RUBÍ Todo fue un caos cuando llegamos. La gente que se paraba a ver era considerable, todos detrás de una cinta amarilla que impedía que sus vidas corrieran riesgo y que los bomberos pudieran trabajar. Por un lado, los policías haciendo algunas preguntas a esas mismas personas que veían asombradas lo que estaba pasando en un barrio relativamente tranquilo, por otro el equipo de bomberos intentando manejar el fuego que claramente se negaba a ser controlado. Y mi tienda. Mi pobre tienda bien arreglada, construida desde cero por mi madre, un lugar donde guardaba tan buenos recuerdos, ese mismo lugar que me vio crecer ahora estaba siendo consumido por las crueles llamas. Si Catalina no hubiera estado ahí para sostenerme estaba segura que podría haber caído al suelo por el impacto de ver lo ú

