11

2915 Words
              —Llegamos Zack. Charlie había conducido todo el camino desde el pueblo a la hacienda de Mr. Vicente solo para hablar con Sebastián. Zack miro por la ventana de la camioneta un par de veces, para ver si su vigilado estaba cerca, pero no encontró nada, llegando al final, tuvo que bajar de la camioneta. — ¿Voy contigo? Dijo Charlie preocupado por el estado emocional de Zack, pero este solo negó con la cabeza, mientras se acomodaba el cabello desordenado, por la pelea, puso de nuevo el sombrero en su lugar y marcho hacia adelante. —Te estoy vigilando—Charlie parecía muy determinado a que Zack no hiciera una locura, hasta se persigno varias veces, y rezaba el padre nuestro dentro de la cabina de la camioneta.                                                                                              Zack avanzaba con parsimonia por la hacienda, pasando el grande portón y caminando con orgullo entre los trabajadores que estaban en su descanso almorzando algo, todos quedaron sorprendidos de porque el joven hacendado estaba aquí, si nunca se había dignado a venir ni una sola vez pese a las invitaciones de Mr. Vicente, el orgullo tan natural en la manera de caminar de Zack puso a todos con los pelos de punta, además en su pantalón llevaba la daga que siempre usaba, y detrás de su chaleco de cuero sin mangas, de color n***o una pistola de color roja con detalles negros. Los Trabajadores estaban más que asustados, y un presentimiento de tragedia cruzo por la mente de cada uno de ellos.                          De repente se volteo y miro en dirección del árbol donde estaban todos almorzando. —Hey algunos de ustedes sabe si esta Sebastián— con la mirada más psicópata del mundo, amenazo a los trabajadores, que a pesar de que eran muchos, le tenían un miedo del mismo infierno. Al final no pudieron hablar, por los sorprendidos que estaban, pero ninguno respondió, mas negaron con la cabeza ya que era lo único que podían hacer.                   —Tchh. basuras de miedosos. Volteando la mirada siguió caminando a la escalerilla para abrir la puerta principal, mientras lo hacía pensaba en que tenía que encontrarse con ese vejete otra vez.                                                    —Wow Zack es impresionante, un trabajador admiro a la gallardía del joven hacendado. —Cállate que nos puede matar. Dijo su compañero mientras veían como entraba a la casa.   —Tendré que ver a ese vejete otra vez. Después de varios minutos divagando por la casa buscando la oficina que no recordaba donde estaba, Mr. Vicente fue el que lo encontró a él. —Vaya que milagro tú por aquí hijo.                                                                       —Vejete no vengo a recordar viejos tiempos, tengo un asunto con Sebastián. —Vicente Frunció el ceño— ¿él está aquí?                                                  —Que quieres con él. Sabes que mi deber es protegerle.                             —Porque no me lo dijiste. Zack se cruzó de brazos.                                               — ¿El qué? Vicente vacilaba cada pregunta de Zack.                                             —No me hagas decirlo, esto es muy delicado, he investigado un par de cosas, y creo que Sebastián es….                                                                                           —Alto —elevo la mano— Hablemos de esto en la oficina. Vicente salió casi disparado a la oficina y su cara de seriedad cambio el ambiente, mientras Zack le seguía muy de cerca.   *             “Cuando vas a venir a buscarme, quiero ir a la casita otra vez” el mensaje que leía Sebastián en su teléfono, lo había mandado Michelle unas horas antes pero no lo había podido leer por la pelea con Zack. Pero cuando lo leyó se dejó escapar una sonrisa y le escribió otro mensaje para después irla a buscar; “Vamos hoy, yo te  busco donde siempre, te recogeré a las siete. S”  él envió el mensaje, estaba llegando a la hacienda y en el estacionamiento dejo la moto, mientras caminaba en dirección del baño a cambiarse la ropa sucia y dejar el bate en su cuarto.                                                    Pero un trabajador le detuvo, no sabía si era por algún asunto de la hacienda pero estaba cansando y se inclinó para tomar un poco de aire, mientras que sebas le ayudaba a recuperarse.                                                                     — ¿Que pasa amigo? Pregunto Zack preocupado por el muchacho.                       —Se.. ñor el… Jo…                                                                                                 —No entiendo lo que me dices toma aire.                                                               —Que Zack lo está buscando. Sebas, apretó el bate y frunció el ceño.       — ¿Dónde está?                                                                                                                  —En la oficina de Mr. Vicente.                                                                               —Voy para allá. Con la mirada fija en la oficina de Vicente, Sebastián camino con rapidez para ver que quería el Joven Hacendado, habían terminado una pelea y lo venía a buscar en su hogar, eso era declarar la guerra. Pero antes de entrar a la oficina, sabía que tenía que estar armado, así que de la moto saco el arma que había robado en la reyerta y su navaja en sus tobilleras. Por si acaso él se iba a sobre pasar. Con cara decidida iba a ver que le esperaba el destino con ese joven que le había buscado.             Paso por el amplio pasillo y con valentía llego a la puerta de la oficina, y toco dos veces la puerta.                                                                                            —Pasa Sé que eres tú. La voz de Vicente le daba confianza y entro a la oficina un poco más calmado.                                                                                     — ¿Para qué me desea el joven hacendado? Pregunto Sebastián para cortar la conversación y entrar en el asunto.                                                                       —Quiero contarte un par de cosillas, sería posible que habláramos a solas.Dijo Zack con plena confianza.  Pero Sebastián moraba a Vicente.              —Ve haz lo que te pida dijo Vicente, Después nosotros hablaremos. Dijo el viejo, pero aun en el fondo Sebastián tenía sus dudas, pero con un mordisco de labios, afirmo con la cabeza.      Zack se levantó de la silla, y se despidió de Vicente con un apretón de mano. —Sígueme muchacho. Sebastián siguió a Zack que iba saliendo de la hacienda, en dirección a la carretera.                                                                              —¿Porque haces esto? Acabamos de combatir en el bar. Zack miro por encima del hombro, pero no contesto.                                                                          —O me dices o no voy a ninguna parte.                                                                  —Calmado vaquero, aquí se hace lo que yo diga, además espérate que lo que te voy a contar te va a interesar. Sebastián saco su bate, Zack se volteo mientras también sacaba la daga.                                                                          —Quieres repetir lo del bar. Yo estoy dispuesto. Pero ahora el resultado va a ser diferente, no tienes gente que te apoye, y en la camioneta están mis escotas, enserio quieres pelear aquí.                                                                Sebastián miro a los lados y vio que le tenía una gran desventaja. Y que iba a ser culpado de agresión, por que Zack había ido en son de paz, y sus guaruras estaban también en la camioneta. —Entremos a la camioneta— Sebastián guardo el bate. Pero escondió la pistola entre su abrigo. —Señor por que se tardó tanto— pregunto Charlie un poco preocupado por la salud mental de Zack, el abrió la puerta de la camioneta.          —Revísalo, que no traiga armas de fuego.    Capítulo 25: Hablemos Como Caballeros   El guarura se fue de lleno contra Sebastián y lo pego a la camioneta requisándole  pasaba sus manos por todos los lados de su cuerpo, Sebastián pegaba el abdomen y las rodillas para ver si, podía esconder la pistola.                                                                —Aquí llevaba una pistola. Dijo Charlie mientras alzaba el arma por los cielos, —ahora si súbelo a la camioneta— cumpliendo con sus órdenes Sebastián con cara de niño regañado subió a la camioneta, temiendo por lo que le iba a pasar.    Sabía que Zack tenía algo con Michelle, y este era el momento perfecto para matarle y esconder el cuerpo. Pero dudaba que conociera que él también estaba con Michelle. —Tic toc— el telefonillo de Sebastián sonó con el tono más fuerte de su galería. Y la cara de    pálida de Sebastián adorno el carro.                                  —Contesta pro favor. Tengo interés de ese mensaje.                                              —Claro cómo no. > en la mente de Sebas.                                  —Hola amor, está bien, ven a buscarme, nos vemos en la noche. Michelle                        — ¡Ha! ¡Ha! —Aplaudió— pero es que parecen dos niños de quince años. —Sebastián inclino la cabeza— también quería hablarte algo de eso. Zack se quitó el sombrero y dejo reposar la espalda en el asiento del carro.  — ¿Pero no eres prometido de Michelle?  —No tonto, solo fue algo arreglado, ella no siente nada por mí, y yo no por ella. Además soy un hombre muy ocupado como para esas cosas del amor.       Me alegre que seas tú quien la cuide. Pero no vine para hablarte de ella, dejemos eso para otro día. Sebastián… —Zack Suspiro— Tu eres mi hermano menor. Yo soy Carlos Isaac Fernandez.                                                                                                                    Capítulo 26: El Pasado  *   Antonio había terminado de hacer el amor con Kiqui una mucama de cualquiera, una señora de los trabajos de noche, una mujer de treinta y pico de años que cualquiera se volviera loco, además ella era muy blanca pelirroja y con unas señoras caderas. Ya estaban viéndose varias veces no era la primera, pero tampoco la última. Entre noches de pasión ellos pasaban momentos placenteros sin, más, pero eso no era todo….                              —Antonio. Te recuerdas cuando teníamos Veinte años y me juraste que serias mi amor de verano eterno. —le acaricio el pecho— Entonces porque no podemos quedarnos así para el resto de la vida.                                     —Ay… Como lo quisiera, pero es que en la ciudad, cuando me fui a la ciudad para estudiar, conocí a maría, —la abrazo fuertemente— y en una fiesta de estudiantes, quedo embarazada mío, y tuve que responder por mi hija, que ahora es Michelle. No podía dejarla sola, pero es que tampoco quería que estuviera sola con un bebe. Cada día pensaba en ti, para volverte a ver, para volverte a tener, para volverte a amar. Pero algo me impedía volver, tal vez era la mirada tan inocente de mi hija, al creer que tenía una familia feliz. —Nunca te olvidaste de mí. Pero ahora podemos regresar, tu hija ya es mayor deberá entender.                                                                                                —No lo sé, solo quiero que estés bien, además        no quiero que sufras por mi culpa. —Ella le callo la boca—                                                                                   —No voy a sufrir por ti. Tú eres mi amor de verano. Y yo soy tu mucama. Con una sonrisa, le dio un suave beso en los labios.                               >  termino de besarla.                                                                                                     —Te amo. Sonrió a la mujer y solo la recostó a su pecho mientras que entre sabanas, Antonio miraba los bellos ojos azules de su amada, y se reflejaba el fuego de la chimenea por los mismos.   *               —Pero qué coño dices, Zack esto no es un juego. Sebastián atónito con lo que le contaba Zack, se llevó las manos a la cabeza. —Me duele…— —Estas bien Sebastián. Zack se puso encima de él, parecía tener un dolor fuerte que punzaba su cabeza. —Déjame en paz—                                                —Charlie vámonos al centro médico, entro en crisis.                                              —No Charlie no vamos a ningún lado. Dijo sebas mientras se calmaba un poco más.       —No me digas que no vas a ir a un médico.                                                            —Solo es cansancio. Solo eso, devuélveme a la hacienda. Hablaremos mañana. Zack pudo ver como estaba el estado de Sebastián, pero no quería dejarle solo, sabía que había encontrado el hermano que tanto estaba buscando y que hasta los momentos no tenia, pero con firmeza le hizo caso a su hermano, así que le dio la orden a Charlie de que regresaran a la hacienda. La camioneta se estaciono en la entrada de las tierras de Mr. Vicente, ahí se bajó Sebastián con un punzante dolor de cabeza, mientras Zack se despedía, entre palabras dijo que vendría el día siguiente para  seguir su asunto.                                Con una cara de mil pesadillas y dolor en su cabeza, sebas caminaba con lentitud a su cuarto arrastrando el bate, que ya no podía cargar. Los empleados lo miraron pero no quisieron interrumpirlo, además estaba más que agotado para dar explicaciones a alguien. Cuando llego a su cuarto solo se tiro en la cama, cansado cerro los ojos, pero con un sentimiento de culpa que palpitaba en su corazón.                                                              —Diablos casi mato a mi hermano. Soy un idiota. Con ese pesar en su corazón cerro los ojos y casi al instante se quedó dormido por el abrumador cansancio. *   Ya Antonio había dejado a Kiqui en su casa, pero más tarde volvió al bar. Buscando el asesino que contrato para matar a Sebastián, en la barra estaba el hombre vestido de n***o, pero no era el mismo que antes, ahora era un distinto.                                                         —Tú eres German. El hombre negó con la cabeza.                                      —Mi amigo cayó, yo vengo a cumplir el trabajo de él.                                            —Sabes quién es tu presa. Afirmo con la cabeza                                                     —Y como se yo, si vas a cumplir el trabajo. El hombre en un acto veloz saco un cuchillo del chaquetón n***o que portaba y lo puso en el cuello de Antonio, —Yo soy el mejor del pueblo— Antonio trago saliva y tuvo miedo. Pero el hombre era pacifico, y soltó el cuchillo. Aunque antes de que se cerrara la chaqueta, le mostro una ametralladora pequeña que portaba el asesino. —queda claro— apunto con los ojos, al arma y Antonio le siguió la mirada. —Entonces hazlo un colador de pasta— el asesino solo sonrió y sorbió un poco del vaso de licor que tomaba.                                           Capítulo 27: Lo Que Es Igual No Es Trampa*             —Ahí Raúl no sabía que eras tan divertido —dijo María con una risa muy picara— ¿en que trabajas? Decía la mujer con ganas de saber del hombre que la invito una copa —Insisto ¿en que trabajas?—  repitió con tanta sutileza que el hombre no pudo negarse ante los encantos de la mujer, desde que iniciaron la conversación no le quitaba el ojo de encima, aun así solo había intercambiado unas cuantas palabras, no tanto para ser una velada cómoda, era más como un interrogatorio policiaco. Pero ambos siguieron sacándose información del otro. —Como todos en este pueblo, soy hacendado— el hombre con una sonrisa confiable, sostuvo una copa de vino entre sus manos alzándola y brindando por la salud de María —Gracias —dijo ella conmovida por lo que había hecho el caballero, y hacia mucho que no sentía esa sensación de cariño, que en Antonio quien sabe cuándo había muerto. Cambiándola por una pelirroja delgada. En cambio María era una castaña con unos cuantos kilos extras, pues no le daba tiempo para ejercitarse ni salir a caminar, ya que andaba siempre o lavando o atendiendo el hogar, cosas susodichas de una madre de familia, ese mismo día había sido el único que se había tomado para ella, pero por mala jugada del destino descubrió que su esposo le estaba siendo infiel, cosa que no  le dolió mucho por que Raúl había quitado todas las lágrimas de la mejilla de María. —Raúl ya es tarde me tengo que ir, pero quedemos otro día aquí está mi numero— el hombre vio como María se levantaba de la silla un poco apurada, este decidió acompañarla hasta su auto. —Será un placer llamarte, pero déjame acompañarte hasta tu carro—  María afirmo con la cabeza, no se veía disgustada por el hecho de tener a Raúl detrás de ella, dejo la copa boca abajo en la mesa. Mientras se acomodó el bolso. — será un placer que me acompañes— el hombre también se levantó de su silla y acomodando la chaqueta de cuero fueron con paso decidido al auto que estaba en el estacionamiento del bar.                 Caminaron mirando al cielo, mientras Raúl contaba el cómo había matado a un oso con un rifle de caza cuando era joven, María parecía divertirse mucho, en su cara siempre estaba pintada una sonrisa, en cambio cuando estaba con Antonio, la única sonrisa que le producía era la de un espasmo, cuando estaban teniendo sexo, ella ya se había dado cuenta de ello, pero no sabía qué hacer. —Gracias por escoltarme— dijo maría con picardía  al hombre. —De nada damisela en apuros— dijo el hombre con total confianza mientras le daba un beso en el cachete. —Nos veremos mañana— con la cabeza maría afirmo, ella se metió en el coche, y el espero a que encendiera el carro. Ya con el motor en marcha Raúl se alejó un poco del bólido. Mientras que maría bajo la ventanilla —Llámame, nos veremos mañana— sacando un brazo por la ventanilla, se despidió de Raúl también la saludaba con el brazo, y se quedó un rato más en el bar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD