Tomé la mano de Nain y juntos cortamos la cinta de mi amada librería, después de mucho tiempo pude abrirla y lo mejor era que tenía a toda mi familia aquí reunida junto con mis amigos y los clientes que ayudarían a que este pequeño proyecto saliera adelante. — Sean todos bienvenidos, por favor, pasen. Todos entraron, mi esposo venía a mi lado y mientras acariciaba mi crecido vientre. Mi papá se acercó a mí. — Madre mía, esta criatura está pesada — él cargaba a mi hijo mayor — ¿Qué tanto le das de comer? — Te juro que solo pecho, mira que no quiere comer su comida. Ya son nueve meses y él sigue pegado a mí como pulga al piojo. — Créeme que entiendo a nuestro hijo — Nain me susurró al oído —. Yo sería uno, si tú me dejaras. Me sonrojé y le di un codazo; mi papá se hizo el desentendido
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