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La Rubia y El Cegato.

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Blurb

Kyle Jackson; Inteligente, sarcástica, impulsiva y loca, las cualidades que se necesita para ser la presidenta de la Asociación de Estudiantes de la Universidad de Nueva York. Una defensora de los derechos estudiantiles y una luchadora para la mejora de la calidad educacional. Todo estará bien, hasta que alguien llega a su vida con no tan buenas intenciones.

Sagaz, listo, manipulador y atrevido; son los remarcables atributos que hacen de Noah Grimes un simple estudiante de la Universidad de Nueva York con un bajo perfil y una personalidad un tanto atorrante. Su estancia en la universidad está marcada por una relación tóxica y un acuerdo, el cual lo relacionará con Jackson, la chica peliteñida, insoportable, líder de la asociación de imbéciles que Noah tanto irrespeta.

Y por la cual, su bajo perfil y su atorrante personalidad, dejarán de ser los mismos.

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Capítulo 1. Kyle.
Capítulo 1. Kyle. -Gracias por traerme, mamá -ella me miró melancólicamente y sonrío. -No hay de qué. No iba a dejar que vinieras en autobús con ese montón de maletas -dice, sin dejar de sonreír. Extendí mis brazos y la rodeé en un abrazo. Bajé mis maletas del toyota y me detuve a contemplar lo que tenía al frente. Y aquí estaba de nuevo, frente a la New York University. Comenzaré mi tercer año en la carrera de literatura. No hay nada más hermoso que estudiar lo que siempre has querido desde que tienes uso de razón. Me llamo Kyle Jackson, tengo 21 años y soy reconocida en los pasillos de la universidad como "la bruja". Malditos pre-púbers sin oficio. Me caracterizaba en este lugar por ser defensora de los derechos estudiantiles. Por esa razón, era la presidenta de la asociación de estudiantes. Y era también la vocera de mi salón. Papá decía que algún día sería la presidente de EE.UU. Y pues sí. Esperaba algún día serlo. Tomé mis maletas y me dirigí al dormitorio recién inaugurado. No es por presumir pero todo esto fue prácticamente gracias a mí. Antes de las vacaciones de verano, convoqué reuniones y mandé cartas a la federación de estudiantes y a la gobernación para que depositaran fondos para la remodelación de los dormitorios. Y tuve que vigilar de cerca que el rector y los decanos no guardaran los fondos en sus bolsillos, como siempre pasa. Esos malditos perros. Así que ahora teníamos inaugurados nuevamente los dormitorios de la NYU. Es un beneficio económicamente, ya que muchos estudiantes son de otras ciudades. Hasta de otros países. Y esto realmente es una gran ayuda. Y es una gran ayuda para mí, que vengo de Miami. De camino saludé a varios compañeros y conocidos. Los pasillos estaban abarrotados de estudiantes masculinos, femeninos y otros con identidades sexuales sin definir. Esto fue lo único que no pude lograr resolver. Que los dormitorios fuesen mixtos. En el sentido que las habitaciones de las chicas están en los primeros seis pisos y los otros seis pisos son de los chicos. Un hermosos edificio de doce pisos llenos de estudiantes de menos de 25 años llenos de vigorosa energía s****l. Esto será un infierno. Busqué mi habitación. Era la número 31, en el segundo piso. Este estaba un poco menos abarrotado, pero igual habían estudiantes charlando fuera de las habitaciones. Saqué mis llaves y abrí la puerta. Ya mis cosas habían llegado y estaba todo en orden. Y lo bueno era que la habitación era solo para mí. Privilegios de ser la presidenta de la asociación de estudiantes. Comencé a ordenar todo; mis libros y mi ropa. Coloqué música de mi teléfono pero mi paz se vio interrumpida cuando alguien tocó mi puerta ferozmente. Fruncí el ceño y abrí de mala gana. Lo primero que vi fue algo n***o. Era una camiseta que decía "soy mejor que tu" en letras blancas. Subí la mirada lentamente y me encontré con un chico pálido de cabello n***o y ojos oscuros. Estaba mirándome con un ceño fruncido. Usaba lentes y estos estaban ligeramente abajo del puente de su nariz. -¿Algo en lo que pueda ayudarte? -Escupí de mala gana. -El rector quiere verte -dijo, de mala gana también. Seguidamente me miró de arriba abajo descaradamente. -¿Y tú eres...? -El chico colocó los ojos en blanco y se marchó por el pasilo. Fruncí el ceño confundida, pero luego le resté importancia. Tomé mi teléfono y algo de dinero para comprar algo de comer por el camino. ** -¿Estás contenta, Jackson? -Escupió el rector Petterson con sarcamo. Yo sonreí anchamente. -Estoy satisfecha con los resultados, señor Petterson. Y estoy agradecida con usted por colaborar en esto. De verdad es de mucha ayuda -el viejo regordete me miró como si quisiera acuchillarme el corazón. -Maldita perra -murmuró. -Viejo verde -le escupí de vuelta. Me giré y salí de la oficina. Estaba enojado porque no pudo robar ni un centavo de los fondos para los dormitorios. JAJAJAJAJJA. Soy un desmadre. Revisé a mis alrededores a ver si veía de nuevo al chico de lentes. Era algo lindo. A lo mejor sea de nuevo ingreso y necesite ayuda. Sacudí mi cabeza y miré la hora; dentro de unos cuantos minutos iba a comenzar mi clase. ** -Entonces, Alex, ¿a cuántos te follaste en las vacaciones de verano? -Le pregunté a mi mejor amiga, la cuál estaba sentada a mi lado. Ella era una pelirroja natural con ojos verdes y un maldito cuerpo esbelto. Era casi una adicta al sexo, pero era buena chica. Nos llevamos bien desde el primer día que se sentó a mi lado y masturbó al chico que estaba sentado al lado de ella en plena clase de ortografía. Yo no la juzgué y ella apreció eso. Ahora es como la hermana que nunca tuve. -A unos treinta -respondió casualmente, mientras sacaba sus cuadernos y sus libros-. ¿Y tú? -Estoy en una etapa de abstinencia -le digo, sonriendo. Ella me miró y chasqueó la lengua. -¿Por qué te abstienes del sexo? -Mi ginecólogo me lo recomendó. Tengo problemas hormonales. -Las hormonas no tienen nada que ver con tu v****a, Kyle -colocó los ojos en blanco. En realidad sí tenían que ver, pero decidí que iba a ser una pérdida de tiempo explicarle eso a Alex. La profesora Muller entró, resonando sus tacones en toda el aula. Era una cuarentona que a pesar de la edad, tenía un buen cuerpo. Todos los chicos murmuraban comentarios obsenos acerca de su figura. Y continuaban hasta que acababa la clase. La clase culminó y todos salieron corriendo como alma que lleva el diablo. Alex me dijo que la esperara en la cafetería, que primero iba a ir al baño. Sabía claramente que iba a echar un polvo. Me quedé revisando mi teléfono y cuando me percaté, ya estaba sola en el aula. A excepción de un chico que estaba recogiendo sus cosas detrás de mí. Y de la profesora, la cuál continuaba inclinada sobre el escritorio revisando su laptop. Recogí mis cosas y me apresuré a una reunión de la asociación rápidamente antes de pasar por la cafetería. Salí del salón y a medio camino mientras revisaba mi bolso, me di cuenta de que no tenía mi billetera. Mierda. Seguro la había perdido en el aula. Corrí de regreso por el desolado pasillo y cuando llegué a la puerta, vi algo que me hizo deterne en seco. La profesora estaba sentada en el escritorio, con sus piernas cruzadas mientras le hablaba algo a un chico que la escuchaba de brazos de cruzados. Mientras más miraba al chico, más se me hacia conocido. Una chispa saltó en mi cabeza y me hizo recordar al chico que fue por mí a mi habitación. ¿Compartía clases conmigo? Entonces no era nuevo. No pude evitar detallarlo completamente; era visiblemente alto y algo fornido, sin llegar a ser exagerado. Su cabello iba peinado desastrosamente, sus labios eran rellenos y sin duda esos lentes le quedaban endemoniadamente bien. Era como un sexy nerd. Y al parecer la profesora Muller pensaba igual que yo, porque justo en ese momento abrió sus piernas y le lanzó una mirada pícara al chico. Él solo levantó una ceja, interesado, pero me sorprendió que al final suspirara, como si estuviese resignado. Se movió y estampó sus labios bruscamente en los de la profesora. Comenzaron a besarse desesperadamente mientras él le quitaba sin pudor cada prenda de ropa. Algo dentro de mí se contrajo. Sentí como mis mejillas se enrojecieron y mi cabeza comenzó a dar vueltas. Lo peor de todo sucedió cuando el chico lanzó una mirada hacia la puerta, que era donde yo estaba. Al principio se sorprendió al igual que yo, pero luego sonrió y se mordió el labio inferior y articuló algo que no hubiera querido entender: "¿Quieres unirte?" Tragué grueso y mi instinto sólo me llevó a correr lejos de allí.

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