El día estaba soleado cuando Camila salió de su apartamento, preparada para enfrentarse a un mundo que, aunque seguía siendo intimidante, ya no le parecía tan aterrador como antes. Había pasado meses reconstruyendo su vida, y cada pequeño paso la acercaba más a la mujer fuerte y segura que quería ser. Su ropa, que antes solía esconder su cuerpo, ahora reflejaba su confianza renovada: un vestido de corte limpio y sencillo que destacaba sus curvas de manera sutil, pero poderosa. Los días de sentirse invisible o deslumbrada por la mirada desaprobatoria de Sebastián quedaban atrás. En su lugar, caminaba con una postura erguida, sus pasos firmes, como si el peso del mundo ya no fuera tan pesado. En el espejo, veía a una mujer que no necesitaba la validación de nadie. Ya no se escondía detrás d

