Era una tarde tranquila y la lluvia caía con fuerza. Estaba Elena, una chica de pelo castaño y ojos verdes, sentada en su escritorio tecleando en su monitor. El cuarto estaba vacío, además de ella no había nadie más allí.
La fuerte brisa que entraba por la ventana hacía que las cortinas bailaran al mismo compás. El rico y suave aroma a tierra húmeda aliviaba el ambiente, pero ella solo se quedaba allí revisando las noticias y redactando pequeños párrafos.
Y así, seguían pasando las horas, pero ella aún no había salido de su habitación. Se encontraba allí desde la mañana sin probar un solo bocado. Se levantó de su asiento y colocó en la pared con tachaduras las imágenes que había impreso. Tenía un nuevo caso que resolver y se negaba rotundamente a poner en juego su carrera de periodista.
Las imágenes fueron colocadas en orden cronológico y cada una era trazada con una línea roja que las unía, pero aquel mural que yacía en aquella pared estaba incompleto, aún faltaba algo, faltaba la pieza principal que desencadenaba el rompecabezas y eso frustraba aún más a Elena. La puerta de su habitación se abrió, dejando ver a Ana, la hermana de Elena, quien al entrar solo optó por dejar a un lado lo que traía en sus manos y quedarse viendo a su hermana con preocupación.
_Oh vamos, Elena _ la miró _ tienes que tomarte un descanso. Has estado aquí desde la mañana y no puede ser posible que no hayas comido nada.
_ Es que no puedo Ana _ dijo ella _ no puedo darme el lujo de descansar mientras tengo un sinfín de casos sin resolver. _ Llevó sus manos hacia su pelo y lo tiró hacia atrás. _ Creo que voy a volverme loca.
Ana se acercó a Elena, la miró fijamente a los ojos mientras llevaba sus manos hacia sus hombros y las posaba en ellos. Podía observar lo frustrada que se encontraba Elena y el peso que recaía sobre sus hombros al ser periodista. Sabía que no era una carrera fácil, ya que además de redactar y hablar en r************* , también ponía su propia vida en juego en cada investigación, lo cual causaba un gran temor en Ana.
Se negaba a perder a Elena, así como perdió a sus padres. La pasión de Elena por ser periodista no solo venía de un sueño de niña, sino de la admiración que había despertado desde temprana edad al ver a sus padres arriesgarse para resolver casos para altos funcionarios. Pero un día inimaginable, ocurrió una desgracia. Se filtró a través de todos los canales de noticias la muerte de sus padres, lo cual sumió a Elena en una profunda depresión. Siendo tan joven, su único propósito fue convertirse en una gran periodista e investigar la muerte de sus padres y encontrar al responsable.
De repente, su teléfono comenzó a vibrar sin parar. Se acercó a él y vio que su compañero, que también era su editor, estaba llamando. Se preguntaba si debía contestar la llamada o no, pero al final no le quedó más opción que interrumpir su conversación con su hermana y contestarla.
_ ¿Qué sucede, Martín? _ le preguntó ella mientras esperaba su respuesta.
_ Necesito que vengas a la oficina, ha ocurrido algo esta mañana _ exclamó. _ No puedo comunicártelo por llamada, así que ven lo más pronto posible y hablaremos aquí. Necesito que lo veas con tus propios ojos.
_Está bien, en una hora estaré allá, vale.
Cerró la llamada y colocó su teléfono sobre la mesa. Su hermana se quedó mirándola confundida, no sabía qué estaba pasando ni por qué su hermana se encontraba cambiándose de ropa.
_ ¿Qué sucede? _ preguntó _ ¿Ha ocurrido algo en tu trabajo?
_ La verdad, ni siquiera yo misma lo sé _ dijo _ solo sé que sea lo que sea que haya pasado, quieren que sea yo quien lo vea con mis propios ojos.
Después de decir eso, salió de casa muy apresurada. Su único propósito era llegar a la oficina y descubrir qué era lo que estaba pasando allí. Elena finalmente llegó a la oficina y vio a todos amontonados, como si fuera alguna especie de reunión. Su rostro de preocupación ahora se había tornado confundido.
Martín su editor, con el corazón latiendo con fuerza. La lluvia seguía cayendo afuera, como si el cielo también compartiera su inquietud. Martín la recibió con una mirada sombría y la condujo hacia su despacho.
La lluvia seguía cayendo implacablemente, como si el cielo también estuviera al tanto del giro inesperado que aguardaba en la oficina. Elena llegó apresurada, empapada y con el corazón latiendo con fuerza. Martín la esperaba junto a su escritorio, con una expresión grave.
_ Elena _ dijo Martín, señalando la pantalla de su computadora _ esto es lo que necesitas ver.
Elena se acercó y sus ojos se abrieron con asombro. La imagen mostraba un viejo manuscrito, sus páginas amarillentas y adornadas con símbolos enigmáticos. El título estaba escrito en una lengua desconocida para ella, pero algo en su interior resonó. Era como si el manuscrito la atrajera hacia él.
_ ¿Qué es esto? _ preguntó Elena, sin apartar la mirada de la pantalla.
_ Lo encontraron en una excavación arqueológica en las afueras de la ciudad _ explicó Martín. _ Los expertos creen que es un registro viejo, pero nadie ha logrado descifrarlo. Y aquí viene lo más intrigante: parece estar relacionado con la muerte de tus padres.
Elena sintió un escalofrío recorrer su espalda. ¿Cómo podía ser posible? Sus padres habían sido periodistas, no arqueólogos ni exploradores.Esto la confundía aún más. Pero algo en el manuscrito la conectaba con ellos de manera inexplicable.
_ ¿Qué dice? _ preguntó Elena, ansiosa.
Martín le entregó una copia impresa del manuscrito. Las palabras parecían danzar ante sus ojos, como si estuvieran vivas. Elena se concentró en los símbolos, buscando algún indicio, alguna pista que la llevara más cerca de descubrir la verdad.
_ No lo sé _ confesó Martín. _ Pero creo que tú eres la única capaz de descifrarlo. Tu pasión por la verdad y tu conexión con tus padres te ayudarán.
Elena asintió, decidida. El rompecabezas se volvía más complejo de resolver, pero ella estaba dispuesta a hacerlo. El manuscrito, la lluvia, su pasado y su presente se entrelazaban en un enigma que trascendía el tiempo y el espacio.
El giro inesperado la llevaba a un camino oscuro y peligroso, pero Elena no retrocedería. Sus padres la observaban desde algún lugar, y ella no descansaría hasta encontrar respuestas y hacer justicia.
La lluvia seguía cayendo, pero ahora era como si lavara su alma, purificándola para la búsqueda que la esperaba.