La persona de las fotos

2401 Words
Gabrielle. . . Miro la mansión ante mis ojos, es enorme de altas columnas y muchos ventanales. De ser por lo menos una manzana completa. — Parece que tenemos dinero... — comento sin dejar de mirar mi alrededor y caminando hacia la puerta. — Todo lo mío será tuyo algún día hija. — contesta «mi papá» Entramos a la casa y hay una fila de gente en el enorme recibidor. — ¡Gabrielle! Gracias al cielo que estás aquí — dice una mujer rubia de marcadas curvas vestida de manera elegante y muy exhuberante echándose a mis brazos. Suelta algunas lágrimas mientras yo miro la cara de desconcierto de todos los demás. — Helena, por favor. No debemos agobiar a Gabrielle. — dice calmadamente Jacob dirigiéndose a ella La mujer se despega de mí y toma mi rostro con ambas manos. — ¡Es una bendición que estés aquí hija! — dice y me da un beso en la mejilla. Se gira limpiando su rostro con lo que parece ser un pañuelo de seda. No es mi madre, lo sé porque Jacob Lasker me dijo que ella murió cuando yo era adolescente, supongo que es la futura esposa y al parecer nos llevamos bien por su reacción. Una mujer de unos cuarenta y tantos años de piel apiñonada y ojos marron con uniforme n***o diferente a los demás se acerca con los ojos llorosos. — Señorita Gabrielle, le pedimos tanto al cielo por su recuperación, gracias a Dios verla aquí.— algo en su voz me conmueve profundamente y me obliga a abrazarla cuando ella extiende sus brazos hacia mí. — Ella es Elia nuestra ama de llaves, está aquí desde antes que nacieras y ha sido tu nana desde que tu mamá falleció. — dice Jacob. Y entiendo porque siento esto así que aprieto el abrazo y al separarnos veo las lágrimas rodar por sus mejillas. Le sonrió honestamente. — Muchas gracias Elia. Me besa la mejilla y da paso al demás personal que me saludan fraternalmente y me dan hermosas palabras de bienvenida. — ¿Quieres comer algo o prefieres descansar hija? — me pregunta Jacob con ternura en la voz como si fuese de porcelana y en cualquier momento me fuese a romper. — Quisiera descansar, el viaje no fue largo pero me agotó un poco — le contesto. — Muy bien, te llevaré a tu habitación... Elia por favor prepare algo para Gabrielle y que se lo lleven. — le dice mirando a Elia. — Si señor Jacob... — asiente hacia él y lleva su mirada a mí. — te voy a preparar tu emparedado favorito. — me dice sonriendome. — Muchas gracias — le contesto asintiendo hacia ella con cordialidad. Jacob me toma del brazo y me dirije por las escaleras a la parte superior de la casa, caminamos por un pasillo y al fondo encontramos una puerta ancha y al abrir me da el paso encontrando una gran habitación de techo alto con una recámara hermosa en color caoba. Me llama la atención un gran espejo que debe ser por lo menos de unos dos metros y medio y que tiene muchas fotos pegadas. Me acerco mirando mi rostro en casi todas. Algunas son con quienes supongo son mis amigos porque son de la edad. Otras tantas en viajes, esquiando, en la playa... ¡Por Dios! Me arroje de un avión en paracaídas. Miro una en especial, supongo que soy yo y está Jacob más joven con una gran sonrisa y hay una hermosa mujer de cabello castaño como el mío. — ¿Es mi mamá? — pregunto tomando la foto y despegandola para verla mejor. Mi sonrisa es muy amplia en esa foto y estoy en medio de los dos abrazándolos por el cuello, nos vemos muy felices. — Si hija ella es tu madre. La miro y la detallo. Soy muy parecida a ella pero mis ojos son azules como los de él, sus ojos son marrón, muy bellos. — Te amó inmensamente Gabrielle, eras su vida entera. — dice Jacob e instintivamente bajo la imagen porque ciertamente me gustaría recordarla, pero no hay nada en mi mente. — Cuéntame de mí — giro para mirarlo — ¿Cómo soy? ¿Que hago? ¿Que me gusta? Me mira por largos segundos recorriendo mi rostro y supongo que entiende que necesito empezar a armar el rompecabezas en mi cabeza porque da un suspiro y busca una silla que está a lado de una encimera y la jala hasta quedar frente a la cama. — Ven, siéntate. — me dice señalando el colchón. Me acomodo frente a él y toma mi mano. — No se por donde empezar... — piensa un poco — Eres una chica dulce, amable, te gusta mucho leer, también pintabas pero tiene mucho que no lo hacías, eres amigable y muy aventurera, te encanta viajar y conocer gente nueva, nuevas comidas, nuevos paisajes, tomas cientos de fotos a dónde quiera que vamos. Sonrió de imaginarlo aunque me da nostalgia no poder recordar. — ¿Que estudio? — pregunto y él carraspea un poco. — Estabas estudiando finanzas... — ¿Estaba? — pregunto confundida. — Si... — piensa un poco — hace poco decidiste cambiar de carrera y estudiar marketing internacional. Te gusta y prefereriste volver a empezar. — Entiendo — digo armando poco a poco las piezas en mi cabeza. — háblame del accidente. — Creo que por ahora es suficiente — dice poniéndose de pie. — el doctor dijo que no te agobiaras. — Pero también dijo que tengo que regresar a mi vida normal cuánto antes para que pueda tener la oportunidad de recordar.— le digo apelando a su razón... Necesito rellenar todo el vacío en mi cerebro con información. — Saliste a una fiesta — inicia a decir sin mirarme— y de vuelta regresabas con un amigo en una motocicleta, en una curva derraparon y perdieron el control de la motocicleta. Miro al piso escuchando y repitiendo cada palabra de lo que me dijo... «Nada, no recuerdo nada de lo que me dice» Resoplo, rindiendome. Se escuchan leves toquidos a la puerta. — Adelante...— pronuncia Jacob. Entra Elia con una charola en mano que trae fruta picada, un emparedado y una pequeña jarra con lo que parece ser zumo de naranja. — He traído algo para que comas Gaby — dice Elia y me llama la atención su forma de llamarme. Miro a Jacob y el me sonríe diciéndome :— Así te llamamos de cariño... Gaby. Asiento y le recibo la charola. — No creo que lo recuerdes pero eres alérgica a la manzana y a la nuez — dice Elia sirviéndome un poco del zumo. — debes ser cuidadosa y no olvidarlo. — Muchas gracias Elia lo tomare muy en cuenta. — Tú me llamas Eli normalmente— me dice cariñosa. — Eli... me gusta. — tomo un sorbo del zumo que está delicioso en su punto perfecto de dulzor. — Te dejo comer mi amor, vendré más tarde, descansa. — me dice mientras se dirige a la puerta y me mira con una sonrisa en la boca y mucha ternura en la mirada — estoy agradecido de haberte recuperado. Dice y sale de la habitación. Eli me mira y sonríe. — Es una bendición tenerte aquí pequeña... — se acerca a besar mi frente y dándome un último gesto fraternal sale de la habitación. Miro a mi alrededor y siento este lugar tan ajeno, tan desconocido que me preguntó ¿Si algún día volveré a ser la persona de las fotos? . [···] . —¿Te gustaría acompañarme en la empresa en lo que inician las clases? — dice mirándome mientras corta un trozo de carne. — ¿Que estaría haciendo normalmente? — pregunto mirándolo. — Pues en tus clases pero hasta terminar el verano podrás retomar o quizá prefieres tomar clases aquí para ponerte al corriente de lo que ya has visto. — Suena mejor, me gustaría saber de qué trata porque no tengo ni idea. — Le pediré a la encargada del área de marketing y publicidad del conglomerado que asigne al mejor elemento que tenga para ayudarte a tener una introducción y conocimientos básicos y tal vez el conectarte de nuevo con los conceptos te ayude. Me gusta la idea, pero no lo externo, solo llevo una porción de papa al horno a mi boca. Se que es mi papá pero me siento como conociendo a un completo extraño. Termino de comer y pongo mi servilleta sobre la mesa después de limpiar la comisura de mis labios. — Ven mi amor— dice Jacob poniéndose de pie y extendiendo su mano hacia mí. Miro de su mano a él y decidí ir a dónde quiere que vaya. Tomo su mano y nos dirigimos hacia el ala este de la casa. — Te mostraré tu parte favorita de la casa — dice cuando llegamos a una puerta de madera blanca y me sonríe. Abre la puerta y entramos a una gran biblioteca que me hace abrir la boca. Hay estantes del piso al techo que albergan miles de libros. Un ventanal que da al jardín y al lado un caballete que sostiene un lienzo en blanco y un taburete. — ¡Es impresionante!— digo mirando todo a mi alrededor. — Has pasado más tiempo aquí que en cualquier otra parte de la casa — se acerca a una encimera y toma lo que parece ser un álbum — si no estabas devorando libros estabas pintando algún paisaje o un rostro. Me extiende el álbum y lo abro mirando paisajes y algunos retratos, todos firmados con mi nombre. Algunos son mejores que otros y se nota la evolución de la técnica. «Soy buena» Regreso la mirada y veo a Jacob admirandome, me enseña un álbum más pequeño. — ¿Quieres conocer a la pequeña Gabrielle? Dejo el álbum de pinturas y me acerco a él. Tomamos asiento en un sofá y empieza a mostrarme una a una las fotos desde que mi mamá estaba embarazada hasta vacaciones, navidades, mientras más grande hay menos fotos pero en las que aparezco me veo felíz. — Me frustra un poco no poder recordar nada de esto... — le digo acariciando la imagen donde sonrió tan amplio que tengo la cabeza echada para atrás. — Poco a poco mi amor, poco a poco... — dice poniendo su mano sobre la mía. — Gracias papá — le contesto y me da una sonrisa llena de ternura. . [···] . Bajo la escalera en pijama y pantuflas, parezco de catorce años — lo sé – pero no importa, me siento cómoda. Me dirijo a la cocina y encuentro a Eli con otra mujer, es casi de la edad pero de piel canela y cabello rizado corto, estuvo ayer que llegue para recibirme. Me mira y sonríe. — Señorita Gabrielle, que gusto verla. ¿Tiene hambre? Hago una mueca aún adormilada y me acerco a la estufa a husmear en lo que huele delicioso. — ¿Que desayuno normalmente? — Huevos con tocino, waffles y zumo de naranja. — contesta rápidamente Eli. — Gracias Eli, eso quiero por favor. La cocinera que escucho a Eli llamarla Rose me da el zumo en lo que termina el huevo y los waffles. Le doy un pequeño trago y aún con el vaso en la mano, me asomó al frutero que se ve bastante apetecible con todos los colores que veo. Hay bananas, melocotones, naranjas, peras, ciruelas y unas manzanas amarillas. Tomo una manzana y miro a Eli. — Está se ve deliciosa — digo distraidamente para llamar su atención y ambas voltean a verme. Ambas voltean a verme. «Las tengo» — Mmmm... — llevo la manzana a mi boca mientras la abro simulando que la morderé y la cara de ambas mujeres se deforma de la sorpresa. — ¡No Gabrielle! — exclama Eli estirándose para quitarme la fruta de la mano, soy más rápida que ella y me echó para atrás pero Eli no se deja vencer tan fácil así que va tras de mí y yo salgo corriendo mirándola en medio de una gran risa. Pocos pasos doy cuando choco con una pared humana que me acorta el camino tirando mi zumo y por poco mandándome al piso, pero solo me tambaleó aunque el zumo termino en una camisa blanca que está frente a mí y la manzana rueda por el piso. Estoy apunto de soltar una maldición cuando mi mirada se encuentra con un Adonis de carne y hueso. Sus ojos verdes como un bosque iluminado por el sol me miran fijamente su piel es blanca con cejas pobladas y pestañas rizadas, sus labios carnosos enmarcados por una incipiente barba. Su cuerpo musculoso que se hace presente cuando el zumo dejo traslúcida la camisa y puedo ver su marcado abdomen. Un pantalón de vestir que parece estar ahorcando sus anchos muslos y su perfil me deja ver su redondo trasero. Me quedo inmóvil después de mi revisión exprés de este cuerpo de pecado que tengo enfrente cuando sus ojos no se quitan de los míos ni un segundo, su profunda mirada me deja muda. «Espero que no sea mi pariente» — ¡Perdon Joven Arían! — exclama Eli, detrás de mí regresando me al aquí y ahora.— Gabrielle no se fijo pero en este momento puedo lavar su camisa. Dice Eli mientras yo sigo embebecida mirándolo. Él rompe el vínculo que crearon nuestros ojos y lleva sus mirada a Eli. — No es necesario señora Elia, no pasa nada— le sonríe amablemente — se que Gabrielle no lo hizo con intención. Me mira y yo enarco una ceja. — ¿Quién eres? — pregunto directamente. Me da una sonrisa de medio lado. Estira su mano para estrecharme mientras dice :— Arían Stevens, trabajo en la empresa de tu papá, me conoces pero se que no me recuerdas, estaré ayudándote con el marketing. Estrecho su mano y siento mi piel erizar ante su tacto así que lo suelto casi de inmediato... Se que lo conozco pero para mí es la primera vez y me hace sentirme en desventaja. «¿Quién demonios es este tipo? Me preguntó removiendome incómoda sin entender el por qué.
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