No podía soportar más la manera en que Massimo me trataba ni las constantes humillaciones de esas mujeres. Llené mis maletas con algunas pertenencias de Diego y abandoné mi habitación, decidida a irme. Fue entonces cuando Darla me tomó del brazo, deteniéndome en seco. Sentí la urgencia de explicar mi decisión, pero las palabras se quedaron atascadas en mi garganta. — Paulina, necesitamos hablar. No puedes irte así, ¿por qué estás tomando esta decisión? — Darla, estoy cansada de todo esto. No puedo soportar más. —Te matará si te largas. —No sí no puede atraparme. Sin tiempo para pensar, corrí sin rumbo por el pasadizo secreto que solo yo conocía. Cargué a Diego con dificultad, procurando silenciar sus lágrimas. Mis pasos resonaban en el camino mientras me alejaba de la mansión, dejando

