La princesa que nunca volvió Parte2

1936 Words
Lumus Percival tenía en sus manos una antigua investigación del bosque sombrío que recolectaba testimonios de lo sucedido cuarenta y siete años atrás. El año en que el rey demonio despertó y buscó a la reina Amatista para ayudarle a tener hijos. En esa compilación estaba la bitácora de Erick, el hombre que desafió lo imposible. Abrir la puerta del bosque sombrío más de una vez. ¿Cómo lo logró? Se enfocó en un deseo muy simple, el de conocer a la bruja del bosque sombrío. Dicho deseo se cumplía con tan solo verla y no necesitaba magia de corrupción, lo que creó un espacio vacío dentro de las reglas del bosque. Según sus conclusiones, para encontrar el bosque debían usar el mismo método. – Su nombre es Alicia – declaró Lumus – bruja del bosque sombrío. Debe tener unos cien años, pero su apariencia y madurez se detuvo cuando fue tomada por el bosque para cumplir el papel de recolectora de almas. Olviden a la anciana de cabello blanco y verrugas. Piensen en la hermana menor que dejaron en casa y que está esperando por ustedes – les dijo a los soldados y magos – quieren conocerla, preguntarle por las maravillas del bosque y hablar con ella. Ese tiene que ser su único deseo. Si no siguen el método, el bosque no se abrirá. Mientras Lumus continuaba con su discurso, Vladimir frunció el ceño. – ¿Ese es su plan?, ¿actuar como si ese monstruo fuera mi hermana? – preguntó y su caballo se puso nervioso. Lumus retrocedió para estar al mismo nivel que el rey Vladimir De Lacorde – es el único método probado. Si tiene una mejor idea, estoy abierto a sugerencias. En la parte de atrás, la reina Beatriz se aferró a las riendas y se adelantó ligeramente – Vladimir. Tenemos que detener el ataque, no sabes qué clase de criaturas se esconden en el bosque sombrío, si algo sucede… – Precisamente porque desconozco la clase de monstruos que se ocultan, es por lo que tengo que sacar a Esmeralda de ahí – respondió Vladimir, ajeno a cualquier otro tema que no fuera su hermana menor, atrapada por el rey demonio. Beatriz miró hacia atrás. Su hijo Jeffrey también estaba ahí, pero al igual que ella, él sentía que esa no era una buena idea. Pero Vladimir no escucharía ni una sola palabra más. El ejército de ocho mil hombres, al mismo tiempo, se concentró en un solo deseo. Encontrar a la bruja del bosque sombrío. Hubo pequeñas excepciones, soldados que no pudieron concentrarse en la descripción que les entregaron, magos que despreciaban a Lumus por ser parte de la familia Percival y no querían que ese plan funcionara. Soldados que tenían deseos muy profundos y que salieron a flote ante la posibilidad de encontrar el bosque. Y Vladimir, cuyos pensamientos no estaban con la bruja, sino con su hermana. Pero al final, el propósito de Lumus se cumplió, porque todos deseaban algo. Y la tortuga que sostenía el bosque se alimentaba de esos deseos. ***** Esmeralda lloraba. Después de dejar el castillo caminó por el bosque, miró a las criaturas que lo habitaban, pasó los dedos por las flores y pensó en todos los días, las tardes y las horas que pasó en ese lugar, a veces sola, a veces seguida por Alicia y muchas veces con Casian. Ese era su hogar, podía sentirlo en cada fibra de su cuerpo y no se imaginaba en un lugar diferente. Pero también extrañaba su viejo hogar y habría deseado que Casian lo comprendiera. Que él sintiera empatía por ella o por lo menos, intentara comprenderla. Pero lo que hizo fue apartarla, robarle su percepción del tiempo y no mencionar la muerte de sus padres. Eso le dolía muy profundamente. Detrás suyo escuchó el sonido de las hojas siendo aplastadas y supo que se trataba de él – quiero estar sola – dijo. Casian bajó la mirada – lo lamento. – Mentira – soltó Esmeralda y se limpió los ojos – si pudieras volver en el tiempo y regresar a ese día, lo harías de nuevo. Harías cualquier cosa para convencerme de quedarme en el palacio – lo miró – ¿no es así? Las manos de Casian se apretaron – lo hice porque te amo. – Eso no es amor. Es posesión – dijo Esmeralda y se levantó – te lo dije muchas veces. Este es mi hogar y aquí es donde pertenezco, ¿qué pensaste que pasaría?, creíste que dejaría el bosque para visitar a mi familia y una vez ahí, no volvería. Casian negó con la cabeza – confío en ti. Es en ellos en quienes no puedo confiar, habrían buscado la forma de retenerte. De alejarte de mí – agregó con cierto dolor. Esmeralda retrocedió – no lo sabes. El viento corrió con fuerza y la tierra tembló. El cielo que se asomaba por encima de sus cabezas se encerró en un remolino y la luz desapareció, pronto, la oscuridad envolvió el bosque. Algo sucedía, las criaturas del bosque también lo sintieron y todas se alejaron. Esmeralda sintió frío – ¿qué está pasando? – preguntó mirando a Casian. Un grito emergió en el palacio. Era Alicia. Casian miró a Esmeralda, después al castillo y dudó. Esmeralda pudo sentir su indecisión, la bruja del bosque sombrío estaba en peligro, pero él no quería dejarla. Ella negó con la cabeza y tomó su mano. – Vamos juntos. Casian se elevó en el aire y voló hasta llegar al palacio. En la habitación de Alicia el viento había formado un remolino que se llevó todos los objetos, accesorios y recuerdos que ella había acumulado de todos sus viajes. En el centro estaba Alicia, con el cabello plateado levantado y los ojos en blanco. Casian aterrizó y acomodó a Esmeralda a su lado, ella corrió hacia Alicia, pero no pudo acercarse y buscó al conejo – ¿qué le sucede?, ¿por qué está así? El conejo se transformó en un hombre alto de cabello blanco y también mantuvo su distancia – son deseos, miles de ellos. Nunca antes había pasado, están llamando al bosque. Esmeralda frunció el ceño – no entiendo, siempre hay deseos, debe haber miles de ellos todos los días. Osvald, el espíritu guardián con la forma de un conejo que cuidaba el bosque negó con la cabeza – no es lo mismo. Siempre hay deseos, pero son leves y están repartidos por todo el planeta. En este momento hay una gran cantidad de deseos concentrados en un mismo lugar y todos están relacionados con ella – explicó al mirar a Alicia – esto no es normal. – Es un ataque – dijo Casian. Esmeralda tuvo un mal presentimiento – ¿qué pasará con ella?, ¿con las criaturas del bosque? – Dependiendo nuestro enemigo, nadie estará a salvo – le respondió Osvald. – Tú lo estarás – dijo Casian mirando a Esmeralda – abre las puertas, dejan que entren. Yo me encargaré de ellos. Osvald no lo dudó. El bosque sombrío tenía seis entradas, cuatro extremidades de la tortuga, cabeza y cola. Al mismo tiempo los seis caminos se abrieron y los caballeros y magos comenzaron a su caminata. Con los caminos abiertos, Alicia se desplomó y cayó en los brazos de Osvald. Casian subió a la parte más alta del castillo y desde ahí miró el ejército que se aproximaba. Aunque ellos estaban ordenados en grupos y seguían la misma orientación, al momento de ingresar al bosque lo hicieron desde puntos distantes y por un momento, su organización sufrió. – Avancen despacio… – Levanten los escudos… – Arqueros, a sus posiciones… Esmeralda miró las banderas. Había muchas de ellas, reinos grandes y pequeños, academias de magia, ejércitos familiares. Todos ellos reunidos para atacar al bosque sombrío. Casian levantó los brazos y la primera línea de defensa se formó. Los árboles. Esmeralda sintió que su piel se erizaba, ella era la reina del bosque, estaba unida a Casian desde el día en que aceptó quedarse a su lado y sintió cuando los árboles se levantaron para detener a los caballeros. Sus raíces los tomaron de los pies, sus ramas golpearon a los jinetes y sus follajes detuvieron las flechas. Fue una justa defensa y el objetivo era detener el avance. De pronto, una llamarada emergió de la nada y quemó la cuarta entrada, donde estaba la cola de la tortuga. Esmeralda sintió un estremecimiento y Casian agudizó la mirada. – Imposible – alcanzó a decir. En esa dirección, a varios kilómetros. Lumus guardó su vara y miró las cenizas de los árboles que había carbonizado – el camino está abierto, majestad – le dijo a Vladimir. La bandera del reino de Esmeralda hondeó al frente y gracias a los árboles quemados, ella lo vio. El ataque recién comenzaba y ya había un peligro que no podía ser subestimado. – Tengo que bajar – dijo Casian. Esmeralda tuvo un mal presentimiento y sostuvo el brazo de Casian – quédate aquí. Esas personas son magos de la torre, han enfrentado espíritus corruptos toda la vida. Podrían hacerte daño. Casian sonrió, habría sido un momento romántico, excepto que su sonrisa era muy arrogante. – ¿De qué te estás burlando? – reclamó Esmeralda, después de treinta años juntos, conocía muy bien las expresiones de Casian y sabía que el encontró sus palabras muy graciosas. Eso la hizo enfadar. Casian deslizó los dedos por el cabello de Esmeralda para colocarlo detrás de su oreja – me hace feliz saber que estás preocupada por mí – le dio un beso en la frente – pero amor. Tu esposo no es un espíritu corrupto, es el rey demonio – declaró y su cuerpo se transformó en sombras que surcaron el cielo y atravesaron el bosque. Esmeralda lo vio marcharse y sonrió – presumido. Al frente del ejército que avanzaba sobre el carbón y la ceniza apareció Casian, el Rey Demonio, él surgió de la sombra de un tejo gigante, con una capa larga y una vestimenta muy diferente a la que usaba mientras hablaba con Esmeralda. El estilo era importante y él mostró lo que todos temían: Un rey demonio. – Es él – dijo Vladimir y mostró su espada – ¡monstruo! ¡Devuélveme a mi hermana! – gritó y cabalgó hacia el frente. Lumus reaccionó de prisa y creó un escudo para detenerlo, Vladimir sintió la reacción de su caballo y retrocedió para mirar a Lumus, su vara estaba apuntada contra él. Vladimir apretó los dientes – tu enemigo es él, y me estás atacando a mí. Lumus resopló y habló con calma – Casandra, encárgate. Ella se adelantó – Majestad, un enfrentamiento directo es peligroso, tiene que permitir que los magos hagan su trabajo. La desesperación de Vladimir nublaba su juicio. Al ver al demonio que le arrebató a su hermana, su convicción se solidificó y olvidó que no era rival para él. Con los dientes apretados, retrocedió y dejó que Lumus se encargara. Beatriz tomó su mano, pero Vladimir la apartó. Casian mantuvo su postura – ¿en qué momento piensan atacarme? – los retó. – Justo ahora – declaró Lumus Percival. La batalla estalló. Los soldados de Lacorde chocaron contra los espíritus puros que habitaban el bosque y las raíces vivientes se alzaban en su defensa. Lumus, con el poder de un espíritu maestro, atacó a Casian y en la parte de atrás, Esmeralda, la hija de Vladimir se adelantó. – Creo que la encontré – dijo y le entregó su telescopio a su padre – en el castillo.
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