Alicia en el país de la penumbra Parte Final

892 Words
Junto al sendero que separaba la luz de la oscuridad se hallaba un pequeño pantano, el agua parecía azul índigo, en realidad el color del agua era transparente, pero el fondo era azul y estaba a pocos centímetros. Osvald dio un paso sobre el agua y al instante, surgió un pasto muy regular y pequeño encima de la superficie del agua, Osvald trazó una curva para formar un arco de pasto dentro del agua y señaló el centro – aquí. Alicia dio un paso dentro del espacio formado por el pasto que separaba el agua del resto, cuando metió los dos pies notó como el agua se ensuciaba por la sangre, tierra y pedazos de hierba que ella traía en los pies, se sintió un poco avergonzada y Osvald tiró de ella para evitar que se alejara. El agua sanó sus heridas, pero el coro de murmullos resonó con más fuerza y en esa ocasión no hubo deseos, sino maldiciones. “Nadie regresa” “Ningún mortal puede ir hacia atrás en el flujo del tiempo” “Si retrocedes, te quedarás en el umbral para siempre” “Avanza o tu alma se extinguirá” “Uno debe volver, el otro debe quedarse” Las voces eran muy incesantes, era difícil ignorarlas, pero Alicia se aferró a las manos de Osvald, convencida de que era él en quien debía confiar. No en esas voces. Una vez que sus heridas fueron sanadas, Osvald volvió a abrazarla – no puedes ir hacia el sendero. Eres un alma humana que no completó su transmutación porque estabas ligada al árbol del bosque, por eso no pudiste convertirte en espíritu por medios convencionales. Si sigues la luz, tu alma se dispersará y será parte de la esencia de la vida. Serás viento, luz, agua y tierra. Te arrebatarán tu consciencia. Alicia se preocupó. – Hay otra forma – agregó Osvald – si aceptas ir a la oscuridad, yo te mantendré a salvo, pero no sé cuánto tiempo me tomará volver o si lograré hacerlo. – Entiendo – respondió Alicia y asintió – esperaré contigo. Osvald hundió la cabeza en el hombro de Alicia, feliz de que lo hubiera perdonado y dijo – para ti serán segundos, estaremos juntos al otro lado. Lo prometo. Los pies de Osvald no tocaban el agua, él se mantenía sobre el pasto, que actuaba como un escudo, pero los pies de Alicia sí se hallaban en contacto directo con el agua y pronto, sus pies se volvieron traslucidos y desaparecieron, pasó lo mismo con sus piernas, Alicia ya no podía pararse, era sostenida por los brazos de Osvald. El resto de su cuerpo pronto desapareció y quedó un alma blanca teñida ligeramente de gris. Osvald la tomó entre sus manos, la llevó al interior de su ropa, cerca de su corazón y miró a la penumbra. Alicia estaba muerta, aunque vivió por largas décadas en el umbral entre la vida y la muerte, lo cierto era que un humano la asesinó mucho tiempo atrás y Osvald no podía cambiar esa realidad. Tarde o temprano, la muerte se la arrebataría. Lo que podía hacer era traerla consigo, de regreso. Una determinación feroz lo envolvió. Cerró los ojos, extendió las alas y atravesó la penumbra. El viento sopló con gran fuerza desde el comienzo, negándole la oportunidad de acostumbrarse al entorno, de seguir adelante corría el riesgo de perder las alas. Bueno, igualmente no las usaba. Una rama voló por el aire chocando contra el pecho de Osvald, él se cubrió rápidamente con las manos, sintió que la penumbra le estaba enviando un mensaje. Él podía irse, pero ella se quedaba. Las almas que entraron antes que él a la penumbra y no lograron escapar, se negaban a cederle esa victoria, pero él no planeaba aceptarlo, perdió la noción del tiempo, del espacio y todo su cuerpo se entumió. La corriente rugió como si quisiera tragarlo y el alma de Alicia dudó. – ¡No me sueltes! – gritó Osvald y siguió avanzando. Más adelante apareció un puente, mientras Osvald lo cruzaba los pilares se alzaban, los carruajes transitaban con prisa y en la parte media, los mismos pilares se desmoronaron y la corriente del río avanzó, era como si el puente jamás hubiera existido, pero más adelante, el puente se hallaba completo, reparado con concreto y una serie de coches circulaban entre los carruajes tirados por caballos. Osvald siguió avanzando e intentó no prestarle atención a ese sinsentido. De pronto, una cascada. Osvald apenas pudo aferrarse antes de la caída y sus alas temblaron al ser arrojados hacia el suelo, su espalda se golpeó varias veces, para evitar el choque, sus alas se retrajeron, envolvieron su cuerpo y siguió cayendo. La penumbra desapareció, Osvald logró atravesar lo imposible y del otro lado, se golpeó la espalda contra el pavimento, fue empujado hacia un costado, sobre una cerca vieja, un árbol y un letrero. El hombre que pasaba por la carretera en motocicleta miró hacia atrás – ¿qué demonios fue eso? – distraído por un momento por la extraña luz que atravesó la carretera. Se detuvo, se quitó el casco y por seguridad, decidió que debía seguir su camino. El tiempo seguía de esa forma, pero pronto, más de un espíritu sabría que el guardián del bosque sombrío estaba de regreso. FIN
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