Quedando perpleja y completamente alucinada ni las nubes la tapaban y las estrellan titilaban a su lado con una brisa agradable una velada maravillosa y romántica que transportaba muchos años atrás cuando el internet no existía y tenías que salir a ver la luna una sensación tan bella que no se podía expresar pero que era lo más bello que había sentido en mucho tiempo. No tenía comparación esa vista, pero sé que de algún modo, y sin ningún motivo más que querer. Yo lo mire, y él me miro y conectando las miradas, mientras conducía nos dimos un dulce beso, lento con pasión y lengua complementando el sudor de nuestros cuerpos, borrando cualquier frio y uniendo nuestros caminos haciéndonos uno. Su lengua se movía por todas partes respiración incoherente, tacto al mil, y palpitaciones marcadas, todo lo que sentía y el sintió en menos de quince segundos tan cortos que parecían una bella mentira.
Ya estaba clara que era prisionera de sus labios al igual que el a los míos. Pero sabía que tal vez fuera un error, no todo era color de rosas sabía que no iba a ser para siempre el verano, y mucho menos los buenos momentos. Aun así apostando a perder, sabía que ya había ganado mucho. Un chico y un romance, cuando apenas querían ir a la playa. Los ojos brillosos de Sebastián me despertaron del pensamiento errante donde estaba. Para decirme que habíamos llegado a mi casa, pero para su seguridad se estaciono unos metros más atrás, para que ninguno de los de mi familia o amigos intrépidos lo vieran.
—Michelle llegamos, ve a casa, tus padres deben estar preocupados. Avísame si algo pasa, y si te metí en algún problema discúlpame ¿sí?
—Deja lo tonto, no me metiste en ningún problema. Además te quiero chico, ve a tu casa que es tarde y hay ladrones, te pueden hacer algo.
—Citadina aquí no hay ladrones, nadie sale de noche —volteo los ojos— nos vemos mañana cariño.
—Chao bebe. Poniéndose el casco, el chico se fue con un derrape en ciento ochenta grados, y con una velocidad descomunal en segundos se perdía de mi vista.
Ahora venía el verdadero problema. Mis padres. Ellos sabían que iba a estar con Zack solo un par de horas, no todo el día como hasta las diez de la noche. ¿Qué les decía? Era el dilema en que me encontraba. Pero alguna escusa pondría, además no me podían hacer nada, estaba cumpliendo sus órdenes. Ya no me gustaba que me dieran esas órdenes absurdas, y si ellos iban a seguir con lo de la boda, yo pensaba dar guerra. Pero estaba en total acuerdo con migo misma, en que debía entrar a la parte de atrás de la casita de Sebastián, tenía que ver eso otra vez.
Subí lentamente las escalerillas de porche, esperando que aun estuviesen dormidos, pero…
— ¿Porque llegas tan tarde? Mi padre levantaba el pie de arriba abajo con desesperación, —¿Cómo te fue hija? Mi madre me recibió con una sonrisa, mientras preparaba una cena rica para mí.
—Bien madre, ¿te ayudo en algo?
—No querida ve a descansar, debes haberte divertido mucho.
Con una sonrisa, afirme con la cabeza, acto seguido fui a buscar a Alejandra, para contarle cuanto me había divertido, pero si estaba con pedro lo mejor sería esperarme hasta mañana. Subí las escaleras casi que corriendo. Y pase por el pasillo saltando de la emoción, pero los gemidos sin pena de mi amiga me pararon de frenesí en la puerta de la habitación. Con ninguna vergüenza tenían sexo delante de mis padres, bueno como si mis padres no hicieran lo mismo, ellos parecían más hijos de mis padres que yo misma.
Solo gire la cabeza con orgullo y fui al mi habitación para cambiarme de ropa y echarme a dormir como un perro. Caminando casi que cabizbaja porque había terminado el día, con Zack en el hospital y Sebas vetado de la casa, bueno no todo era tan malo porque sabía que un día nuevo vendría mañana. Llegue a la habitación y encendí la luz, me baje el vestido y quite el sostén, más adelante busque una cómoda pijama de mi alcoba. Mientras mis padres se despedían de mí pues iban “dormir” pero sabía que iban a hacer los mismo que Alejandra y Pedro. Así terminaba otro día muy divertido y estresante en el campo. Lista para dormir cerré los ojos lentamente acurrucándome en las sabanas y cómoda almohada.
Pero… Los gemidos de ambas parejas me despertaban a cada segundo. Mezclada con los sonidos de los muebles y escaparates moviéndose de un lado a otro.
— ¿Qué Demonios hice para merecer esto —me tape la cabeza con una almohada— Va a ser un largo verano. *
Sebastián había llegado a la hacienda. Y con parsimonia se dirigía a su habitación nunca había llegado tan tarde desde que tenía quince años, y salía a las fiestas patronales, que ya se acercaban al pueblecillo. Mientras que Mr. Vicente en su oficina Fumando algún puro cubano de los mejores, con algún precio de veinte dólares, esperaba al muchacho pegado en la ventana y lo detuvo momentos antes de entrar a su cuarto.
—Hola Sebastián, estabas con esa chica verdad.
—Si viejo la voy fui a visitar. —Sonrió—
—Bueno pero, debo decirte algo que te va a poner los pelos de punta. —El chico soltó la rendija de la puerta— además me contaron algo de ti, que no me gusta mucho. Ven a mi oficina. Mr. Vicente dejo ver su espalda rígida cubierta de unos de los mejores trajes del pueblo y con actitud fría y firme se fue a la casa. Pero el muchacho no se le vio miedo en la mirada y sin más siguió al viejo.
Los dos llegaron a la oficina y después de eso Sebastián se sentó en la silla y Vicente en el mueble grande, este apuntaba a la ventana dejando ver la luna, y además sirvió algo de vino en la casa. —Sabes Sebastián, las mujeres son el mayor problema del mundo. El pobre padre de la humanidad Adán peco por culpa de Eva, Troya cayo por culpa de Helena. Y hasta el chico del Titanic, murió por amor a su chica. Pero yo voy al grano. No quiero que te estés metiendo en la relación de Michelle e Isaac. Porque te vas a poner en peligro, además eres joven por el pueblo hay muchas jóvenes bonitas, y yo tengo muchas candidatas para ti, de mejores familias y con menos problemas.
—No creas que me da miedo el famosito de Zack, y otra cosa, ni el mismo infierno me va a separar de ella, —se cuadro— entiendes viejo.
—Ya sabía que ibas a contestar algo así, por eso también quiero decirte que, No quiero que estés en las mismas andanzas que Zorro Blanco, él está siendo perseguido por la justicia, no quiero que te embarres con esa porquería.
—Él era un trabajador de aquí como yo.
—Si pero tú eres diferente. —alzo las manos— no quiero que te embarres con ellos porque… —se tapó la boca.
—Porque viejo. —Frunció el ceño— que me tienes que decir.
—Nada solo vete quedas advertido. Además báñate que estas sudado. —Echo. Con cara seria Sebastián salió con orgullo por la puerta, además tiro de ella al salir creando un fuerte portazo.
—Ha igual que tu padre chico.
* Días después en la casa, de Michelle Zack volvía a hablar con Antonio, poniendo su cara más serias, hablando sobre el estorbo que sería Sebastián en la relación de Michelle y el.
—Mis mejores deseo para tu salud, espero que ya estés mejor, ese tal zorro blanco es un bandolero en esta ciudad. Pero dígame como va con mi hija, verdad que es una buena mujer. —Alzo las cejas un par de veces—
—Si ella es una gran mujer, pero dígame, ¿quién es ese tal muchacho que esta, interponiéndose a lo nuestro? —Frunció el ceño— la verdad es que puedo tomar medidas, si me dice el nombre.
—Mira el chico se llama, Sebastián Méndez y trabaja en la hacienda de Mr. Vicente. —Alzo la mirada— la causa de toda esa duda en mi hija, pero ya tome acciones, lo mande a matar ayer. Zack tosió un par de veces, mientras que su guarda espaldas le golpeaba para que no se ahogara, por el vino que estaba bebiendo.
—Discúlpeme, ¿pero porque tomo medidas tan drásticas? No era mejor solo asustarlo. —Se cruzó de brazos— No creo que haya sido la mejor opción.
—Tranquilo Zack, ese chico era poco conocido además nadie lo va a extrañar porque es huérfano.
—No las cosas no son tan fáciles, además me tengo que ir Señor Antonio, Debo ver algunos becerros. Gracias por el vino. Alzando la cabeza por encima de la de Antonio Zack salió con orgullo de la casa, sin inmutarse por lo que le acababa de decir el papa de Michelle. El acompañante de Zack era Charlie. Quien lo había estado cuidando desde niño. Él le veía algo preocupado, así que hizo la pregunta del millón.
— ¿Zack pasa algo?
—No nada amigo > Charlie escúchame atentamente.
—Como usted diga.
—Vigilen a ese chico, no permitas que el matón le haga nada, además de eso no dejes que él, ni nadie los vea. Elige a los mejores hombres, y traten de atrapar al matón, después lo traes a mí eso es todo. O y también me intereso, lo que dijo Antonio, si es huérfano puede ser, ¿tú sabes quién? eso es todo vámonos a la casa.
—Si entendido jefe.
Capítulo 19: Rikardo*
La Madre de Michelle, María, estaba en la cocina haciendo el matutino desayuno, tratando de mantener a su esposo y sus hijos, como esclava pegada a una escoba y la estufa del infiernillo, limpiaba y lavaba la ropa de todos, incluyendo los trapos sucios de Pedro y Alejandra. Tenía una jornada muy fatigante, algo que la dejaba agotada, mientras que sospechaba la actitud in-franca de su esposo, los últimos días, ella sabía que él era un picaflor, y que podía tener una aventura con cualquier otra mujer del pueblo.
Dispuesta a descubrir que pasaba en la ciudad ágil, salió de su hogar, después de que su marido se había marchado de la casa en su ya remodelado auto, pero ella lo siguió con el vehículo de la vecina, que se lo presto después de haberle llevado un flan. Con el ceño fruncido ella conducía siguiendo al auto n***o donde iba su esposo. Paso por el caminillo real, y llego a la placita del centro del pueblecillo.
Estaciono el auto dos cuadras más arriba, y antes de salir del auto se cubrió la cabeza con un pañuelo, para que la gente la confundiera con una chica más del barrio. Su esposo entraba en un bar, ella dos pasos más atrás espero unos segundos y también entro al bar, en el interior del dichoso edificio estaba oscuro, habían mujeres bailando con escasa ropa, y muchos hombres armados.
Ella vio como saludo a un hombre de sombrero, vestido de n***o, y con una pistola en el cinturón que llevaba, > pensaba mientras se sentó en una mesa poco visible, la cabeza de María se movía como la de un pájaro, de aquí para allá, haciendo un seguimiento perfecto de cada una de las mesas del bar. No dejo ni un solo rincón sin explorar. Se tranquilizó cuando vio que su esposo solo hablaba con ese capo. > pensó mientras un mesonero le preguntaba que quería ella con parsimonia solo respondía que quería una copa de vino. Y le advirtió al mesonero que no quería ser molestada más.
El ambiente estaba más tribulado mientras más hombres, entraban a la sala, ella no podía seguir poniéndole el ojo a Antonio, entonces decidió moverse un poco para ver si podía hacer contacto visual con su espiado marido.
—Diablos donde te metis… —soltó la copa— Maldito Antonio. María tras pasar dos hombres que le estorbaban vio cómo su marido subía unas escaleras hacia los cuartos del bar, agarrado de la mano de una chica pelirroja con buenas piernas. Un vestido bien ajustado a su cuerpo y uno que otro escote revelador.
—Escúchame Antonio esto no se va aquedar así, ahora si veras quien soy. María con la cara más que arrugada salía del bar, lágrimas en sus ojos se dejaban ver, mientras las limpiaba con su mismo pañuelo, al quitárselo dejo ver su cabello y su rostro. Iba caminando sin mirar por que se secaba las lágrimas hasta que choco con un hombre quedando en su pecho
—Disculpe Señor. —Alzo la cabeza— estaba distraída.
—No soy yo el que se tiene que disculpar, pero usted es muy bonita —Acaricio la barbilla de María— No debería estar llorando, Porque no me lo cuenta mientras le invito una copa.
El hombre de cabello n***o y ojos marrones, con un gran y esbelto cuerpo, vestido de cuero, n***o y sombrero cordobés, agarro a maría con sutilidad por los hombros. Ella trago saliva y afirmo con la cabeza. —Vamos a otro bar. Dijo maría sin saber quién era ese hombre. Pero ahogada por la desesperación y rabia.