Charlotte. Mi reloj de pulsera marca las cuatro y treinta minutos de la tarde cuando Evan exclama: - ¡Vamos Charlie! – deja caer ambas manos y me mira con cierta exasperación. – Algo se te debe antojar para tu cumpleaños. Digo, son tus dulces dieciséis. - No quiero nada, no me hagas abofetearte. – ruedo los ojos y cierro mi casillero. Él suspira, evidentemente derrotado y camina a mi lado, hasta la salida de la escuela. Veo a Mónica caminar rápidamente por la acera hasta perderse de mi vista justo en la esquina. - ¿Todavía no se arreglan? – pregunta Evan, notando exactamente dónde han estado puestos mis ojos hace unos segundos. - No – hago una mueca. – No creo que volvamos a ser amigas de todos modos. Lástima – me encojo de hombros, y mentalmente, cuento

