El espíritu guardián de la historia ya había tomado su decisión. Cerró el capítulo que acababa de ser escrito con la caída del bosque sombrío, separó su mano del pilar de piedra y abandonó las cuevas oscuras para trepar las nubes y seguir el curso del arcoíris. Llegó a la plaza de los espíritus, donde muchos se quejaban de la última rabieta del espíritu del cielo…, el espíritu guardián de la historia, también llamada Istia, se paró sobre el borde y miró la penumbra – hoy moriré.
Los espíritus alrededor soltaron un suspiro.
– ¿Otra vez?
– ¡Esto es aburrido!
– ¿Algún día se va a lanzar?
Istia se sintió ignorada, miró hacia atrás y retó a todos los espíritus – ya tomé mi decisión, no intenten detenerme.
Estaba cansada, otros espíritus podían volar, correr o nadar. Algunos de menor rango saltaban entre las fuentes y trazaban piruetas en el aire, gracias a sus poderes los humanos los veían como pescados y disfrutaban del espectáculo. Otros se convertían en mariposas para coexistir con los humanos y aprender de ellos.
Pero Istia era la guardiana de la historia y ella solo podía permanecer en su lugar, sintiéndose vacía.
– Maestra – dijo una joven mientras corría – maestra, llegó otro pergamino.
Istia estaba cansada, cada vez que terminaba una misión importante dictada por los espíritus reyes, caminaba a la plaza e intentaba ponerle fin a su vida como espíritu para así lograr su mayor deseo…
Ser humana.
Esos bosques, valles, prados e islas que llenaban la historia, finalmente podría tocarlos, sentirlos, experimentarlos. Su cuerpo sería pequeño al comienzo, más grande después de un tiempo y al final, se llenaría de arrugas, se deterioraría y experimentaría algo impensable para los espíritus. El envejecimiento.
Istia se sentía lista para probar esa experiencia, pero siempre había una nueva misión y un espíritu puro no podía negarse a los deseos de los espíritus reyes.
– ¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?, dijo que la anterior tarea era la última, obviamente me equivoqué, esta es la última, ¿no?
Sumia asintió – así es, maestra, es la última.
Como broma, ya no era graciosa. Istia tomó su “última misión”, escrita por el espíritu rey de la vida: Vitalis, y la leyó.
– Mi querida guardiana de la historia. Te he visto caminar por la plaza espiritual un sinfín de veces y mirar hacia la penumbra con gran determinación. Aún sabiendo que nadie ha logrado escapar de sus garras y entiendo, que no deseas dejarnos ni ir en contra del destino que se te ha impuesto como guardiana de la historia. Sino ver el mundo con otros ojos. Te has enamorado de la criatura a quien hemos jurado proteger. Los humanos. Pero lo has hecho con pureza. Y esto me llena de felicidad.
Leyendo esa carta Istia se sintió un poco agradecida.
– He decidido conceder tu deseo y permitirte renacer como humana por designio propio, esto significa que no tendrás que lanzarte a la penumbra ni arriesgarte a desaparecer. Tendrás el deseo que pediste – siguió leyendo y se quedó sin palabras – sin embargo – cerró los ojos, respiró profundamente y siguió leyendo – los otros espíritus reyes han votado en contra y hemos llegado a una solución sugerida por el espíritu rey del fuego. Si deseas renacer como humana, antes, debes encontrar a un suplente. Puedes elegir entre humanos, espíritus errantes, sirvientes, menores, mayores o guardianes. Te damos completa libertad en tu decisión, pero dicho heredero, debe demostrar que está listo para tomar tu lugar.
Sumia escuchó esa parte y sus orejas subieron – maestra – sonrió con felicidad.
Istia bajó el pergamino – ellos…, Sumia, ¿entiendes lo que esto significa?
Sumia asintió, aunque no quiso ser arrogante al decir que ella era la persona más apropiada para almacenar la historia y se llenó de humildad al decir – no, maestra, ¿qué significa?
– Seré libre – anunció Istia – solo necesito encontrar un suplente y seré libre. Sumia, haz la convocatoria, recibiremos espíritus de todos los niveles, anúncialo en la plaza, aguarda, ¡ya estamos en la plaza! – celebró y trepó a la fuente para dar la noticia – sé que escucharon. Yo, la guardiana de la historia, voy a retirarme y cualquiera de ustedes puede tomar mi lugar, ¿quién está listo?, a todos los participantes los espero en la nube los recuerdos – anunció y de un salto regresó a la plaza – es tan emocionante, no puedo esperar a encontrar al espíritu correcto.
Sumia apretó los puños – maestra, sabe, a veces la persona que más buscamos es la que está más cerca de nosotros.
– ¿Eso crees?, en ese caso no sufriré mucho buscando. Tendré a mi heredero y me volveré humana, ah, ¡es tan emocionante!, hay que regresar.
Sumia se sintió muy decepcionada y la siguió.
La noticia se propagó entre los espíritus de todos los niveles. Istia, la guardiana de la historia iba a ceder su posición a un espíritu heredero. Todos los participantes debían acudir a la nube de los recuerdos para presentar su solicitud.
Obviamente había ciertas reglas no escritas. Los participantes debían estar dispuestos a convertirse en los guardianes de la historia, esto significaba que quedarían recluidos en las cuevas oscuras bajo los dominios del espíritu rey de la muerte, serían convocados a las reuniones de los espíritus reyes, sus conocimientos serían usados para la toma de decisiones y como punto extra, debían ser espíritus puros.
Los espíritus corruptos ni siquiera podían pensar en presentarse a la convocatoria, era una idea ridícula. Lo que dejaba fuera al espíritu de los secretos olvidados, quien escuchó la noticia de Serafín y pensó en postularse.
Pronto, la gran cacería comenzó.
El espíritu errante de la arena, quien vivía en los dominios del maestro de las dunas, dejó todo el piso cubierto de arena y para mala fortuna de Istia, el siguiente espíritu era de viento, eso provocó que la arena se metiera en todos los rincones y dejara el piso hecho un desastre.
Un espíritu de lava, sirviente directo del espíritu rey de la montaña fue el siguiente y su lava salpicó los asientos y el suelo, dejando marcas que se combinaron con la arena.
El espíritu maestro de las sombras fue el siguiente, debido a su gran tamaño, Istia tuvo que salir a reunirse con él, pero cuando lo interrogó, descubrió que estaba ahí por curiosidad y no porque deseara el puesto.
Sumia se mantuvo a su lado con los ojos afilados, observando en silencio a cada postulante y determinó que cada uno era peor que el anterior. Aun esperaba que Istia la eligiera como sucesora, pero ella seguía siendo serena y distante. Se estaba volviendo muy molesto.
El siguiente fue un espíritu insecto.
Istia se emocionó – un espíritu menor y con un tamaño tan pequeño, apuesto a que amarás ser el guardián de la historia.
El espíritu miró alrededor – creo que me equivoqué, busco al espíritu de las sombras.
Istia borró la sonrisa de su rostro y respondió – gira a la derecha, lo verás enseguida.
– Gracias.
Un espíritu de trueno, cambiante y caprichoso – así que esto es la historia – anunció al llegar.
Istia respiró lenta y profundamente – no lo es. Estamos en una nube, el territorio de la historia está oculto en las cuevas de las sombras, ¿te gustaría verlo?
– Claro que no.
Istia se molestó – entonces, ¿qué haces aquí?
El espíritu se encogió de hombros – tenía curiosidad, igual no creo que encuentres a alguien que quiera este puesto – se burló.
Istia se puso de pie y la nube tembló – largo de mi vista.
El siguiente fue un espíritu planta, miró alrededor e Istia sintió mucho afecto y cariño por un espíritu tan pequeño.
– Dime, ¿te perdiste?
– Yo – bajó la cabeza – vi a muchos espíritus venir hacia aquí y pensé en seguirlos, ¡lo siento!
Istia lo despidió amablemente, pero su semblante se endureció y su paciencia comenzó a desmoronarse. Al levantar la vista hacia el cielo, donde la luz apenas se filtraba entre las nubes, pensó que estaba en el lugar incorrecto.
Sumia se acercó – maestra.
– Dile al resto de los espíritus cobardes que no los necesito – anunció – buscaré a mi sucesor yo misma – dijo y voló.
La guardiana de la historia tenía poca libertad, no podía interactuar con los humanos y si se presentaba un problema, era culpada por no vigilar la historia correctamente.
Ese puesto nació con el héroe Jonás.
Los espíritus reyes decidieron que sería el primer gran héroe, aquél que derrotaría al primer espíritu corrupto y su leyenda daría inicio. Así estaba escrito. Pero una serie de eventos no planificados culminaron con su muerte, el primer espíritu corrupto escapó, una criatura que no debía existir nació y la magia se filtró al reino humano.
Todos los eventos sucedieron uno detrás de otro, como una bola de nieve que se convierte en una avalancha y para evitar que volviera a suceder, un espíritu debía custodiar la historia.
La responsabilidad era tan grande, que no podía medirse y los espíritus amaban la sensación de libertad, incluso si era solo una imitación de la verdadera. Por eso sabía que no sería fácil encontrar un heredero.
El viento sopló con fuerza arrastrando un sonido extraño que se filtró por los oídos de Istia, más abajo, en el preludio de una tormenta, estaba un pequeño espíritu atrapado en un remolino. Por su color y forma, se trataba de un espíritu trueno y dado que su apariencia era la de un niño de siete u ocho años, era un espíritu menor.
El viento lo golpeó y fue lanzado hacia un costado.
Entre los murmullos Istia escuchó delgadas risas y vislumbró a los espíritus de viento que lo habían empujado.
Dentro del mundo de los espíritus eso ocurría a menudo. Ya que los espíritus no podían morir, no se consideraba una agresión, todo eso era parte de la diversión. Pero no era justo.
Atrapó al espíritu entre sus brazos y observó su mirada, tan llena de determinación. Sería bueno encontrar un espíritu como él, fuerte, valiente y con ganas de demostrarle al resto que podía ser mejor. Si tan solo…
– Despierta – le dijo.
El espíritu abrió los ojos y la miró. Lo primero que vio fue el largo cabello rojo que ondeaba con el viento y después, los símbolos escritos por su rostro.
– ¿Quién eres? – preguntó el pequeño espíritu.
Istia estaba desesperada y se permitió mentir un poco – soy un espíritu guardián, dime, pequeño, ¿te gustaría ser un espíritu guardián?
Él asintió.
– Hay una forma, si vienes conmigo, puedo convertirte en un espíritu grande, fuerte y autoritario. Los otros espíritus no podrán ofenderte y si lo hacen – dijo Istia y levantó la mano para formar una flama, antes de ser la guardiana de la historia, ella solía ser un pequeño espíritu flama que servía al espíritu rey del fuego. No directamente. Su posición en la jerarquía era irrisoria, pero había logrado ascender.
Y ahora él también podría.
– Dime, ¿te gustaría?
El pequeño espíritu asintió.