—Si, siento algo por ti… —Me sonroje— Sebastián Yo… te… Quiero. Alce la mirada para ver a Sebastián mientras que el me dio un abrazo y apretó su cuerpo contra el mío.
—Esas cosas la tiene que decir es el hombre, no las mujeres. —sonrio— Vamos a comer.
Con una sonrisa se levantó del pasto, aparente miraba a la dirección del sol, mientras me ayudaba a levantarme.
—Entremos a la casita.
Sebastián entre sus brazos me llevo hasta el porche de la casita. Esta estructura tenía una fachada desgastada, como si nunca hubiera habitado nadie, las paredes estaban repletas de polvo, nunca habían limpiados, las puertas estaban cubiertas de Mo, y además daban pena ajena. Los vidrios pintados de n***o con pintura de automóvil, y los muebles llenos de sucio. Un estado deplorable en la que estaba esa casa, daba la impresión de que se vendría abajo en cualquier minuto. Adentro de la primera habitación que era la sala, había una pequeña foto, encima de un tabernáculo, donde se encontraba la chimenea, aunque Sebastián me dijo que le esperara afuera, la curiosidad de mataba, y las preguntas histéricas que siempre hacia empezaron a plagar mi cabeza.
Tome la foto entre las manos. Pero un pequeño respingo me invadió el cuerpo. Mientras que el frio se apoderaba de mi cuerpo.
—Suelta la foto, No vayas a verme cuando estaba pequeño. Era algo feo. Sebastián me pego un susto que casi me hace gritar del miedo,
—No hagas eso, a las damas no se les debe asustar. El con cara de Póker, solo se hecho una risa, y portando dos vasos de no sé qué, se me acerco sin miedo. Con una mirada decidida a un beso.
Hasta me prepare, cerrando los ojos, sentí el calor de sus manos en las mías, también el calor de su cuerpo, y el sonido de su respiración. Hasta alce la cabeza pero. —En esta foto salgo cuando era niño, ha pasado mucho tiempo, esta es mi casa. Abrí los ojos de impacto, y un poco sonrojada mire al piso, para atenerme de la vergüenza al pensar que me iba a besar y lo peor del caso que yo me iba a dejar así como así.
—Y porque esta tan descuidada. La verdad no me parece que vivas aquí. El chico alzo el vaso hasta mis ojos.
—No vengo aquí muy seguido, solo lo hago para descansar. Pero mi casa, aquella en la que he vivido los últimos doce años, es la hacienda Santa Teresa De Mr. Vicente.
—Perdón no quería… Me encogí de hombros pero con sus dedos tapo mis labios.
—No te tienes que disculpar. —Me puso el vaso en los labios— bebe, está caliente, es Té de Eneldo. Es bueno para la barriga
—Gracias. La verdad, no había comido nada desde hacía mucho. Bueno desde el almuerzo. Sonreí un poco picara, vacilando lo que pudiera pasar, pero viendo aquellos bellos ojos.
—Pues no ha terminado. Giño el ojo, me acerque poco a poco al mueble. Y me senté recostando las muletas en una pequeña mesilla de sala, que estaba en mitad de la habitación. Mientras divaga con la mirada, note que la casa estaba muy oscura, y muy desordenadas, encontré un libro tirado en la mesa, en su portada ponía. Un Té El Destino Nos Unió. Parece interesante… con el labio fruncido hacia el lado izquierdo de la cara.
Mire al fondo del pasillo, habían dos puertas que estaban cerradas con llave, y una escalera que llevaba a un elevado de la construcción, imagine que era la habitación de Sebastián, —Llegue lady. Dijo el chico del cabello castaño con una gran seguridad y dos grandes bandejas que cubrían sus brazos. —Si tenías hambre yo la curo. Lentamente bajo con gran destreza hasta poner los platos en la mesa, —Ya vuelvo. Reafirmo mientras de un brinco salía corriendo hacia la cocina otra vez. Por su parte la vista que emitía la ventana era bella, El rugido de las rocas, chocando con en agua, los pájaros incesantes de cansancio, cazando su presa, los escasos rayos de sol que pegaban en la cara. Y la agradable brisa en la cara hacía de esa casa, una espectacular finca a las orillas de un rio.
Pero algunos sonidos también venían de detrás de la casa, trate de asomarme por la ventana, pero me quedaba estupefacta al ambiente tan bonito que había ese día, el sol de verano que reflejaba en el agua se nos teñía de rojo. Las ansias de que Sebastián me abrazara por detrás y sintiera ese adicto calor de su piel, volví a sentarme en la mesita porque tenía mucha hambre, y Sebastián aun no llegaba, así que eche un corto vistazo a la cena, los platos estaban cubiertos con una tapa, y yo levante el mío con cuidado, mirando a todos los lados posibles. El olor era increíble, nunca había olido algo así, la comida tenía varias partes. Una con algunas frutas, un arroz, unas pequeñas tortillas y un filete de carne y sobre él, una salsa que olía muy bien. > preguntaba en mi mente, inerte por la grandiosa comida que estaba servida en la mesilla.
—Llegue Michelle. La cara de Sebastián estaba más que feliz, y sabía que era por tenerme allí con él, yo en mi reflejo veloz solté la tapa mientras me ponía de nuevo en el asiento, pero Sebastián no era un bebe y sabía que yo estaba hurgando entre la comida.
— ¿Esta buena la comida?, espérate que aún no has probado el postre. Su mirada me decía que las sorpresas no habían terminado.
—Solo hurgaba un poco, sabes que no es de caballeros hacer esperar tanto a una mujer. Con un ricilla malévola cerré la boca de aquel chico tan intrépido que jugaba con mis sentimientos, y hacían que bailaran de aquí para allá.
—Pues Von Apetite Michelle, disfruta todo lo que cocine para ti. Con un pequeño orgullo se cuadro de hombros, mientras abría las tapas de cada uno de los platos, y ese bendito olor volvía a salir. Mi nariz entraba en éxtasis. Y como niña quede viéndome el festín que Sebastián se había molestado en preparar para mí. Rubor en mi cara, o mejor dicho roja como un tomate, me agradaba que me tratara así, pero… de ahí para adelante tenía un dilema. Faltaban dos meses para que el verano terminara. Y que iba a pasar con Mi Sebas, no podía llevármelo a mi casa en la ciudad, y creo que tampoco él iba a dejar a su amada hacienda.
Que podía hacer yo ante esta situación. No quería que fuera solo un amor de verano más. Menos cuando sentía cosas por él, y el chisporroteo en mi estómago nacía con solo verle. Con una mirada piadosa llena de compasión, mire al castaño que servía en los platos, frijoles arroz y carne. —¿Pasa algo? No has dicho una sola palabra desde que entre a la sala.
—No solo pensaba en… —Me rasque la cabeza— el verano termina en dos meses, y… Sebastián se levantó del suelo y se fue encima mío. Puso sus dedos en mis labios.
—Shhh vive el momento —Sonrió— cuando llegue el final, veremos que haremos con nuestra historia. Guiño al ojo y sin pena ni culpa se abalanzo a mui, tomando mi boca como rehén, pasando su lengua hasta el último centímetro de mi boca. Plasmaba sus manos por todo mi cuerpo, como si fuera un lienzo en blanco y el la brocha que lo pintaba. Sin mencionar el calor de su cuerpo, que pesaba mucho y lo apretaba contra el mío. Entre chasquidos de lengua, se detuvo separándose un poco y abriendo los ojos.
—Escúchame, —Me agarro de los hombros con fuerza— No me voy a separar de ti, Te lo prometo Unamos Meñique y corazón. Yo entretenida, en esos bellos ojos castaños oscuros que me abatían y dejaban inerte con tal solo mirarlos fijamente y que con los reflejos del sol, hacían que quedara como una simple novata, no pareciera que tuviera Veinte años. Se acercó a mi boca, y volvió a besarme, esta vez buscando mis manos entrelazándolas y uniendo nuestros meñiques.
Su respiración y la mía estaban combinadas, podía sentir el calor de su cuerpo con los soplidos de aire que emitía su boca tratando de querer besarme más. Pero no podía, tal vez por eso solo se alejó con una sonrisa entre sus dientes, yo me limpiaba la boca mientras acomodaba mi cabello un poco desordenado. Sabía que no éramos niños y si esas paredes veían algo, allí se iba a quedar. La soledad caracterizaba la casita y el silencio tal vez era nuestro mejor compañero. Mientras que comíamos este festín maravilloso.
Capítulo 17: A solas—Sabes Michelle… Todos estos alimentos son producidos aquí, ninguno de ellos fue traído de afuera del pueblo. El arroz lo cultivan los jornaleros de la hacienda, la carne es criada desde pequeñas vacas, y las frutas son de árboles que adornan las cercas de la hacienda. Todo esto es propio de la tierra, y no necesitas dinero para conseguirlo, solo algo de esfuerzo. —Sonrió con parsimonia— Además la pasión y Sangre y sudor de cada trabajo que aparta la seguridad, por estar en un barbecho rodeado de naturaleza serpientes o bichos que arriesgan la vida de cada uno. Después de eso aguantar sol frio o juvia, y días largos y riguroso de trabajo pesado, Lo que digo es lo siguiente: Valora más las manos de quien te alimenta, y nosotros aquellos que solo producimos alimentos, somos considerados campesinos pero, todos necesitan de nosotros todos los días del año. Para poder brindaros comida, por contra parte la naturaleza no te va a dejar morir, si le hechas Huevos Podrás ver resultados. Además como hombre me gusta este trabajo, mantiene mi cuerpo más bueno que nunca.
Con una risa me dio a entender aquello que tanto quería expresarme.
Los platos ya estaban completamente vacíos. Nunca había estado tan satisfecha y las migas de la mesa se las llevaban las pequeñas hormigas que Sebastián ansiaba por aniquilar completamente con sus dedos. Se estaba haciendo de noche y ya había frio, pensé que antes de que mi padre sospechara algo me fuera a la casa.
—Me puedes llevar a la casa, —Me encogí de hombros— es que ya es de noche. Como quinceañera estaba más que asustada por el ambiente tan indómito pero con gran seguridad, porque el inefable de Sebastián me iba a proteger. Las ganas de que me abrazara era inmensurable. Pero me tenía que contener porque sabía que me estaba regalando más de lo normal, tenía que mantener mi orgullito de mujer. Me daba igual con los demás siempre me valía nada, lo que dijeran las personas, pero con Sebastián sí que me daba vergüenza, me daba pena el que viera como a una cualquiera o como a una igualada naca igualada, tipo las mujeres de hoy en dia. algo rusticas.
—Si claro quédate aquí mientras busco la moto.
—Está bien cariño, te espero aquí. Sebastián salió de la sala y fue a buscar a la moto para llevarme con mis angustiados padres. Seguro tenia miles de mensajes en el buzón del teléfono, pero los ignore prestando atención a la pared, mientras veía al pasillo, fruncí el ceño un par de veces porque me daba intriga mezclada con curiosidad, la receta perfecta para una mala ida que se cruzó en ese mismo instante por mi cabeza. Así que me pare usando las muletas y empecé a caminar por la casa merodeando de un lado a otro.
La primera puerta estaba cerrada con llave, mire para la puerta central y no vi nada. La oscuridad era muy templada. Sabía que a Sebastián no le iba agradar que estuviera hurgando entre su pasado, así que debía tener mucho cuidado con los pasos que daba, la siguiente puerta abrió con facilidad, en ella habían muebles tapados con sabanas. Y polvo en toda la habitación, no entre y me quede en la puerta, también habían unos estantes llenos de libros y láminas de dibujo enrolladas perfectamente, en las paredes pintadas de verde claro, unas imágenes que no distinguí pero asegure que eran de su familia.
Llegue a la tercera puerta del piso de abajo. De ella emitía algún sonido raro, que no pude distinguir, pero sabía que no era algo que haría solo la brisa del lugar, mas intente girar el picaporte pero no abría la puerta, Diablos dije en mi mente, pero no podía perder tiempo, Sebastián ya debía estar por llegar, rápidamente subí las pequeñas escalerillas, y subí al cuarto de Sebastián. La habitación está completamente abierta, dejando ver su desordenada cama, y una ropa sudada que había dejado en el piso. El techo estaba muy abajo, y tenía que caminar algo encorvada, la verdad era incómoda. Algunas mesas estaban allí, y decidí hurgar entre las gavetas de cada una de ellas. En las primeras dos, no había nada pero en la tercera, había una nota vieja.
Tome la nota entre mis manos y la destape con todo el cuidado del mundo. En la nota decía “ Nos tenemos que ir, pero no nos olvides, algún día volveremos. Coman mucho y Beban a gusto ahora podrán, mis queridos hijos” me quedaba más que claro que eran los padres, de Sebastián pero porque ellos se dirigían a él, en plural, si el solo era uno, nunca me había dicho que tenía hermanos. Con más dudas que problemas resueltos volví a poner la carta donde estaba, mire por la pequeña ventana que asomaba atrás de la casa, y lo que vi, me deslumbro tanto que un lampo reflejo del ultimo crepúsculo de sol, me hizo viajar hasta la tierra más antigua del mundo, donde el humano aún no había llegado. Lo que había allí atrás era más que impresionante
Ninguna palabra salía de mi boca porque no sabía cómo explicar aquella maravillosa vista, tantas cosas estaban por mi cabeza, que no podía procesar nada, quedándome viendo la puesta de sol por las montañas desde aquella ventanilla. Pero a lo lejos escuche el motor de la moto de Sebastián. Salte de un golpe a las escaleras, bajando a la mayor velocidad posible, mientras que volvía a cerrar la puerta de la habitación. Baje rápidamente y casi llego a la sala de estar, pero la espalda de Sebastián cerrando la puerta me detuvo en el pasillo central, mientras él se volteaba y me cazo con las manos en la masa.
— ¿Que estabas haciendo castaña? La mirada de intriga del chico me dejaba en la lona y no sabía que responder, y aunque no me gustaba mentir lo tenía que hacer para salir de esta situación.
—Buscaba el baño cariño. Con una sonrisa tape mi cara dubitativa. Pero era algo muy complicado porque mis palpitaciones estaban a millón. Solté una risita picara intentando cubrir aquel allanamiento de morada.
—Bueno vámonos que se hace tarde.
—Vámonos cari. Dije con toda confianza pero no sin antes subirme a sus brazos para llevarme cuesta arriba. Valoraba muchísimo que cargara mi pesado cuerpo rellenito de cauchos de grasa, mientras subía esa cuesta de como noventa grados de inclinación.
En su cara había un mechón de pelo n***o rebelde, combinado con su sudor, se veía muy cansado, pero yo en mis actos de quinceañera agarre ese mechón y se lo acomode con el resto del pelo. Y acaricie un poco su cara, mezclada con una sonrisa pícara en mi rostro. Al final termino de subirme a la carretera y me bajo con toda la paciencia y cuidado del mundo. Él se limpió los pantalones que se ensucio con un poco de mugre. Terminando de hacer eso le espere junto a su cuerpo. En frente de él quede cuando levanto su cabeza, y con una palmadita en el pecho derecho y un besillo en la frente le dije:— Gracias. Entre mirada y mirada más nos gustábamos y yo estaba clara de esa situación.
—Gracias a ti, pero súbete a la moto que casi son las nueve de la noche, tus padres me van a matar si llegas más tarde.
—¡Ha! ¡Ha!, ¡Ha!, no creo que lo hagan son un poco obstinados pero nunca atentarían contra una vida humana.
—Es verdad cari. Vámonos súbete chica. Así él se subió a la moto. Y yo más atrás con mucho cuidado con mi pierna derecha me recosté a el abrazándolo para no caerme de la moto. Su abdomen estaba bien marcado y sentía cada musculo isómero que le rodeaba en su barriga. Se sentía algo excitante, mas para mí, que hacía mucho que no probaba carne.
Sebastián era un gran conductor, pero sabía que arranco de golpe e iba a gran velocidad solo para que le abrazara más fuerte. Cosa que tanto el como yo disfrutábamos. Las calles por donde pasaba la moto estaban desoladas, casi nadie iba por esa zona. Un frenazo de golpe me asusto casi salía volando por los aires.
—¿Qué paso Sebas otra vaca?
—Claro que no tonta, baja de la moto.
—Me vas a dejar botada. Fruncí el ceño
—No solo baja quiero mostrarte algo.
Con un poco de desconfianza baje de la moto, y puse mis muletas en el suelo, esperando a que Sebastián siguiera con el camino a casa. El miro a la luna y dijo: Perfecto esta despejada. Con una sonrisa en la cara me miró fijamente a los ojos.
—Sube al volante de la moto. —Señalo el volante.
— ¿Que estás loco? Y ¿si me caigo?
—No te voy a dejar caer, además te sujetare bien. Quiero que vueles.
— ¿Vueles? Con la cabeza inclinada no entendía nada de lo que decía el castaño, él se bajó de la moto y camino hacia mí. la verdad es que me dio mala espina, pero no desconfiaba de él. Solo que me parecía una imprudencia lo que iba a hacer.
—Para ser la damisela en peligro que salve —puso su mano derecha encima de mi cabeza— no confías en mí aun.
—No es que no confié, es que me parece algo peligroso.
—Solo hazlo, cuando estés vieja, no querrás decir: Me subí a la moto. —Alzo las cejas— deja el miedo ya te dije que no te vas a caer. Ven no abras los ojos aun. Con parsimonia cerré los ojos fiada a lo que el loco de Sebastián iba cometer.
—Ven sigue mi voz. Lo único por lo que podía guiarme era por la voz ronca de Sebastián por que el, me había tapado los ojos como parte del plan. Para que me subiera al dichoso volante, para que según él, volara.
—Con cuidado, apóyate en la moto deja caer el peso, y pasa las piernas por encima del volante. Siguiendo al pie de la letra las intrusiones de sebas, puse los pies encima del volante, justo en el tacómetro.
—Ahora recuéstate en mi pecho. —Pues todo mi cuerpo en el pecho de Sebas. Y sentí su calor— No abras los ojos todavía. Yo seguía sumergida en la oscuridad de mis parpados. Solté una carcajada cuando imagine lo que iba a hacer.
—No te vayas a burlar de mi Sebas, sabes que soy muy seria.
—Nunca Princesa, espera que te aseguro que vas a volar.
—Eso espero corazón. Seguía con mi duda de cómo iba a hacer para que yo “volara” a menos de que echara buenos polvos. Pero dudo que lo hiciéramos en una moto a mitad de la carretera y de noche, con el tremendo frio que hacía. El motor de la moto se encendió, y la gravedad nos empujó hacia atrás. Sebastián arranco lento y la brisa ya me pegaba en la cara, yo tenía el cuerpo de mi amorcito a un lado de mí. Escuchaba su voz perfectamente, y entre ruidos de pistones, dijo: Levanta los brazos. Y yo levante los brazos en forma de cruz.
—Ahora abre los ojos y levanta la cabeza.
Siguiendo en perfecta forma las instrucciones de mi capitán, lo hizo y cuando abrí los ojos, parecía que estuviera levitando por encima de la carretera. —Pero que es… en ese momento Sebas me interrumpió con una carcajada monstruosa. —Ves dije que ibas a volar. Ahora mira a la luna. Vi a la bella luna llena que había esa noche.