Las blancas

1269 Words
Elena y Martín decidieron esconderse detrás de unas cajas apiladas cerca de la puerta. Desde su escondite, podían escuchar con más claridad la conversación del hombre. _ Sí, las blancas ya están en manos de los mercenarios. Las otras están en la frontera, esperando el próximo movimiento. Las que no servían, ya sabes, me deshice de ellas. No tenían valor._ río a carcajadas. El hombre hizo una pausa, como si estuviera escuchando a la persona al otro lado de la línea. Elena contuvo la respiración, tratando de no hacer ningún ruido. _ No, no hay problema. Todo está bajo control. Nadie sospecha nada. Tengo a la mitad de los policías comprados _ dijo seguro _ Sí, nos vemos en el punto de encuentro.. El hombre colgó el teléfono y se levantó del escritorio. Elena y Martín sabían que tenían que actuar rápido. ¿Qué crees que deberían hacer ahora? ¿Seguirlo para obtener más información o intentar salir del cuartel sin ser descubiertos?. Sabían que debían moverse con rapidez y cautela. Con el corazón latiendo a toda velocidad, comenzaron a retroceder por el pasillo oscuro y húmedo, tratando de no hacer ruido. Cada paso era calculado, cada respiración contenida. De repente, escucharon pasos acercándose desde el otro extremo del pasillo. Se detuvieron y se pegaron a la pared, esperando que la oscuridad los ocultara. Los pasos pasaron de largo, y el grupo continuó avanzando. Finalmente, llegaron a una puerta que parecía llevar al exterior. Con mucho cuidado, la abrieron y se encontraron en un callejón oscuro. La libertad estaba a solo unos pasos. Sin embargo, sabían que debían ser rápidos y silenciosos para no atraer la atención de los guardias. Ambos se movieron rápidamente pero con cautela por el callejón, buscando un lugar seguro donde pudieran detenerse y evaluar su situación. Encontraron un rincón oscuro detrás de unos contenedores de basura, donde se agacharon y trataron de recuperar el aliento. Desde su escondite, podían observar la salida del cuartel y asegurarse de que no había guardias cerca. El silencio del callejón era interrumpido solo por el sonido lejano del tráfico y algún que otro murmullo. Elena miró a su compañero, susurrando: _Tenemos que decidir nuestro próximo movimiento. No podemos quedarnos aquí mucho tiempo. _ Exclamó. Martín la tomó en brazos al ver que el callejón estaba despejado y se lanzó a correr lo más rápido que pudo hasta llegar a su auto. El reloj marcaba las 2 de la mañana y el celular de Elena no dejaba de sonar. El corazón de Elena seguía latiendo con fuerza mientras Martín arrancaba el motor del coche. La adrenalina aún fluía por sus venas, y el sonido de las sirenas se acercaba cada vez más. Sin perder tiempo, Martín giró el volante y salieron del callejón a toda velocidad. Elena miró por el espejo retrovisor, viendo las luces rojas y azules destellando en la distancia. ¿Qué harían ahora?. Debían decidir su próximo movimiento rápidamente. Martín apretó los labios y tomó una decisión. _ Mañana nos dirigiremos al punto de encuentro _ dijo con determinación. _ Allí confrontaremos al hombre y a los mercenarios. No podemos dejar que continúen con su plan y se salgan con la suya. _ Elena asintió, sintiendo la mezcla de miedo y valentía. _ Estamos juntos en esto, Martín _ susurró. _ Y no vamos a permitir que salgan impunes. El coche aceleró por las calles oscuras, alejándose del cuartel. Elena sostuvo su teléfono, que seguía sonando con insistencia. ¿Quién estaría llamando a estas horas? ¿Un aliado o un enemigo? La respuesta estaba a la vuelta de la esquina, y Elena y Martín estaban dispuestos a enfrentarla. El destino de las "blancas" y la seguridad de su ciudad estaban en juego. Elena y Martín intercambiaron miradas nerviosas mientras el teléfono de Elena seguía sonando. Sin dudarlo, ella contestó la llamada. La voz al otro lado era ronca y urgente. _ ¿Elena? _ dijo la voz. _ Soy el agente Rodríguez. Necesitamos hablar. Hay más en juego de lo que creen. La tensión en el coche aumentó. ¿Podrían confiar en el agente Rodríguez? ¿Qué secretos ocultaba? Elena y Martín sabían que debían tomar una decisión rápida. La ciudad estaba en peligro, y ellos eran la última línea de defensa. El agente Rodríguez, con voz tensa, reveló que había infiltrado la operación de los mercenarios. _ Las 'blancas' no son lo que parecen _ dijo. _ Son un arma biológica diseñada para propagar una enfermedad letal. El hombre al que siguen trabaja para una organización terrorista global. Elena y Martín intercambiaron miradas, asimilando la gravedad de la situación. Como el agente se enteró de eso y supo que ellos estaban involucrados en esto. _ ¿Por qué nos lo está diciendo ahora? _ preguntó Elena. _ Porque necesitamos su ayuda _ respondió el agente. _ La ciudad está en peligro inminente. Los mercenarios planean liberar las 'blancas' en el corazón de la urbe. Debemos detenerlos antes de que sea demasiado tarde. El coche se deslizó por las calles, y Elena apretó el volante. _ ¿Qué necesitamos hacer? _ preguntó Martín. _ Localicen al hombre y descubran su próximo movimiento _ instó el agente. _ Estamos en una carrera contra el tiempo. La ciudad dependía de ellos. Elena y Martín asintieron, decididos a enfrentar la amenaza y desentrañar los secretos detrás de las "blancas". Pero lo primordial ahora era llegar a sus casas. El reloj seguía avanzando implacablemente. Elena y Martín aceleraron por las calles, el motor del coche rugiendo en su búsqueda frenética. La lluvia golpeaba el parabrisas, distorsionando las luces de la ciudad. Elena recordó las palabras del agente: “Las ‘blancas’ son más peligrosas de lo que imaginamos”. Martín miró el mapa en su teléfono, tratando de trazar la ruta más rápida para llegar a casa. Las “blancas” eran una organización clandestina que operaba en las sombras, manipulando los hilos del poder. Nadie sabía quiénes eran realmente ni cuál era su objetivo final. _ ¿Crees que el hombre está relacionado con las blancas? _ preguntó Elena, sus dedos tensos en el volante. Martín frunció el ceño. _ No lo sé, pero es nuestra única pista. Debemos encontrarlo antes de que hagan algo irreversible. El reloj marcaba las horas implacables. Elena y Martín continuaron su partida hasta que finalmente lograron llegar a casa, ambos se fueron por diferentes rumbos. Elena, al llegar, abrió la puerta principal e ingresó a la casa. La sala estaba sumida en una oscuridad total, al parecer Ana esta vez no se había quedado esperándola despierta en el sofá. La castaña subió directamente a su habitación y se adentró en la regadera para darse una ducha, ya que estaba empapada de pies a cabeza con el agua de la lluvia. Su ducha duró unos 40 minutos y después se puso su pijama para dormir. Antes de ir a dormir, decidió buscar el significado de la marca que estaba en la entrada de ese callejón. Compartió la imagen en su ordenador y comenzó a escanearla, pero de repente escuchó un fuerte golpe a través de su ventana, seguido del sonido de las rejas moviéndose. Rápidamente retiró las evidencias de su pantalla, desconectó su ordenador, se levantó de su asiento y se dirigió directo hacia la ventana para descubrir quién o qué era el causante de aquellos ruidos molestos. Abrió la ventana y asomó la cabeza, pero debido a la niebla que se estaba formando, no podía ver con claridad. Sin embargo, se percató de que una persona encapuchada había irrumpido en su propiedad.
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