La figura encapuchada, El Vigilante, los observaba con una intensidad que parecía atravesar sus almas. Elena y Martín intercambiaron por segunda vez una mirada cargada de incertidumbre. ¿Qué secretos ocultaba aquel callejón? ¿Qué consecuencias les esperaban si decidían seguir adelante?
Elena, con su curiosidad insaciable, no podía resistirse. Tenía que descifrar a como diera lugar aquel callejón. Tomó una decisión audaz y dio un paso hacia adelante.
_ Queremos saber más _ declaró con firmeza. _ Estamos dispuestos a enfrentar las consecuencias. ¿Qué hay detrás de este símbolo? ¿Por qué es tan importante? _ Lo señaló.
El Vigilante asintió lentamente y se apartó de la marca en la pared. Extendió un brazo, invitándolos a seguirlo. Elena y Martín intercambiaron otra mirada, esta vez llena de determinación. Juntos, avanzaron por el callejón, adentrándose en la oscuridad.
A medida que se alejaban de la luz de la calle, el aire se volvía más denso, cargado de misterio. Las sombras parecían cobrar vida, susurros inaudibles flotaban en el aire. El Vigilante no decía una palabra, pero su presencia era imponente.
Finalmente, llegaron a una puerta de roble bastante vieja, cubierta de runas y símbolos. El Vigilante la abrió con una llave que colgaba de su cuello.
_ Bienvenidos al enigma _ dijo con voz grave.
El interior de la habitación estaba sumido en penumbra, y el aire vibraba con una energía desconocida. ¿Qué secretos ocultaría aquel lugar?
El vigilante abrió la enorme puerta que tenían delante y al hacerlo pudieron ver a un grupo completo de personas que parecían ser algún tipo de terroristas. Todos vestían de n***o y estaban marcados con cicatrices, algunos en el cuello, otros en el rostro y otras partes del cuerpo. Habían llegado al clímax de ese viejo manuscrito. Martín se acercó a Elena y le susurró al oído.
_ ¿Y ahora qué haremos? _ le preguntó.
Elena no sabía qué hacer ni qué decir. Aquella habitación rodeada de vigilantes la había puesto nerviosa. Solo había dos puertas más por cruzar, además de la primera, y detrás de cada una de ellas había cinco guardias esperándola, algunos con armas blancas y otros sin ellas.
Elena se acercó al grupo de terroristas, observando detenidamente las cicatrices en sus cuerpos. Notó que algunos tenían cicatrices en forma de luna creciente, mientras que otros tenían cicatrices en forma de estrella o de cruz. ¿Podría haber un patrón oculto? Martín, ansioso, le preguntó a Elena:
_ ¿Qué ves en las cicatrices? ¿Hay alguna conexión entre ellas? _ preguntó esperando su respuesta.
La situación era intrigante y tenían que resolver un acertijo, Elena y Martín están en una celda con dos puertas: una conduce a la muerte y la otra a la libertad. Cada puerta está custodiada por un vigilante. Uno de ellos siempre dice la verdad, y el otro siempre miente.
Para salvarse, Martín podría preguntarle a uno de los vigilantes, se acercó a Elena y le susurró.
_ Si le pregunto al otro guardia por la puerta por la que tengo que salir, ¿qué me respondería?.
_ Si hablas con el que siempre miente, diría: "El otro guardia te dirá que la puerta por la que debes salir es la puerta falsa." Si le preguntas al que siempre dice la verdad, diría lo mismo. De esta manera, podríamos escoger la puerta contraria a la que indiquen y aumentar nuestras posibilidades de salir de aquí con vida.
Martín y Elena intercambiaron miradas nerviosas. La tensión en la habitación era palpable. Elena, con su mente aguda, recordó algo que había leído en un antiguo libro. Se acercó al vigilante más cercano y le preguntó:
_ Si le preguntara al otro guardia cuál es la puerta correcta, ¿qué me diría? _ preguntó.
El vigilante la miró con una sonrisa siniestra y respondió:
_ El otro guardia te diría que la puerta correcta es la que está marcada con una cicatriz en forma de luna creciente.
Martín y Elena intercambiaron otra mirada. ¿Debían confiar en la respuesta del vigilante o intentar algo diferente? El manuscrito no les daba más pistas, y el tiempo apremiaba.
Elena frunció el ceño y le susurró a martín:
_ Creo que las cicatrices podrían estar relacionadas con las respuestas de los vigilantes. Tal vez debemos elegir la puerta que coincide con la forma de la cicatriz mencionada por el guardia.
Los dos se miraron, evaluando sus opciones. ¿Deberían confiar en las cicatrices como una clave para la elección correcta? El manuscrito no decía nada más, y el tiempo seguía corriendo. ¿Qué decisión tomarán?, no había tiempo para esas preguntas.
_ Elejimos la puerta con forma de luna creciente _ dijeron ambos al mismo tiempo.
El guardia los miró con unos ojos penetrantes, abrió la puerta ante ellos y solo dejó ver un sin fin de armas de todo tipo. Ambos quedaron atónitos ante este descubrimiento, que resultó tan fácil que ni siquiera ellos mismos lo creían. De repente, la puerta se cierra frente a ellos y en el pasillo de esa habitación llena de armas comienzan a escucharse muchos ruidos. Ambos retroceden lentamente, tratando de no hacer ruido. El corazón les late con fuerza mientras se alejan de la puerta.
Con mucho cuidado, avanzan hacia el origen del sonido. El pasillo se estrecha y la oscuridad se hace más densa. A medida que se acercan, distinguen una tenue luz al final. Finalmente, llegan a una puerta entreabierta. ¿Deberían entrar o esconderse?. Eso era lo que se preguntaban. Sus pasos eran sigilosos, los conducian por un pasillo oscuro y húmedo. El aire estaba cargado de tensión mientras avanzaban, tratando de mantenerse en silencio.
De repente, escucharon un ruido sutil al final del pasillo. Allí había una puerta entreabierta. Se acercaron y asomaron la cabeza para espiar con sigilo. Allí se encontraba un hombre sentado con los pies sobre un escritorio, hablando por teléfono mientras consumía tabaco. La conversación no era muy clara, pero podían escuchar ciertas partes.
_ Ya las blancas han sido vendidas a los mercenarios _ decía. _ Otras fueron enviadas a la frontera y de las demás me deshice de ellas porque ya no me servían y no tenían gran valor.
Elena quedó atónita, no solo se había involucrado con una organización de terroristas, sino que también habían entrado en un cuartel de la mafia y este, al parecer, era uno de los principales líderes entre los demás mafiosos.