Dos días después, mientras los mercados abrían, Sebastián recibió una noticia inesperada. Una denuncia anónima había llegado a la Comisión de Regulación Financiera, señalando irregularidades en las operaciones de varias empresas bajo su control. Los medios no tardaron en recoger la noticia, y las acciones de Montenegro Corp. comenzaron a tambalearse. En su oficina, Sebastián apretó los puños mientras observaba las pantallas llenas de titulares sobre la investigación. Sabía perfectamente quién estaba detrás. — Camila... —murmuró para sí mismo, con una mezcla de furia y admiración. Al mismo tiempo, en las oficinas de Artemis, Camila y Nicolás seguían los acontecimientos desde la sala de juntas. La primera ofensiva había sido lanzada, y aunque sabían que la guerra apenas comenzaba, tambi

