La castaña bajó a la sala y se adentró en el pasillo que llevaba a la puerta, con cautela. La luz de la luna apenas penetraba la fina cortina, creando sombras inquietantes en las paredes. Abrió la puerta y salió al patio. El suelo estaba húmedo y resbaladizo por la lluvia reciente. Cada paso resonaba en el silencio, y el corazón de la castaña latía con fuerza.De repente, un crujido la hizo girar. La figura encapuchada estaba a pocos metros de distancia. La castaña no podía ver su rostro, pero su presencia era amenazante. ¿Quién era esa persona? ¿Qué quería de ella?.
Buscaba con la mirada por todos lados para ver si lograba ver algo, pero se negaba rotundamente a encender la linterna. Cuando decidió volver a entrar a casa, escuchó unos pasos detrás de ella. Al girar de nuevo, pudo ver a un hombre de una estatura de 190 centímetros caer sobre sus brazos.
Elena, con el corazón latiendo desbocado, sostuvo al hombre que había caído sobre ella. Su rostro estaba cubierto de barro y hojas, y su respiración era agitada.
_ ¿Estás bien? _ preguntó ella.
Pero él no respondió. Sintió la tensión en los músculos del hombre mientras lo sostenía. Su piel estaba fría y sus ojos, vidriosos. A pesar de su apariencia desaliñada, había algo en él que la intrigaba. ¿Quién era? ¿Cómo había llegado hasta allí?
El hombre finalmente abrió los ojos y la miró con una expresión de urgencia.
_ No tengo mucho tiempo _ susurró.
La situación era urgente cuando el hombre desconocido se desmayó, y Elena no sabía qué hacer. Se preguntaba qué haría con él, que había irrumpido en su casa. Sin pensarlo dos veces, lo llevó adentro y lo echó en el sofá. Puso una mano en su cabeza y la otra en su cara, rozándola con confusión al no saber qué hacer. De repente, algo caliente comenzó a bajar lentamente por su cara. Elena pensó que era solo barro, pero cuando miró sus manos, se dio cuenta de que era sangre.
Elena, con el corazón acelerado, decidió que lo primero era detener la hemorragia. Corrió a la cocina y regresó con un paño limpio y agua. Con cuidado, limpió la sangre y el barro del rostro del hombre y presionó el paño contra la herida. Mientras lo hacía, notó un tatuaje en su muñeca, una pequeña estrella que parecía tener algún significado.
El hombre comenzó a moverse y a murmurar algo ininteligible. Elena se inclinó para escuchar mejor, pero no pudo entender sus palabras. Decidió que necesitaba ayuda.
_ ¡ANA! _ gritó ella lo más fuerte que pudo.
Y así gritó el nombre de su hermana 3 veces más hasta que finalmente obtuvo respuesta. En unos segundos, Ana había llegado a la sala, pero al ver la situación y a aquel hombre desconocido que se encontraba en el sofá, su cara no fue buena.
_ Pero qué mierda, Elena.
_No hay tiempo para explicar, Ana. Más tarde te explicaré todo, pero primero ayúdame a detener su hemorragia. Está perdiendo demasiada sangre y no sé qué más hacer_ dijo con desesperación.
Ana tomó su teléfono y llamó a su amiga Laura, una enfermera que vivía cerca. Claramente, Ana se tardó varios minutos en responder, pero luego atendió la llamada.
_ Laura, necesito tu ayuda. Un hombre se desmayó en mi casa y está herido. ¿Puedes venir rápido?_ dijo Ana, tratando de mantener la calma.
_ Voy en camino _ respondió Laura sin dudar.
Al escuchar la situación, partió lo más rápido que pudo hasta que finalmente llegó a casa, pero en pijama. Mientras Ana abría la puerta, Elena revisó los bolsillos del hombre en busca de alguna identificación. Encontró una billetera con una tarjeta de identificación. El nombre en la tarjeta era "Carlos Gruden". No le sonaba familiar, pero al menos ahora tenía un nombre.
Laura llegó en pocos minutos a la sala y, tras evaluar la situación, ya sabía qué hacer, tomó su botiquín de primeros auxilios y atendió a Carlos. La hemorragia se había detenido y todo estaba bajo control. Apesar de aquello, Laura decidió que era mejor llevar a Carlos al hospital.
—Miguel está estable ahora. Ha perdido bastante sangre, pero estará bien. Pero necesitamos llevarlo al hospital para hacerle algunas pruebas —dijo el Laura.
_Creo que sería lo mejor _ dijo Elena.
Elena y Laura se decidieron a levantar a Carlos, pero cuando estaban a punto de hacerlo, Carlos abrió los ojos y tomó el brazo de Elena.
_ No, al hospital no _ dijo apenas en un susurro pero con la voz ronca.
Elena, Ana y Laura intercambiaron miradas, sorprendidas por la respuesta de Carlos. Su voz ronca apenas lograba pronunciar las palabras: “No, al hospital no”. A pesar de su debilidad, Carlos parecía decidido a evitar el camino al centro médico. ¿Qué podría estar pasando?, pero no era lo que se preguntaban.
Carlos, con su voz ronca y débil, miró a las chicas con determinación.
_ No al hospital _ repitió por segunda vez, como si esas tres palabras fueran su última voluntad.
Elena, Ana y Laura intercambiaron miradas por segunda vez, confundidas y preocupadas. ¿Por qué Carlos se oponía tan fervientemente a recibir atención médica? ¿Qué secreto guardaba?, y eran sus preguntas.
_ ¿Dónde estoy? _ preguntó con voz débil.
_ Estás en mi casa obviamente . Te encontré en mi patio y te desmayaste sobre mí. ¿Qué te pasó? _ preguntó Elena, tratando de sonar calmada.
Miguel frunció el ceño, tratando de recordar.
_ No estoy seguro... _ dijo que no confuso _ Recuerdo que estaba huyendo de alguien. Me estaban persiguiendo. Necesitaba un lugar para esconderme y vi tu puerta abierta. Lo siento, no quería irrumpir en su casa, mucho menos asustarlas. _ Explicó Miguel, su voz temblando.
Elena sintió una mezcla de alivio y preocupación. ¿Quién estaba persiguiendo a Miguel y por qué?
_ ¿Quién te estaba persiguiendo? _ preguntó Laura, quien también estaba intrigada.
Miguel tomó un respiro profundo antes de responder.
_ No lo sé exactamente. Solo sé que estaban vestidos de n***o y parecían muy organizados. Creo que estaban buscando algo que yo tengo.
Elena y Laura intercambiaron miradas. Esto se estaba volviendo más complicado de lo que pensaban.
_ ¿Qué es lo que tienes? _ preguntó Elena, sintiendo que estaban a punto de descubrir algo importante.