos, la furia nuevamente volvió a mí y esta vez le conté todo lo que había pasado a mi amiga. Esta vez no me consolaba acariciando mi cabeza, pero me escuchó sentada en la cama y en silencio mientras yo daba mi monólogo caminando ida y vuelta por toda la habitación.
– ¡¿Cómo se atreve a decirme esas cosas crueles después de haberlo ayudado tanto y de haber estado ahí para él?! ¡Es un idiota! ¡Un tonto! ¡Un un…malagradecido!
Mi pecho subía y bajaba por mis gritos enojados y mi caminata furiosa, seguramente mi rostro estaba enrojecido, pero no me importaba.
– ¿Terminaste?
– …Sí.
– Bien, ahora ¿Podemos hablar con tranquilidad y sin gritar?
– …Sí.
Soltando un suspiro me acerqué a la cama y me senté a su lado. Catalina tomó mi mano entre las suyas.
– Entiendo que ahora estés un poco emocional, lo comprendo muy bien. Y tienes mucha razón en sentirte lastimada, incluso insultada, pero intenta calmarte. No es bueno que los dos estén en ese estado. Él siendo un idiota y tú siendo emocional.
Solté un suspiro asintiendo con la cabeza. Catalina tenía razón, no era momento de ser emocional, la ira aun burbujeaba en mi pecho. Damián quería que yo no interviniera ni me metiera en su recuperación, entonces haría eso exactamente, no me metería, no me preocuparía, ni siquiera lo visitaría, sería como un fantasma que habita el lugar, pero sin notarse.
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– ¿Cómo?
– …Lo siento, fueguito. De verdad no es que queramos mantenerlas encerradas, pero-
– Ustedes dijeron que tenía libertad.
– Siempre y cuando uno de nosotros esté con ustedes. Ahora es un poco complicado porque tememos que les pase algo.
Hoy, como lo prometí ayer, me estaba preparando para ir a trabajar y Catalina estuvo dispuesta a ir conmigo. Grande fue nuestra sorpresa cuando vimos a un avergonzado Adrián esperándonos como si no quisiera estar ahí y diciéndonos que no podíamos salir porque todos estaban ocupados, incluso Adrián, a quien habían mandado para apaciguarnos, veía cada tanto su celular. Eso me llenó de ira ¿Cómo se atrevían a decir aquello? ¿creían que íbamos a quedarnos en esta mansión solas? Pues estaban equivocadas.
– Entonces ven con nosotras.
– Lo siento fueguito, yo también estoy ocupado. Después de esto debo ir a hacer otras cosas.
– Entonces nos iremos solas.
– Fueguito, ya te dije que no se-
– ¿Sabías que es ilegal mantenernos en contra de nuestra voluntad en un sitio? Claramente ninguna de las dos está dispuesta a permanecer en esta propiedad ¿por qué nos estas obligando a hacerlo? si esto se mantiene por más tiempo, la situación puede ser considerada como un secuestro ¿Qué deberíamos hacer?
Una sonrisa apareció en mis labios cuando Catalina comenzó a hablar, su lado profesional salía y, por una vez en este día, me sentí muy agradecida porque mi amiga estuviera a mi lado. Me sentí protegida, poderosa. Y al parecer Adrián se tensó un poco, miró a Catalina con los ojos abiertos como si recién recordara la profesión de mi amiga quien claramente sonreía como el gato de Cheshire.
– ¿Qué? ¿Pensabas que lo que dije sobre mi trabajo era broma? Me ofende un poco porque si fuera yo, ya los habría investigado. Cosa que hice, pero no obtuve buena información. Ahora volviendo al tema, si no desean problemas por algo como esto es mejor que nos dejes ir pacíficamente.
Adrián abrió la boca y luego la cerró, hizo eso varias veces, era tan graciosos que parecía un pez, pero me negué a demostrarlo. Miró su móvil y luego a nosotras.
– Denme un momento, haré una llamada.
Sin esperar respuesta, el guerrero se dio la vuelta y se alejó. Catalina y yo nos miramos y asentimos con la cabeza y con el mismo pensamiento, salimos de esa mansión hacia mi floristería.
– ¿Viste la cara que puso? Fue como si toda la sangre del cuerpo lo hubiese abandonado.
Catalina reía mientras salíamos de la mansión y nos encontrábamos con el taxi que pedimos minutos previamente. Ella y yo teníamos la ligera sospecha que no nos permitirían salir por lo que optamos por un transporte alternativo.
– Pero hablando en serio aun no entiendo por qué te prohibirían el paso. Rubí ¿estás segura que todo está bien?
Solté un suspiro, sí, sabía que mi amiga diría algo con respecto a eso. Ella no era tonta, pero ¿Cómo decirle algo que podría cambiar su vida? ¿Cómo podría decirle que los dioses existían? ¿cómo decirle que estábamos en una guerra y los humanos normales no se daban cuenta de eso? Yo misma estaba sorprendida por todas las cosas que estaban pasando. Catalina me miró fijamente, como si estuviera decidiendo si seguir presionando o no. Finalmente, soltó un suspiro y se acomodó en el respaldar del taxi.
– Como sea, solo quiero que sepas que si necesitas a alguien aquí estoy para ti.
Asentí, feliz de haber podido escapar de ese intento de interrogatorio. No sabía cuánto tiempo podría mantener esta fachada de mentiras y tampoco sabía cómo era que se destaparía, pero solo podía esperar y seguir con eso hasta que encontrara la manera de no involucrar a mi amiga y a la vez contarle todo. En medio del cómodo silencio una llamada resonó en mi celular. Llamada desconocida. Con un poco de dudas contesté. Al otro lado de la línea se escuchaba mucho ruido, las sirenas sonaron tan fuerte que tuve que separar mi oreja de mi celular.
– ¿Sí?
– ¿Rubí Hood?
No sabía por qué, pero solo el mero ruido de las sirenas y la bulla de fondo me ponía nerviosa. Catalina debió darse cuenta porque tomó mi mano y se acercó a escuchar a mi lado.
– Soy yo ¿Pasa algo?
– Sí, lamento decir esto tan abruptamente, pero su floristería se está quemando, tal vez debería venir ahora.
Y así el alma se me cayó a los pies. De preocuparme por las mentiras que le dije a mi amiga, pasé rápidamente a la desolación. ¿Qué más podía salir mal?