Mírame Arían...

2343 Words
Gabrielle. . . Camino mirando las calles, las fachadas de las casas y edificios, se supone que he vivido toda mi vida en San Francisco y no ubico absolutamente nada. Así que es como si estuviera de vacaciones en una nueva ciudad «todos los días» Arián camina a mi lado sumido en sus pensamientos desde que bajamos de su auto, se supone que iríamos por un postre, un helado o un pastel a unas cuadras de aquí pero ví este pequeño parque y le pedí que caminaramos un poco. Desde que dejé el hospital, no había salido tanto tiempo de la casa y sentir el aire fresco mirar los árboles, el cielo, sentir la brisa y el sol en mi piel me da una sensación de libertad. — ¿Quieres un helado? Ahí son muy buenos — afirma señalando un local que está cruzando la calle. — Me parece una excelente idea — le contesto. Caminamos al pequeño pero bonito local que es adornado por unas mesas blancas de madera con unas sillas del mismo material. Tomo asiento en una de las bancas mirando a la gente pasar mientras Arián entra por los helados. Lo veo salir del local más relajado con los conos en ambas manos. — No se que sabor puede gustarte así que traje del mismo que el mío — dice entregandome el cono que por el color veo que es de fresa. — Gracias — le digo y comienzo a degustar el sabor del helado que ciertamente está delicioso — Tenías razón, está delicioso. Sonríe y asiente hacia mí. Disfruto en silencio de su compañía y es extraño pero entre el y yo no hay silencios incómodos, no hay desconfianza, en los días que llevamos juntos me he sentido bien y agradezco que haya sido él a quien Jacob eligió para ayudarme. Lo veo perdido en su helado y me causa gracia ver a un hombre de su porte, recargado en la silla con la pierna cruzada sobre la otra, su camisa blanca arremangada con dos botones abiertos que lo hacen ver más relajado y en su varonil mano el pequeño cono haciendo contraste. Siente mi mirada y lleva sus verdes ojos a mí. — ¿Pasa algo? — pregunta deteniendo su como a medio camino hacia su boca. — Nada... — respondo dándole una probada a mi helado — es simplemente que cuando salimos de casa estabas enojado y ahora te ves muy relajado. Se queda pensativo un momento. — Es solo... es solo que no me gusta que la gente menosprecie a otros por sus condiciones. — dice y comprendo inmediatamente que se refiere a Helena — se que soy el empleado de tu papá y que la gente que trabaja en tu casa también son empleados, que recibimos una paga por dicho trabajo, pero eso no da derecho a recibir groserías y ... — Cómo lo hizo Helena... — lo interrumpo y el asiente con poco animo. — No tolero esas actitudes. — dice bajando su pierna cruzada. Volvemos al silencio y termino mi cono igual que él. — ¿Eres de aquí? — pregunto tomándolo por sorpresa. — No, mis padres llegaron aquí cuando yo era pequeño y aquí nació mi hermano... — veo pasar una sombra de melancolía por sus ojos— pero es casi como si hubiera nacido aquí. — Entonces muéstrame la ciudad — me mira con un gesto casi de burla en la mirada — no me veas así, te pido que me muestres la ciudad, porqué para mí todo esto es desconocido, llévame a lugares que te gusten, que sean icónicos ¡Yo que sé! Anda por favor. — Gabrielle, tu papá me pidió que te enseñará sobre el marketing, no para ser tu guía de turistas. Hago un puchero. ¡Si! Estoy haciendo un puchero, que lleva la mano de Arián a su boca, conteniendo su risa por lo ridícula que he de verme ¡Lo sé! Pero no me importa. — ¿Te das cuenta de que te estás comportando como una niña de cinco años a punto de hacer berrinche? — Si y justamente estoy a punto de empezar una pataleta — digo levantando la ceja en un gesto inquisidor. — ¡Ok! Nadie quiere ver eso. Vamos, pero tú tendrás que avisarle a tu papá. — ¡Hecho! — digo en un chillido y me incorporo estirando la mano para que me preste su celular ya que yo no tengo. Niega y busca el aparato en su bolsillo y me lo extiende. Busco el contacto de Jacob y marco. — Hola Arián — contesta al segundo timbrazo. — Hola papá ¿Cómo estás? — le digo amablemente aunque decirle papá se me hace extraño y no entiendo porqué. — Hola mi amor, que gusto escucharte! — contesta con verdadera alegría en la voz — ¿Pasa algo cariño? — Todo bien. Solo quiero pedirte autorización para salir a dar una vuelta con Arián por la ciudad. Se queda un momento en silencio. — Está bien, pero no vuelvan tarde — sonrió al escucharlo y miro a Arían que tiene un gesto de satisfacción en el rostro— y cuídate mucho mi amor. — Si, papá seremos cuidadosos. — le digo — Te amo Gaby — me dice y siento una incomodidad extraña. — Hasta más tarde — contesto y cuelgo la llamada. — tenemos autorización. Le digo a Arían y me sonríe haciendo que el estómago me de un vuelco. — ¡Entonces vamos! — dice y me toma de la mano para volver al auto casi que corriendo. Me abre la puerta del copiloto y me acomodo mientras él rodea el auto subiendo al otro asiento. — Sé exactamente a dónde llevarte... — dice arrancando el auto. Es una travesía excepcional, Arían me pide que ponga música y me da un listado de canciones que voy reproduciendo a su antojo. Queen, Guns & Roses, Nirvana, Red Hot Chilli Peppers. Y canta las estrofas con la más desafinada voz que pudiera escuchar en este momento pero contrario a lo que se pudiera pensar, me parece hermoso verlo tan relajado y sintiéndose tan libre que puede cantar horriblemente frente a mí. — Vamos elige una canción Gabrielle — me invita y realmente no se que escuchar pero me decido por una canción de Metallica. «Mala decisión» Los cantos de Arían se vuelven aullidos que me arrancan carcajadas que no contengo ni siquiera porque está frente a mí. — ¡Hey! No te burles, podrías tener un hijo igual que yo en castigo. Eso trae más risas a mí. Muevo la cabeza de atrás hacía delante agitando el cabello y Arían sigue gruñendo la canción. Atravesamos el Puente Golden Gate mientras Arían señala lugares y yo veo la estructura enorme del puente. Empezamos nuestro recorrido que aunque me parece bastante cansado incluye un paseo en bicicleta, una visita a la bahía, comida en un puesto de perros calientes y un viaje en Ferri. Me siento feliz, completamente feliz, algo que no había sentido desde el accidente. Veo a Arían a mi lado y me doy cuenta que también se siente bien con esta escapada de la realidad y monotonía. El atardecer empieza a caer y los colores naranja mezclados con tonos violeta y amarillos cubren el cielo y miro embelesada. Cómo me gustaría plasmar este paisaje en una pintura que perdurará por siempre para que no solo mis ojos se deleitarán de ella. — Es hora de irnos Gabrielle — dice Arían rompiendo mi ensoñación. — ¡No por favor! Un rato más — le digo suplicante. — Tu papá puede preocuparse.— dice tratando de hacerme comprender su razonamiento pero la verdad es que deseo un poco más de estos momentos de felicidad. — Llévame a algún lugar que sea bonito de noche, llamativo a un bar o algo así. — le digo entusiasmada — prometo que después nos iremos directo a casa sin queja alguna. Me mira, con una ceja levantada. — Está bien, sin quejas y cumplirás ¿eh? — dice con voz de advertencia. Levanto la mano y hago un saludo militar en asentimiento a lo que el responde con una sonrisa. Regresamos al auto y mientras conduce la noche cae sobre nosotros. Andamos solo unos minutos y llegamos a un bar que desde fuera se ve de ambiente tranquilo, incluso hay mesas de billar. — ¿Sabes jugar billar? — le pregunto mientras abre mi puerta y extiende su mano para ayudarme a salir. — Si... — ¡Enséñame! — digo interrumpiendo su diálogo. — Solo media hora.— sentencia. — Ok— accedo porque prefiero eso a que quiera regresar ya. En casa estoy bien atendida y me siento apapachada pero me siento un poco atrapada. Esta salida es una bocanada de aire fresco. Entramos y pedimos una mesa y un par de sodas. Arían me enseña como posicionar las bolas, como tomar el taco y como pegarle. Cuando tengo los conocimientos básicos iniciamos una pequeña partida, que por supuesto pierdo olímpicamente. Salimos del lugar y se siente ya el fresco de la noche así que me abrazo para mitigar un poco el frío. — ¿Tienes frío? — pregunta Arían. —Un poco— respondo sinceramente. — Olvidamos traer un suéter para ti, no pensé que estaríamos tan tarde en la calle. — dice y veo como intenta mitigar mi frío. Se acerca a mí y pone su brazo sobre mis hombros y con sus anchas manos cubre mis brazos brindándome el calor que necesito. Mis fosas nasales se inundan de su aroma y me siento nerviosa bajo su tacto. Cierro un poco los ojos para ponerme en orden porque mi cuerpo reacciona a la cercanía de Arían y no quiero que él se de cuenta de lo que está haciendo en mí. Estamos a unos metros de llegar al auto cuando una pareja que viene de frente a nosotros se detiene abruptamente al mirarnos. — ¿¡Gabrielle!? — escucho de una voz masculina que me hace posar la mirada en la pareja — ¿Qué mierda? Jonathan estuvo moribundo por tu culpa y tú aquí tan campante... No comprendo lo que me dice así que llevo mi mirada a Arían. — Vamos, sube al auto — me dice tranquilo sin mirar a la pareja. Incluso la chica trata de jalar al tipo de barba y tatuajes que me ve con muchísimo odio. — ¡No te hagas la loca! — me increpa y Arían le da una mirada de muerte. — Déjanos en paz — dice mientras damos otro paso para quitarlos de nuestro camino. Pero el hombre tatuado me toma del brazo. — ¡¡Tú pequeña hija de puta...!! — dice tirando de mi brazo. Lo siguiente que veo pasa en cámara lenta frente a mis ojos. El puño de Arían impactando el mentón del tatuado haciéndolo desestabilizar y soltando mi brazo. Veo al chico de sonrisa hermosa volverse una fiera que acerta uno y otro y otro golpe al tatuado que se defiende, pero poco puede hacer contra la bestia embravecida en que se convirtió mi acompañante. Largos segundos después despierto de mi letargo y entro en pánico al presenciar tal escena. — ¡ARÍAN SUELTALO! —grito sin conseguir absolutamente nada. La carnicería continúa y entiendo que tengo que hacer algo antes de que terminemos peor. Armándome de valor camino hacia él y lo abrazo por la espalda mientras la chica pelirroja que venía con el tatuado se interpone entre ellos. Arían respira fuerte, sus hombros suben y bajan con violencia. — ¡Lárgate! ¡Y no te le vuelvas a acercar hijo de puta! — grita como si la vida se le fuera en ello. La pelirroja levanta al maltrecho tatuado mientras yo jalo a Arían hacia el auto. Lo recargo en la carrocería del auto mientras él sigue con la mirada a la pareja que desaparece en medio de la noche. — Mírame Arían... — le digo poniendo ambas manos en sus mejillas — ¡Mírame carajo! Esas palabras hacen que sus ojos enrojecidos se posen en mí. — ¡Cálmate! — le digo y él me sigue mirando entre fuertes respiraciones — ¿Quién es Jonathan? ¿Tú sabes? ¿Es quien iba conmigo en esa moto? Sus ojos me recorren y a medida que a él llega la calma, en mí se va. ¿Quién es ese tipo? ¿Por qué me habló así? — Arían contéstame — le digo sin mover las manos de su rostro — ¡Contéstame! Le digo más exaltada y su reacción me toma por sorpresa. Sus manos viajan rápidamente a mi rostro haciendo chocar mis labios con los suyos y me besa como un loco hambriento sin darme oportunidad de razonar absolutamente nada. Respondo el beso mientras él se acomoda y ladea mi rostro para penetrarme aún más con su lengua que entra en una lucha por el dominio con la mía y siento como mi centro reacciona. Suelto sus mejillas y llevo mis manos a su cuello donde entrelazó mis dedos y él me toma por la cintura pegándome aún más a él haciéndome perder la cordura. De pronto flasheos de imágenes golpean mi cerebro. Miro a Arían comiéndome la boca pero no ahora, es pasado, estoy siendo cargada por él con sus manos en mis muslos desnudos porque porto una minifalda, mis piernas lo rodean y mis manos hacen un desastre de su cabello, me besa con la misma intensidad que ahora. Las imágenes van y vienen en mi cerebro y me siento mareada. Me despegó de él y ambos respiramos superficialmente mirándonos con fuego en la mirada, los labios rojos, hinchados y sensibles por el uso. Cuando puedo recuperar un poco el aliento, lo miro acerca de nuevo su rostro y le suelto antes de que me bese de nuevo. — No es la primera vez que me besas ¿Verdad? Y justo al escuchar esas palabras se inmoviliza frente a mí.
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