**NATALIA** El primer golpe que recibí fue por placer, el segundo para avivar mi ira, el tercero para hacer correr la sangre. Cuando caí al suelo, el marinero creyó haber vencido. – Es todo lo que puedes hacer – me burlé poniéndome en pie –. ¿A ustedes no les enseñan nada? – Tía, ya fue suficiente. – No estoy hablando contigo, perra. Ellos estaban borrachos, yo igual y cada minuto la adrenalina en mi sangre consume el alcohol, necesitaba más, no estaba en control aún, si volvía a esa prisión, mataría a Dawson. Lo dejé creer que ganaba. Esa es la parte que más me gusta: ver cómo se inflan justo antes de reventarlos. El marinero se giró con el puño levantado, y yo ya sabía dónde iba a caer. – Hey... marinerito – el uniformado tensó sus músculos – ¿A qué sabe la polla de tu capitán? –

