Lumus bajó su vara y suspiró lenta y pesadamente – no lo haré.
Vladimir frunció el ceño – ¿de qué estás hablando?, trabajas para mí, sigues mis órdenes, tienes que hacer lo que yo te diga.
Lumus lo miró y encontró sus palabras divertidas – yo trabajo para la torre, no para usted – por supuesto, quería muertos a todos los espíritus, no le importaba si eran puros o corruptos, pero no atacaría a una persona para lograrlo.
Especialmente, no atacaría a una maga. Porque así interpretó el poder de Esmeralda.
Vladimir perdió el control y blandió su espada en contra de Lumus, él levantó su mano y detuvo el filo con su magia. El temblor se intensificó, las aves se alejaban y buscaban una salida del bosque, los árboles eran arrancados de raíz y en el cielo se formaba un torbellino.
En la habitación de Alicia, Osvald presionó sus manos contra el gran árbol. Los soldados que fueron expulsados del bosque sombrío intentaban volver, ahora que conocían la forma, todos ellos estaban concentrándose en sus deseos para abrir la puerta nuevamente y por esa razón, Alicia cayó en un sueño muy profundo.
Las lágrimas de Osvald cayeron sobre la tierra donde las raíces del árbol habían destrozado el concreto y surgieron pequeñas flores.
– Te sacaré de aquí – susurró.
La gran tortuga se puso de pie, los caminos se torcieron y la tierra resbaló por su gran caparazón. El bosque sombrío se estaba desintegrando y el castillo se partió cuando el gran árbol creció y extendió sus ramas a través de la piedra. Miles de objetos acumulados durante los últimos treinta años salieron despedidos.
Muebles, vestidos, accesorios, jarrones, alfombras y libros. Todos terminaron sobre el suelo.
Lumus miró el árbol y después al bosque, por estar sumido en la batalla no se dio cuenta de en qué momento todos los caballeros y magos fueron expulsados del bosque. Para entender lo que pasaba soltó su vara y enterró los dedos en la tierra, la superficie era suave, no dura, y era así para el resto del bosque – este lugar ya no es seguro, tenemos que salir de aquí – alzó la voz.
Esmeralda se asustó y miró a Casian – ¿qué sucede?
Él tenía la mirada puesta sobre el gran árbol – es Osvald, está perdiendo el control del territorio, la tortuga también – no entendía la razón, pero tanto el espíritu guardián como el espíritu maestro del bosque sombrío habían colapsado. Se aferró a las manos de Esmeralda – vamos a verlo.
Esmeralda miró hacia atrás – si el bosque se derrumba mi hermano estará en peligro, quiero que regrese a casa a salvo.
El gesto de Casian se endureció.
– No me iré – dijo Esmeralda al presentir las palabras que Casian estaba a punto de decir – me quedaré a tu lado, lo prometí, pero él es la única familia que me queda y no quiero que muera en este bosque, por favor – se aferró a las manos de Casian y las llevó a sus labios para darle un beso – ayúdame a proteger a mi familia. Me lo debes – agregó al final, con gran decisión.
Casian sintió que era una mala idea, habría sido preferible tomar a Esmeralda, sacarla del bosque y dejar que todos los demás murieran en ese lugar, o sobrevivieran, no le importaba. Pero no quería que Esmeralda lo mirara y pensara en él como la clase de hombre que sentía desprecio por la vida.
La besó súbitamente y después voló hacia las raíces del gran árbol de la vida, donde estaba Osvald.
El guardián del bosque sombrío tenía los ojos en blanco y su alma se entrelazaba con la savia del árbol.
Esmeralda vio a Casian alejarse y giró hacia Vladimir – estaremos bien, pero debemos quedarnos en este lugar para estar a salvo.
Vladimir parecía sumido en un sueño profundo. Lumus, el hechicero que contrató en la torre se reveló, dejó de seguir sus órdenes y se convirtió en un estorbo, más que en un súbdito, Esmeralda, la hermana de mente curiosa que creció con él estaba totalmente hechizada y el rey demonio tenía todo lo que quería. Para Vladimir, era Casian quien había creado ese terremoto, quien envió lejos a sus tropas y quien tenía a su hermana atrapada en una mentira.
Las ideas en su mente dejaron de tener sentido, recogió la vara de Lumus y susurró – lo haré yo mismo – antes de usarla para golpear la cabeza de Esmeralda. Una vez inconsciente, podría llevársela lejos.
Eso fue lo que pensó.
Lumus, que seguía analizando la estructura del bosque, escuchó el sonido y se levantó de prisa.
Esmeralda había levantado el brazo para detener el golpe, su magia defensiva chocó contra la gema de cristal y el impacto hizo que esta se rompiera.
Lumus no usó una gema creada por las lágrimas de espíritus, en esa esfera de cristal almacenó la sangre del dragón que le dio su poder.
El líquido estalló de golpe y salpicó el rostro, cuello y el brazo de Esmeralda, ese líquido que meses atrás Lumus usó para fortalecerse, era viejo, rancio y tenía la textura del ácido.
Su grito resonó en el bosque.
Vladimir abrió los ojos, vio la sangre que cubría el rostro de su hermana, luego la vara y asustado, la soltó – yo, no entiendo – se llevó las manos a la cabeza, jamás habría pensado en hacerle daño a su hermana, ella era su familia, entonces…
¿Por qué?
¿Por qué lo hizo?
– Esmeralda – susurró el hombre.
Ella escupió sangre y miró a su hermano, solo su ojo izquierdo podía ver.
Vladimir dio un paso hacia Esmeralda y una capa negra le cubrió el paso, era Casian.
Sus dedos temblaron, lo que estaba mirando no podía ser verdad, tenía que ser un sueño, una pesadilla. Ella no podía estar herida. Pasó medio milenio sumido en un largo sueño para encontrarla y finalmente estaban juntos, ella lo había aceptado, sin importarle la corrupción ni las decisiones que tomó en el pasado, ella estaba a su lado.
Tenía que ser un sueño. No era real. No sucedió.
Esmeralda sintió como su consciencia se desvanecía, estiró la mano para tocar a Casian y a medio camino, su brazo bajó al suelo.
Había muerto.
– No – dijo Casian y sostuvo el cuerpo de Esmeralda. Después gritó.
Del bosque quedaba solo la mitad.
Era un campo complicado para los espíritus errantes, encargados de tomar el alma de Esmeralda y limpiar sus pecados previo a su reencarnación. Ellos formaron una fila larga, rodearon a Casian y al bajar, la corrupción de Casian los atacó.
– Ella es mía, no suya. Es mía.
Una luz blanca emergió del cuerpo de Esmeralda, los espíritus errantes lo sintieron, no se trataba de una existencia común, sino la de un ser humano que fue expuesto a la magia y a la corrupción. Un alma con esa naturaleza ya no podía seguir el ciclo humano, debía convertirse en un espíritu.
Pero Casian no lo permitió, atrapó a los espíritus errantes y los golpeó contra el suelo, los otros espíritus intentaron rescatar a sus compañeros y desistieron de reclamar el alma, para salvar sus vidas y huir.
Casian lo había logrado, pero el alma que tenía en sus manos no era humana, tampoco era espiritual. En su desesperación por poseerla, le había negado a Esmeralda el derecho a continuar el ciclo y ella permaneció como una flama que comenzaba a apagarse.
Casian aún no podía entender lo que había pasado, pero sabía que había un culpable.
El hechicero de la torre, el administrador con cientos de carpetas en su oficina, el hombre que leyó el testimonio de Erick, aquel visitante que conoció a Alicia décadas atrás y usó ese conocimiento para encontrar el punto débil del bosque sombrío, el mismo hechicero con un poder tan aterrador, que abrió una brecha en el bosque, el dueño de la vara, el causante de la herida y muerte de Esmeralda: Lumus Percival
Lumus notó su mirada y palideció – espera, no es lo que piensas…, yo no…
Casian lo atacó. Su cuerpo, completamente ennegrecido extendió el brazo y atrapó el cuello de Lumus, él levantó todas las barreras que pudo, pero no logró detener ese brazo casi cadavérico que le quemó la piel por contacto.
Abajo, Vladimir caminó muy lentamente y cayó de rodillas junto al cuerpo de Esmeralda – lo siento – lloró y agachó la cabeza.
En medio de un clima que ya se asemejaba a un huracán, un castillo totalmente destruido, una batalla a muerte y un árbol que reclamaba todo en el espacio. Apareció una figura.
El espíritu rey del bosque contempló a Esmeralda, luego a Casian y soltó un largo suspiro – realmente fue un desastre.
Vladimir escuchó su voz y subió la mirada, al instante supo que ese hombre no era humano, ni un espíritu cualquiera y de ser así, él debía tener la respuesta – yo no quería hacerle daño, lo juro. Por favor, ayúdala.
– Sé que no querías lastimarla – dijo el espíritu rey del Bosque, porque ese día, cuando la joven princesa Esmeralda abrió la caja dorada, la disolución del hechizo de memoria no fue lo único que fue liberado, también un hechizo que aumentaba la rabia y el odio en el corazón de Vladimir. Todas sus acciones después de ese día estuvieron nubladas. Él ya no era el hermano de Esmeralda, sino su verdugo – dime, ¿qué harías por ella?
Vladimir no dudó en responder – lo que sea.
El espíritu rey del bosque tomó un pequeño fragmento de vidrio con unas gotas de líquido azul – bébelo, cuando lo hagas, los espíritus errantes vendrán por tu alma y se llevarán también la de ella, es lo único que podemos hacer para salvarla. Si su flama se apaga, dejará de ser una criatura de este mundo para convertirse en viento, polvo y energía. Nunca volverá.
De sus palabras, Vladimir entendió que no tenía tiempo para pensarlo, tomó el cristal con los dedos, miró a su hermana y dijo – por favor, dile a mi familia que lo siento – bebió.
El ácido quemó todo el camino por su garganta hasta llegar a su estómago y en pocos segundos Vladimir murió.
Los espíritus errantes se sentían renuentes a regresar a ese lugar, especialmente por el vórtice que se tragaba todo, pero siguieron los designios, como todo espíritu puro, y recolectaron el alma de Vladimir junto con el alma de Esmeralda.
– Llévenla con las sacerdotisas del cielo – pidió el espíritu rey del bosque.
Casian escuchó el sonido del viento que provocaban los espíritus errantes, soltó a Lumus y giró, cuando vio a los espíritus que se llevaban a Esmeralda, lo último de su conciencia desapareció.
No gritó, no lloró. Solo se quebró. Un mundo sin ella no merecía existir, un mundo sin ella, merecía morir.
Pero antes, dirigió su rabia contra el espíritu del bosque y le atrapó el cuello, así como hizo con Lumus.