Liah no dijo nada y se recostó por completo en el caballo, solamente apretaba la piedra mientras recordaba el encuentro que había tenido con su Poseidón, sintió que por primera vez alguien la trataba como una persona normal y no como alguien de la realeza.
— ¡Princesa! — la nana de Liah se asustó — ¿Qué le ha pasado? Está empapada y herida, venga conmigo que le ayudaré a cambiarse y llamaré al doctor para que la revise.
Ella se fue al palacio y una vez que el doctor la revisó se quedó a solas en su habitación debido a que deseaba permanecer así, miró la piedra que Nain le había dejado y se la llevó a su pecho.
— Liah — Alain entró al cuarto — sé que has pedido estar sola, pero no soy capaz de dejarte en soledad, vamos a tener una reunión de hermanos.
Alain miró la piedra que su hermana sostenía en sus manos, la misma que ella intentó ocultar, pero fue inútil, ya que él la detuvo.
— ¿De dónde has sacado esto? — la sostuvo entre sus dedos — no me salgas que la trajiste de Mónaco porque no te voy a creer nada, habla de una vez.
— Dámela — ella se la arrebató — me la ha dado un desconocido que salvó mi vida, no me preguntes cómo se llama porque no pienso decírtelo.
— ¡¿Cómo que un desconocido?! ¡¿Qué salvó tu vida?! Dime qué fue lo que pasó si no deseas que envíe a los guardias a peinar toda la zona y que descubran si hay algún intruso en los alrededores del palacio, bien sabes que aquí nadie que no sea de la realeza puede estar.
— Si envías a los guardias a buscar a mi salvador, ten por seguro que me voy a enfadar contigo. Él me salvó porque caí en el río, me di con una piedra, entonces quedé inconsciente y cuando recobré el conocimiento me encontraba en sus brazos que me llevaban a la orilla.
— Pero Liah, ¿Acaso te has vuelto loca? Eres la princesa de este país, la única para ser más exacto. No puedes andar viéndote con hombres y menos en los predios del palacio, si la prensa se llega a dar cuenta de esto van a comenzar las murmuraciones.
— A mí me importa muy poco lo que digan los tabloides de la prensa — ella se sentó enfadada en la cama — estoy cansada de que todo mundo me quiere solo porque soy la única princesa del país y créeme que lo tengo muy presente, debido a esto las personas me tratan de una forma que están lejos de sentir, ya me encuentro hasta la coronilla de todos esos tratos especiales y francamente deseo vivir como una persona normal, ese desconocido fue el primero en tratarme de tal forma.
— Bien sabes que no hay tal cosa como esa, hemos nacido en medio de la nobleza y tenemos responsabilidades al igual que riquezas. Solo quiero protegerte de cualquier daño que las personas te puedan hacer, no sé de qué forma mi papá va a actuar si se da cuenta de que su hija se miró con un misterioso desconocido en los predios del palacio.
— Él simplemente me va a aborrecer aún más de lo que ya lo hace — sus ojos entristecieron — es cierto que hemos nacido prácticamente con la corona en la cabeza, pero estoy cansada de todo esto, si tan solo las cosas pudieran ser diferentes, tener una vida normal; tratar de que el dinero llegué a fin de mes, trabajar en un puesto normal, cobrar una cantidad que te permita cubrir todos los gastos, salir a vacacionar después de pasar guardando cada centavo durante dos meses, pero sobre todo enamorarte de alguien que no sea designado por Su Majestad, por suerte él no se preocupa en conseguirme a alguien.
— Sabes que para nosotros las cosas no pueden ser así, muchas personas sueñan con tener todas las comodidades que poseemos y tú quieres ser como cualquier civil cuando sabes que es imposible serlo, no debe de ser lindo vivir en medio de escasez, así que deja de desear tal locura.
— Las personas sueñan con eso porque miran solo lo lindo, se fijan en las comodidades que tenemos, pero no en todo lo que debemos soportar, ni siquiera podemos tener una relación con alguien, no podemos discutir, caernos, enfermarnos, ir al baño, perder a un ser querido porque ya sale en la prensa, cada una de esas cosas se ventila al mundo porque están más interesados en nuestras vidas que en las de los de ellos mismos; nadie te dice eso de lo que es la fama y lo sabes bien por qué lo vives en el día a día — Alain bajó la cabeza — ¿Tengo que recordarte cuando tu exnovia descubrió que eras el príncipe de un país y se quiso aprovechar de ello? ¿Tu primera borrachera porque esa relación se fue al demonio? Absolutamente, todo se encuentra documentado, también la ocasión que enfermaste de una hernia, cuando te quebraste el coxis por cabalgar en un caballo salvaje, cuando perdiste una partida de polo; cada uno de nuestros pasos se encuentra circulando, sea en revistas, sitios web, periódicos, transmisiones de radio y muchas otras formas de comunicación.
— También nuestros gustos — Alain se puso a reír — mira que todas las chicas locas que quieren tener una relación conmigo pasaron comprando agua mineral solo porque yo la bebía, al menos la compañía me mandó una fuente de agua en agradecimiento porque les aumente las ventas a un punto que la gráfica se salió de la pantalla.
— Si te llegas a meter con esas chiquillas probablemente te acusen de p*******a, casi la mayoría son adolescentes y algunas están en el internado al que asistía — Liah volteó los ojos — hubo una que incluso me pidió tu ropa interior y un cabello, a cambio me daba un yate bien equipado con el que podía irme de vacaciones adonde quisiera.
— ¿Un yate? ¿Qué tan grande? — Alain mostró interés y Liah le dio un golpe en la cabeza — no seas odiosa, podemos darle un calzoncillo de alguno de los de servicio y un mechón de cabello de Giuseppe.
— ¿De qué estás hablando? Te recuerdo que Giuseppe es calvo, ese hombre se pule la cabeza y va a parecer una bola de cristal — los hermanos rieron a carcajadas y Liah miró a Alain — no tienes idea como te extrañaba, te amo hermanito.
Alain abrazó a su hermana y luego se sentó a su lado mientras tomaba su mano, pensó en todo lo que Liah le había dicho y finalmente le dio la razón en cada una de sus palabras.
— Me gustaría conocer personas que les interesemos más nosotros y no nuestros títulos, sinceramente estoy cansado de que todo mundo se muestra solícito ante mí solo porque soy el príncipe, incluso cuando era un niño y hacía pataletas nadie me decía nada de nada.
— Quizás ese día llegué, ¿Sabes algo? Me hubiera encantado ser escritora, viajar en el tiempo y en el espacio mientras hago miles de mundos alternos, vidas que me gustaría llevar y cosas que sé que son imposibles de que pueda tener.
— Nunca te des por vencida por lo que deseas hacer, si quieres ser escritora, pues hazlo, puedes publicar bajo un seudónimo que sea anónimo por completo y así dediques tu tiempo a lo que tanto te gusta e incluso puedas transportar a otras personas a los mundos que deseas crear.
— Lo pensaré, bueno, por el momento creo que es buena idea que tengamos una reunión de hermanos. Vamos a ver películas y por favor no salgas con la babosada que no quieres ver nada de terror, hoy pienso escoger lo que veremos y no se encuentra a discusión.
Ellos vieron varias películas de terror y al final se quedaron dormidos en la misma cama. Al día siguiente que Liah se despertó, miró a través de la ventana que estaba nevando, no se había percatado que aun el paisaje que le ofrecía su país no se había teñido de blanco.
— Princesa Liah — su nana entró al cuarto e hizo una reverencia — es bueno saber que ya se encuentra despierta, tenemos que comenzar a prepararla para el baile de esta noche, es navidad y necesitamos tenerla lista para recibir a los invitados que vienen muy entusiasmados por conocerla.
— Dile a Su Majestad que no pienso asistir a esa fiesta — la mujer jadeó sorprendida — si no lo hice antes no le veo el sentido de hacerlo ahora, yo estaba en un internado comiendo completamente sola mientras los miembros de la realeza se encontraban bailando aquí como pavos reales. En conclusión, estoy acostumbrada a la compañía de la soledad.
— Pero princesa, las personas vienen a verla, ya que no la conocen — ella se acercó a Liah — no puede hacerle ese desplante a los nobles.
— Puedo y lo voy a hacer — ella se retiró de la ventana — si quieren conocerme en versión adulta pueden mostrarle un retrato de mi madre, díganle que soy igual a ella y que el único detalle es que mis ojos no brillan tanto como los de la difunta reina porque no tengo motivos para que sea así…