Celos de Nick

1814 Words
William 7 meses después Los celos de Nick No supe como sucedió, solo me di cuenta que tenía una admiradora, muy inteligente, una agente que le gusta tener aventuras con sus clientes, en este caso con las personas que debía proteger, pero yo no estaba para labor de nadie, toda mi atención estaba concentrada en la salud de Nick. Ganarme su confianza y ayudarlo en su rehabilitación, era agradable y distractorio como la agente gibsson pelirroja y alta, coqueteaba conmigo. Nick seguía debilitado por haber estado y no podía sostener su cuerpo mucho tiempo y tras la operación pulmonar sus vias respiratorias eran debiles y necesitaba el oxígeno, incluso levantar lo brazos lo fatigaba, en esta ocasión la agente gibsson estaba sentada junto a mi, me observaba darle de comer a Nick. – Nunca me han gustado las gelatinas hospitalarias – se balanceo en su banco, junto al mío tanto que su rodilla toco la mia. – Esto no es un hospital – ironize captando su indirecta y sonreí. Nick frunció sus cejas contrariado y miro con recelo a la agente, le di otro bocado, le acerque la servilleta e intentó ayudarme a limpiarse la boca, no le dije nada para que se sintiera útil. Y no quería discutir con él . – Vamos a tomarnos unas copas unos compañeros, ¿Re vienes? – Su mano apretó mi hombro y cuando la mire habia una invitación abierta en su expresión. – No. Puede – la voz de Nick sonó algo brusca y malhumorado, fulminaba con la mirada a la agente, que le enarcó una ceja, su mal humor era cambiante y así de impredecible. Esta vez agradeci que no solo su cambio lo dirigiera a mi, ahoge una sonrisa apretando los labios, ella me miró esperando que lo contradijera, pero me limité a levantar los platos y retirar la mesa. – Me tiene. Que ayudar. En mis tera-pias – fue más una exigencia que una orden y cuando mi impulso hubiera sido mandarlo ala mierda, solo para contradecirlo. – Si es verdad, sera en otra ocasión. – Oh – se puso de pie y se acerco casi invadiendo mi espacio personal – Te veo luego. Susurro con voz ronca, pero ni siquiera le sostuve la mirada, asentí tratando de no herir su orgullo de mujer y cuando mira a Nick apretaba los puños, la puerta se cerro. – Zorra – lo escuche murmurar entre dientes y reprimi otra sonrisa, con cuidado me acerque acomodar su almohada, sentí su aliento rozarme el rostro y como se relajo con mi proximidad. – Gracias – dijo cuando me aparte. – ¿Te puedo ayudar en otra cosa? – Mi terapia. – Claro. No pensaba irme a ningún lado – aclare casi sonriendo con mi voz. Y digo casi porque este infierno no ha terminado, Nick no ha preguntado por el verdadero problema. – ¿Cuándo vuelves? – se estaba esforzando por mantener una conversacion – Mañana por la tarde... regresaré en dos semanas ¿Quieres que te traiga algo? Lo que gustes. Quise que supiera que volvería más veces, aunque el lo supiera, para que estuviera tranquilo y cómodo. – Puedes decirle al doc. Que cancele, la dieta, quiero chop suey. Rei porque bien sabido por Natalia que Nick ama la comida china. – Te conseguiré arroz cocido – le prometí y me regaló una sonrisa. ………. > —Si van a trasladarlo, tendrán que seguir las reglas al pie de la letra —advirtió el doctor West, ajustando su portapapeles mientras miraba de reojo hacia la puerta vigilada—. Sus nuevos pulmones están funcionando, pero necesitan entrenamiento. Tienen que practicar las pruebas de respiración sin asistencia: retiren el oxígeno de apoyo y déjenlo que resista el mayor tiempo posible por sí mismo, repitiéndolo tres veces al día. > El médico hizo una pausa, marcando una nota en el expediente antes de continuar: > —La rehabilitación física es innegociable, y manténganse estrictos con los analgésicos si el dolor torácico reaparece. Búsquenle un especialista en seguimiento post-trasplante tan pronto como lleguen a su destino. Y... un último consejo profesional —añadió bajando un poco la voz, sabiendo la clase de personas que rodeaban al paciente—: si quieren que su estado emocional y su voluntad de luchar mejoren, notifiquen a sus seres queridos. Es primordial. Aunque, conociendo a su círculo, no sé si eso le traiga más paz o más problemas. Yo lo veré en unas semanas para el control. Eso era lo que me temía que dijera, seré yo quien deba notificar al padre de Nick que su hijo estaba vivo y sufrir más la ira de Natalia cuando se entere de esto. Razón más para que me mate. Según las fuentes de Taylor, > Natalia no lo está llevando bien, y cada día se vuelve más osada... hasta casi rozar la muerte. Por su parte, Nick tiene sus altibajos con fiebres, vómitos, constantes mareos y una falta de apetito alarmante; síntomas de que su cuerpo y su mente exigen la presencia de la única persona capaz de hacerlo sentir anclado a este mundo: *Natalia*. Ella lo entiende física y emocionalmente como nadie. > Pero una parte de mí se rompe al saber que él la busca en mí. Pregunta constantemente por ella, y cada vez que evado sus preguntas, me grita y discutimos, empeorando su recuperación. Ha estado sumido en una depresión profunda durante el último mes. No me necesita a mí; ¿quién va a devolverle la energía si no es ella? Siempre ha sido ella. > Y estoy asustado como la mierda, porque sé que me culpará. Sé que lo hará en cuanto descubra que yo sabía la verdad y callé, y no estoy preparado para enfrentarme a su furia. No quiero morir. No quiero más dolor en mi vida. Lo que más me aterroriza es que, desde hace un mes, Natalia no ha intentado cazarme, y no sé si debería preocuparme por su silencio o agradecerlo. > La depresión de Nick solo empeora su estado de salud: se niega a tomar las terapias, nos corre de la habitación donde está retenido y exige a gritos que traigan a Natalia. Las discusiones han llegado a tal punto que han tenido que volver a sedarlo. Su nueva realidad —de la cual es dolorosamente consciente— destruye lo poco que le queda de estabilidad mental. Lo veo en su mirada, en esos ataques de ansiedad que he tenido que ayudarle a controlar a tientas. No sé qué más hacer, y estos imbéciles se niegan a aceptar sus demandas. *«¿Que aún no es tiempo?»*. Váyanse al carajo. Miedo > Rompo otra botella contra el piso del despacho de mi padre. Estoy más que harto de esta situación. Por fin pude demostrar mi inocencia frente a todas las autoridades que deseaban verme en la cárcel y quedarse con la empresa, a base de mentira tras mentira. Me encerré en el despacho después de correr a todos de mi casa; sabía que volverían mañana o pasado, pero ahora necesitaba estar a solas y hundirme en mi miseria, cargando con el peso de que Nick seguía vivo y dejando que todos me odiasen. > Nick no mejoraba. Cada día que pasaba, sus ojeras eran más oscuras y mi teoría sobre Natalia se hacía cada vez más contundente. > Alguien abrió la puerta y entró al despacho. Cuando logré enfocar la mirada, sentí cómo me rompía por dentro: era Natalia, o un espejismo de ella. > *—Levántate, hombre.* > Real o no, gateé hasta sus piernas y las abracé pidiendo perdón como un loco. Lo último que recuerdo es su rostro serio acostándome en la cama. > --- > > > —¿Dónde has estado? —me preguntó Nick con dificultad mientras acomodaba su almohada. Ya había recuperado algo de movimiento en los brazos gracias a la terapia. > —Estaba resolviendo una crisis de seguridad en ISAP... Gracias a los chismes amarillistas. > Por un segundo creí que ya no me hablaría, pero su mirada fija me indicaba otra cosa. No sabía qué hacer. > —Estamos haciendo todo lo posible, pero su cuerpo no para de tener altibajos —intentaba dar sus diagnósticos el doctor West—. Insisto en que necesita tener a alguien de su familia, Nick. Parece vacío. > —Es muy arriesgado involucrar a alguien —refutaba Taylor. > —Nick está fuera de peligro. Si es el momento de hablar con la verdad, es hoy. > —Negativo. Hay que esperar más tiempo. > Los días siguientes pasaron volando entre comités y juntas directivas. Soportaba el cansancio solo por estar con él; un Nick que comenzaba a dar señales de interés por mí, algo de lo que me di cuenta por cómo fulminaba a la agente Gibson cada vez que me coqueteaba, lo cual me satisfacía a gran manera. > —¿Cuándo podré ver a mi familia? —preguntó de pronto. > —Aún es pronto, Nick. Ten paciencia. > —¿Por qué solo te veo a ti? > —Porque, dada las circunstancias, entre menos sepan de ti, es más seguro. Hay enemigos que te utilizarían para dañar a quienes te quieren. > —Quiero ver a Natalia. > —Ya lo sé, Nick. Pronto. > —Siempre dices lo mismo. Por favor... > Me tomó la mano, mirándome suplicante, con la tristeza reflejada en el rostro. Me dolía no poder hacer nada. > —Tenemos que movernos, nuestra posición está en riesgo —interrumpió Taylor, abriendo la puerta de golpe—. Parece ser que hay un detective que no da su brazo a torcer; puede comprometer la situación. > —Me imagino quién es. ¿Pueden solucionarlo? > —Lo que necesitamos es que desaparezcas por un tiempo, Will. > —De eso ni hablar. No pueden enredarme en todo esto y desecharme. Nick necesita a alguien que lo conozca, y si no es alguien de su familia, Natalia, seré yo. Conoces las condiciones de nuestro trato. > —Tus visitas constantes nos delatan. No puedes seguir viniendo tan seguido. > —Pues tendrás que solucionarlo sin quitarme de la ecuación, o Natalia será la primera en enterarse. Y no estoy jugando. > —Sabía que era un error traerte a ti... > —Ya no hay vuelta atrás. Nada puede separarme de Nick. > En cuanto salieron esas palabras de mi boca, una lluvia de balas rompió las ventanas. Usé mi cuerpo como escudo humano sobre Nick mientras los agentes repelían el ataque. El tiroteo duró alrededor de quince minutos. Cuando recuperaron el control, supe lo que pasaba: lo trasladarían a otra casa de seguridad. Y tal como lo había pensado, no habría poder en el mundo que me separara de él. Nick me necesitaba, y yo a él.
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