Día 17: Salado

206 Words
—¿Por qué esto sabe tan salado? —me preguntó mientras comía. —No está nada salado, tiene lo suficiente. al menos que el sentido de tu gusto esté fallando. —No, todo está bien conmigo, pero... Comenzó a toser muy fuerte por cada minuto que pasaba. Yo me reía desde la cocina, mi plan había funcionado. —¿Qué me diste de comer? —Veneno. —¿Por qué lo hiciste? —siguió tosiendo. —Tienes que decirme donde lo escondes. —Él es mío, perra. No te diré nada. —Lástima, de todas formas morirás, y tendré más tiempo para poder buscarlo. Ahora hazlo por tu alma, no por la mía o la de él. —Nunca te diré donde está. Su tos se empeoró obligándola a que cayera sobre el suelo y pegando su cabeza con el filo de la mesa. La sangre salía de su frente, pero ella ya no sentía nada, el veneno la había matado. Sonreí y comencé a buscarlo, gritaba su nombre para que él me pudiera decir donde estaba. —Aquí estoy. —¡Qué alivio! —¿La mataste? —Sí, o sino no te hubiese encontrado. —¿Estás segura? —Sí, confía en mí.
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